Viernes, 22 de Agosto de 2014

Óperas en el Mundo

Lakmé

Lakmé

El mundo de Lakmé es el escenario del enfrentamiento entre una Europa escéptica, aséptica y prosaica y una India religiosa, apasionada, sensual y onírica; el campo de batalla entre la potencia colonizadora, representada por Gérald y Frédéric, y el rebelde Nilakantha, padre de la heroína. El mundo de Lakmé es ante todo el lugar donde se encuentran las sensualidades de la blanca muchacha en flor, Ellen, la novia de Gérald, y Lakmé, la sacerdotisa...







Mientras el romanticismo es reemplazado poco a poco por otras sensibilidades y maneras de pensar, por otros movimientos como el impresionismo y el naturalismo, París se moderniza: el prefecto Haussmann aplica un urbanismo práctico, occidental y prosaico; destruye el misterioso laberinto de callejuelas y abre grandes arterias -el Boulevard Haussmann, por ejemplo- para que la tropa pueda cargar a sus anchas en caso de manifestaciones obreras...

Y mientras celebran la gloria del Segundo Imperio, el desarrollo económico, el   enriquecimiento rápido de las nuevas clases y el nuevo orden burgués, París y las grandes ciudades francesas se orientalizan: el arte, el gusto y la moda siguen la política colonial para festejar los éxitos de la expansión, en el Alto Níger, por ejemplo, o quizá las derrotas de Gran Bretaña en Sudán...

Sea como fuere, florecen las cúpulas seudoturcas de la iglesia de San Agustín en el ya exclusivo barrio de Ópera La Madeleine, o del Sagrado Corazón dominando Montmartre, el vergonzoso mausoleo en contra de los muertos de la Comuna...

La decoración interior ha de superar en exotismo a la arquitectura: según el gusto y los medios de los propietarios, cuelgan en las paredes algunas odaliscas imaginadas por Ingres o Chassériau, un esbozo de La mujer de la perla de Corot, y quizá, para los modernos, una Fiesta árabe pintada por Renoir, o si no, más modestamente, unas vistas de Bagdad realizadas por talentosos petimetres. El café y el té -el fuerte, no el inglés- son las bebidas que se toman alrededor de mesas moriscas, mientras se fuman, entre biombos chinescos, complejos tabacos egipcios a menudo opiados; las alfombras y la cortinas orientales son alumbradas por toda clase de candiles y quinqués procedentes de España, Líbano o Siria, países cada vez más cercanos gracias a los relatos de los escritores exploradores, desde Mérimée, Gautier, Nerval o Flaubert hasta Pierre Loti, que culmina la vuelta al mundo con sus viajes por el Pacífico. En el atril de los pianos reinan partituras de sugerentes títulos: El árabe celoso de Berlioz, la Seguidilla de Carmen de Bizet y, ampliando el viaje, Sueños de opio de Saint-Saéns, Las rosas de Ispahán de Fauré, El Rey de Lahore de Massenet...

Aunque conocidas desde la Exposición Universal de 1878, las músicas extra-europeas, sus melodías y armonías, tienen todavía poca influencia directa sobre las obras francesas; las palabras, con algunas excepciones, son el único soporte del exotismo.

Una segunda corriente se impone con fuerza entre los compositores y su público: tras la derrota francesa de 1870, la zanja que separa a los admiradores de la música francesa y alemana (o asimilada) se convierte en abismo. Con la genial excepción de Berlioz, los franceses tuvieron pocos músicos realmente indígenas durante la primera parte del siglo XIX, algo que parecía molestar a los patriotas. Para defender la música francesa se funda la Sociedad Nacional de Música en 1871 y se multiplican las agrupaciones musicales nacionales: Franck, Gounod, Saint-Saéns son, con Massenet y Lalo, los cabecillas de ese nuevo espíritu.

Por encima del abismo se tendían algunos puentes: un poeta tan importante y tan francés como Mallarmé admiraba «las imprecisas coloraciones de Wagner», gusto que compartía con Fauré y en cierta manera con un compositor iconoclasta, amigo de Verlaine y otros poetas malditos, Chabrier, el autor de España.

Quienes encontraban demasiado serias esas músicas podían aplaudir las operetas de Offenbach (hasta el susto de Los cuentos de Hoffman) y de Leo Delibes. Uno de los sitios más concurridos era la Opera Comique. A pesar de su significado literal, el término es ambiguo; se utilizaba desde el siglo XVIII para obras ligeras representadas al aire libre, o en los cobertizos donde se jugaba a la pelota, como el célebre Jeu de paume.

Una vez institucionalizada, la Opera Comique se convirtió, hace más de cien años, en uno de los templos líricos más prestigiosos: allí se estrenaron óperas clásicas y óperas bufas, Carmen de Bizet, La hija del regimiento de Donizetti, Manon de Massenet, Lakmé, Louise de Charpentier (la primera ópera «socialista»), Pelléas et Mélisandede Debussy, Ariana y Barba Azul de Dukas, o, más cerca de nosotros, La voz humana de Poulenc.

“Cuando pasa la frontera de su país, un francés se encuentra en el extranjero” escribe Flaubert en su Diccionario de tonterías. A la boutade, se oponen los versos de Baudelaire: “La lánguida Asia y la abrasadora África, Todo un mundo lejano, ausente...”

El exotismo cobraba matices: la India no representaba, como África, un continente por conquistar; era considerada como un mundo más complejo, un país que, lánguidamente, sin resistencia, había engullido a sus sucesivos conquistadores y se disponía a absorber también a los británicos.

El mundo de Lakmé es el escenario del enfrentamiento entre una Europa escéptica, aséptica y prosaica y una India religiosa, apasionada, sensual y onírica; el campo de batalla entre la potencia colonizadora, representada por Gérald y Frédéric, y el rebelde Nilakantha, padre de la heroína. El mundo de Lakmé es ante todo el lugar donde se encuentran las sensualidades de la blanca muchacha en flor, Ellen, la novia de Gérald, y Lakmé, la sacerdotisa "que vibra bajo el peso de los globos gemelos como un árbol cargado de frutos"

Para contar su historia, Delibes no se disfraza de indio ni de hippie, como lo harán ulteriores músicos o escritores. Lo hace con su vocabulario propio, el occidental; y es uno de sus grandes méritos el no haber caricaturizado la música india. Curiosa, inexplicablemente, una serie de musicólogos, en nombre de no se sabe qué pureza, han reprochado a Lakmé su «exotismo de pacotilla», creando una mala reputación que persiste todavía hoy. Delibes hace exactamente lo contrario: los instrumentos indios se exponen en el escenario, pero no se tocan; pertenecen al mundo lejano, ausente...

El compositor asume la orquesta occidental dándole matices raros, a menudo inauditos: crea efectos en mediatinta, un claroscuro de sotobosque en el que las siluetas de las melodías -muy occidentales- son alteradas, atenuadas por tonalidades raras, ya impresionistas, que velan la sonoridad. Se desprende de algunas escenas de amor en la naturaleza una sensación, una temperatura, no muy lejanas a la revolucionaria Siesta del fauno de Debussy.
Más Notas
Cavalleria rusticana
Norma
Fidelio
Otello
Don Giovanni

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Breves

  • 22 de agosto de 1862: nace el compositor francés Claude Debussy. Puso en marcha un nuevo concepto de la música, liberada de las ataduras relacionadas con la tonalidad. Su obra devela tintes modernistas, simbolistas y de otras influencias como las étnicas, que encontraban su auge a finales del siglo 19, aunque su obra suele vincularse al impresionismo.

  • 18 de agosto de 1750: nace Antonio Salieri, compositor italiano. Pasó la mayor parte de su vida en la Corte Imperial de Viena. Su filosofía artística se resume en el título de una de sus óperas célebres: Primero la música y luego las palabras.

  • 10 de agosto de 1865: nace Alexander Glazunov. De origen ruso, fue compositor, director de orquesta y pedagogo. Su estilo representó el nacionalismo ruso de la escuela de Rimski-Korsakov. Sus dotes musicales surgieron en la adolescencia, consiguiendo que el propio Liszt estrenara una sinfonía suya en Weimar.

  • 09 de agosto de 1919: fallece Ruggero Leoncavallo, compositor italiano. Su ópera "Pagliacci" de 1892 le aseguró un lugar en el mundo de la música. Por desgracia, al igual que Pietro Mascagni con su "Cavalleria Rusticana", nunca logró otro éxito igual.

  • 02 de agosto de 1945: muere Pietro Mascagni. Compositor de origen italiano reconocido por sus óperas pero caído en desgracia en sus últimos días por su apoyo al fascismo. Se lo consideró iniciador del verismo, una tendencia a reflejar temas naturalistas y abandonar los dramas históricos que encontraría otras plumas notables como Leoncavallo y Puccini en la ópera italiana. Con ellos mantuvo una fuerte disputa. Creador de 14 óperas y otras composiciones, se lo conoció casi exclusivamente por Cavalleria Rusticana, la ópera fue tan exitosa que la ciudad donde residía realizó desfiles en su honor.


Citas

  • Daniel Barenboim
    "Un director no tiene contacto físico con la música que producen sus instrumentistas y a lo sumo puede corregir el fraseo o el ritmo de la partitura pero su gesto no existe si no encuentra una orquesta que sea receptora"

  • George Gershwin
    "Daría todo lo que tengo por un poco del genio que Schubert necesitó para componer su Ave María"

  • Gustav Mahler
    "Cuando la obra resulta un éxito, cuando se ha solucionado un problema, olvidamos las dificultades y las perturbaciones y nos sentimos ricamente recompensados"

  • Franz Schubert
    "Cuando uno se inspira en algo bueno, la música nace con fluidez, las melodías brotan; realmente esto es una gran satisfacción"

  • Bedrich Smetana
    "Con la ayuda y la gracia de Dios, seré un Mozart en la composición y un Liszt en la técnica"

MULTIMEDIA

  • Hágase la Música en Radio Brisas

    Ciclo 2011 - Programa N° 30

  • Hágase la Música en Radio Brisas

    Ciclo 2011 - Programa N° 19

  • Danza macabra

    Camille Saint Saens

  • Bedrich Smetana

    Biografía

  • Pagliacci

    Ruggero Leoncavallo

  • Preludio a la siesta de un fauno

    Claude Debussy

  • La consagración de la primavera

    Igor Stravinsky

  • Concierto para piano Nº2

    Sergei Rachmaninov

Intérpretes

Voces

Ángel Vargas

Ángel Vargas

Posiblemente, junto a Francisco Fiorentino, fue el modelo del "cantor de la orquesta". Tanto es así que hablar de Ángel Vargas nos remite indefectiblemente a Ángel D'Agostino, el director de la orquesta de sus grandes éxitos. Cantor de una personalidad impresionante, es el símbolo del fraseo porteño de los años cuarenta. Vargas canta como únicamente se cantó en el cuarenta. Su fraseo era reo y compadrito pero al mismo tiempo, de un infinito buen gusto. Tenía una dulzura que disimulaba su voz pequeña pero varonil, transmitía simpatía y era sobretodo, un cantor carismático. Fue sin duda uno de los más grandes artistas de nuestro tango.

Voces

Amelita Baltar

Amelita Baltar

No es fácil introducirse en el mundo artístico de Amelita Baltar, una figura del canto que se entronca en el tango por caminos no tradicionales. Ella no es la "piba de barrio" que alcanza notoriedad, después de haber pasado el examen de cantar ante familiares y amigos, de haber actuado en concursos que buscan "la nueva voz" o transitado boliches tangueros. Muchos la consideran un "invento" de Piazzolla, otros dicen apreciar en ella una nueva voz alucinada y sensual, enraizada en la canción rioplatense.

Músicos

Raúl Garello

Raúl Garello

Leyendo el diario Clarín encontré un interesante artículo de Héctor Negro sobre el maestro Raúl Garello donde contaba que nació en la ciudad de Chacabuco, Provincia de Buenos Aires y afirmaba, que a través del tiempo, con su presencia, el tango contemporáneo logró exhibir uno de los más importantes aportes en lo que se considera la promoción de músicos "post Piazzolla". Coincido totalmente con este concepto, porque como es público y notorio, Astor marcó una verdadera brecha entre el sonido de los cuarenta y el tango actual, un antes y un después en la música porteña. Garello es una feliz consecuencia de este proceso.

Bs. As., 17/08/14

El fueye de Walter Ríos rindió su homenaje a Aníbal Troilo

La figura de Aníbal Troilo -en el año de su centenario- tuvo su homenaje en el Festival y Mundial de Tango de Buenos Aires y, con el fueye de Walter Ríos como bastonero, consiguió trascender la obviedad de un encuentro marcado por una obligación del calendario.

Barcelona, 10/08/14

Barcelona margina el monumento a Carlos Gardel

Barcelona, la ciudad en la que debutó Carlos Gardel y a la que inoculó una fiebre del tango insólita y aún vigente, le rinde actualmente un lastimoso homenaje. El rey del tango tiene un único monumento en la vía pública barcelonesa: un austero monolito de piedra en un extremo de los pequeños jardines Marcos Redondo, en el Eixample.

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