El primer Teatro Colón fue abierto el 25 de abril de 1857 en el predio que hoy ocupa el Banco de la Nación Argentina, sobre la Plaza de Mayo. Son las instituciones y su gente, más allá de los edificios que los albergan y de sus inevitables influencias, las que cuentan para la historia. Un siglo y medio de tradición operística es la que tiene en su haber el Estado de nuestra ciudad, y esto no es poco. Claro que en un siglo y medio las condiciones políticas y económicas cambian, y esto va jalonando ese gran derrotero histórico con períodos que ostentan rasgos singulares.

Aquel viejo Colón estaba
llamado a apagarse un 13 de
septiembre de 1888, para dar paso a un emprendimiento
estatal de mayor calibre, que desembocó, veinte años
después, en el actual edificio
de la calle Libertad. Entre
medio, la crisis de 1890 y
sus coletazos impidieron la inauguración de la nueva
sala para el 12 de octubre
de 1892, a 400 exactos
años del descubrimiento de América.
El edificio ocupa 8.200 metros cuadrados y la superficie total es de 58.000 m² en el predio delimitado por las calles Tucumán, Libertad, el pasaje Arturo Toscanini y la calle Cerrito ( Avenida Nueve de Julio) desde donde se contempla una excelente perspectiva del teatro.

Con capacidad para 2487 espectadores sentados (alcanzando los 4.000 con los puestos de pie) divididos en siete niveles, la sala agota las posibilidades de la forma de herradura a la italiana - es una de las mayores del mundo - tiene 32 metros de diámetro, 75 de profundidad y 28 de altura en un entorno de estilo ecléctico, que combina el neorenacentismo italiano y barroco francés, el diseño del teatro presenta una rica decoración en dorado y escarlata.

La cúpula original de Marcel Jambon se dañó con filtraciones de humedad después de un baile de carnaval en los años 30; y fue vuelta a pintar en 1966 con motivos musicales por el reconocido artista contemporáneo Raúl Soldi rodeando a la araña central de 7 metros de diámetro con 700 bombitas eléctricas.

El escenario tiene 35 metros de profundidad por 34 de ancho y la boca de escena es una de las más grandes en los teatros con forma de herradura a la italiana.

Rodean la sala, el gran hall de entrada (Foyer), el Salón Dorado, el Salón de los Bustos, el Salón Blanco y el Museo que alberga los trajes utilizados por algunas de las celebridades que pasaron por su escenario.
En los veinte años durante los
cuales el Colón no tuvo vida, el
Teatro de la Ópera, sito en el mismo solar que el actual de la avenida Corrientes, fue amo y señor de las temporadas porteñas. Claro que lo acompañaban un mercado creciente por la inmigración, reflejado en una competencia intensa de parte del Politeama, el Odeón, el Comedia, el Marconi, el Avenida, a los que se sumaría en 1907 el Coliseo, sin perjuicio de salas menores como el Mayo o el Zarzuela.

El nuevo Colón nace, entonces, aquel 25 de mayo de 1908, como un teatro más, si se piensa que el Opera ofreció ese mismo año 14 óperas en 54 funciones, con elencos superiores a los improvisados del que entonces aún no era el primer coliseo. La nueva sala estatal, concebida como un teatro de concesiones bajo la supervisión de una comisión municipal, nacía a destiempo, en un mercado donde se derrumbaba la mayoría de las salas no ha mucho exitosas.

Primer reto para el Colón: sobrevivir en un mundo que había cambiado las reglas. Y es el Estado el que viene a salvar al Colón. En 1925 abre una nueva etapa al crear sus cuerpos estables: la Orquesta, el Coro y el Ballet, ante la imposibilidad de contar siempre con elencos extranjeros completos. Pero la paradoja no tarda en aparecer: entre 1925 y 1930 se volverá a un régimen de concesiones para la temporada principal o de invierno, mientras la municipalidad se hará cargo de una breve temporada de primavera.

Será sólo en 1931 cuando se plasme la municipalización, la que hasta entrada la Segunda Guerra Mundial logra una de las etapas más estables y fructíferas del Teatro, que comienza a casi reinar solo en el mercado al que se dirige.

Los elencos internacionales eran cada vez más complicados de contratar por la guerra, y esto arrojó resultados disímiles según los casos. Para el Colón, fue el incremento de artistas nacionales que, al provenir de diversos orígenes, rompieron distorsiones propias de la tradición italiana, que imponía esa lengua para todo tipo de óperas, costumbre que en el Coro tardó mucho en erradicarse.
cuando el Teatro
se aprestaba a celebrar sus cincuenta años, un sacudón institucional generó la suspensión de la temporada (que comenzó en septiembre de ese año), hecho que determinó la necesaria reorganización posterior.

El Colón sobrevivió a los sacudones de 1973 y se mantuvo como un teatro internacional hasta mediados de la década de 1980, que concluyó en 1988 con el cierre parcial del Teatro, sustentado en la necesidad de reformas técnicas, pero alentado por una sociedad que sufría una arrasadora hiperinflación.

Para ese entonces, aún no se advertía con claridad los cambios que en el mundo sufrirían las instituciones dedicadas al arte lírico. El Estado tendería a resignar su responsabilidad en el sustento de grandes burocracias teatrales; tendería, como en el caso del Metropolitan, a la búsqueda incesante de patrocinios; los cantantes aumentarían sus retribuciones hasta límites impensados (hoy un comprimario cobra más que una primera figura en los

70), y las
agendas harían imposible sostener un teatro con elencos internacionales que no contrate por lo menos con tres años de anticipación. A fines de los 90, tras una década de brillo y
actualización, con grandes voces y la creación del Centro de Experimentación, se abriría un nuevo período de inestabilidad cuya prueba es la sucesión de diez gestiones en la última década del teatro, en un promedio similar a la sucedida en los años 40. También en ese año nace en Buenos Aires un circuito privado de ópera inimaginable años atrás.

El Colón ya deja de estar solo, y la merma de elencos internacionales comienza a homologar sus propuestas con las de entidades privadas que sostienen temporadas hasta hoy. Este nuevo rasgo no hace más que afianzar otra lección de la historia: cuando las guerras hicieron imposible el recurrir a compañías o artistas extranjeros, fue la ocasión propicia para el surgimiento de una pléyade de artistas argentinos que, desde
Entonces las agendas y los cachets de los cantantes internacionales no eran tan exigentes como los actuales, ni mucho menos. Los directores artísticos viajaban a Europa o Estados Unidos para comprometer a los artistas, que sólo eran formalmente contratados dos o tres meses antes con el presupuesto aprobado, costumbre que hoy la realidad hace inviable, económica y prácticamente.

En 1961 se establece por ordenanza un nuevo esquema funcional, que persistirá hasta la década de 1990: un directorio integrado por directores general, artístico, técnico y administrativo.

Aparece así una pendularidad en la historia del Teatro que es propia de la historia del país: un nacimiento en crisis (1908-1930), con la creación intermedia de cuerpos estables (1925), una primera época de oro con la Municipalización (1931-1943), una segunda crisis (1943-1960) y una nueva época dorada, que se iría agotando gradualmente hasta finalizar la década de 1980. Cabe destacar que en 1957,



siempre, sostuvieron al teatro.

Hacer nombres sería una injusticia, porque es imposible no incurrir en omisiones.


La historia demuestra que una institución como el Teatro Colón siempre ha logrado superar los avatares de la gran historia en la que está inserto, como ente vivo que es y seguirá siendo, porque la capacidad de adaptarse a nuevas realidades está en su propia partida de nacimiento.
Dueño de una acústica de referencia en el mundo, índice inequívoco de consagración y cita ineludible de quienes aman la música, el Colón ha sido desde siempre un teatro venerado por los públicos y por los más grandes artistas.

Depositario de una larga tradición musical argentina comenzada en el siglo XVIII, fue inaugurado el 25 de mayo de 1908 con "Aida", de Giuseppe Verdi, después de haber estado en construcción durante casi veinte años.

Los sucesivos arquitectos que tuvieron a su cargo la imponente obra (Francesco Tamburini, Vittorio Meano y Jules Dormal) conciliaron en su diseño estilos tan disímiles como el ático-griego, que predomina en el exterior, y -en palabras de Meano- "los caracteres generales del Renacimiento italiano, la buena distribución y la solidez propias de la arquitectura alemana, y la gracia, variedad y bizarría de ornamentación asociadas a la arquitectura francesa", hasta conformar un admirable ejemplar del estilo "ecléctico" del siglo XIX.

En su centenaria historia, el Colón ha recibido a grandes cantantes como Enrique Caruso, María Callas y Monserrat Caballé También ha sido anfitrión de Richard Strauss, Igor Stravinsky, Manuel de Falla, Arturo Toscanini, Zubin Mehta, Daniel Barenboim y Herbert von Karajan, entre otros.

En rigor, el significado urbano del Colón excede el marco de una sala de espectáculos para figurar, junto con el Palacio de Congreso y la Casa Rosada, entre los monumentos históricos más representativos de la República Argentina.

Más de mil personas han trabajado en la restauración del Teatro Colón, que abarca unos 60.000 metros cuadrados en cuya rehabilitación, a cargo de la Alcaldía de Buenos Aires, se han invertido cien millones de dólares.

"Es la restauración patrimonial más grande de la historia de Argentina", aseguró Mateo Goretti, encargado de coordinar los equipos que trabajaron en restauración del teatro lírico más importante de América Latina.

Los restauradores se habían topado con un panorama desolador, porque en los suelos de mosaico se amontonaban los desechos y debajo del el escenario se encontraron toneladas de basura, entre otros males, recordó.

El Teatro Colón debía haber reabierto el 25 de mayo de 2008, cuando cumplió cien años de su inauguración con la ópera "Aída" de Verdi, pero problemas financieros y polémicas paralizaron los trabajos que habían comenzado en 2001.

En 2003, se comenzaron a ejecutar las obras dentro de un proyecto denominado Master Plan, que derivó en el cierre del teatro el 1 de noviembre de 2006.

Finalmente, el teatro volverá a abrir sus puertas al público, en uno de los acontecimientos más destacados de los festejos que se realizan en el marco del Bicentenario.
Cerrito 618
Ciudad de Buenos Aires
Argentina
Teléfono
(+54 11) 4378-7100
Fax
(+54 11) 4378-7119
E-mail info@teatrocolon.org.ar 
www.hagaselamusica.com
Celebramos la reinauguración del Teatro Colón de la Ciudad de Buenos Aires.
Un orgullo argentino, un coloso de la historia lírica, un bastión de la cultura mundial.

www.hagaselamusica.com
Informe sobre la Construcción
y posterior Inauguración del Teatro Colón
Informe sobre la  reinauguración
del Teatro Colón de la AFPTV
Visita durante la restauración por el foyer, el primer piso
y la sala principal del Teatro Colón.

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