Sábado, 17 de Mayo de 2008

Óperas en el Mundo

Carmen

Carmen

Para Francia, la década de 1870 a 1880 fue un período de gran actividad artística y de grandes acontecimientos políticos. Comenzó con las tropas prusianas amenazando París en una guerra, la Franco-Prusiana de 1870, que pondría fin a Napoleón III y a su debilitado imperio dando lugar al nacimiento de la III República, que sin embargo tardaría aún algún tiempo en establecerse de pleno derecho.

Fuera de sus fronteras, Francia también tenía dificultades políticas debido al creciente aislamiento a que estaba sometida en el campo diplomático gracias a las astutas maniobras del «Canciller de hierro», el prusiano Otto Von Bismark. Pero si en la política todo era lucha, en las artes en general, y en la literatura y la pintura en particular, esta década iba a ser un período de enorme fecundidad.

El impresionismo estaba en pleno florecimiento, con pintores como Caillebotte. Renoir, Monet o Manet entregados a la fascinación de la luz con la que crear su propio lenguaje. A mediados de la década, Manet, dejando atrás las esmeradas pinceladas y la escandalosa mirada de su Olympia (1863), abría los trazos hacia un verano soleado en Argenteuil o el Gran Canal, ambos de 1875. Pero ese ineludible, y a la sazón escandaloso, roce con la realidad sin diluir, que había propiciado en 1863 con El almuerzo sobre la hierba u Olympia, volvería a emerger en la literatura y la música parisienses de la nueva década bajo la etiqueta del naturalismo.

En contra del ideal romántico, el naturalismo magnificaba los aspectos más crudos de la vida cotidiana para aumentar así la verosimilitud de su narración. Madame Bovary, obra maestra de Gustave Flaubert, podría citarse como la más lograda precursora de este movimiento que, sin embargo, encontró su máximo exponente en Emile Zola (1840-1902), quien en 1871 comenzaba Les Rougon-Macquart, la saga de una familia de alcohólicos, asesinos, avaros y fracasados, todos ellos retratados con tan cruel y fascinante detalle, que la historia de su decadencia total llegó a ocupar veinte novelas.

Pero en la música, y más aún en la ópera, las cosas progresaban con más lentitud. El impresionismo estaba por llegar, y el público operístico francés seguía deleitándose con la alegre e ingrávida producción de Offenbach. Así, cuando en marzo de 1875 Bizet presentó en el Teatro de la Opera Comique de París su nueva ópera, Carmen, se produjo un verdadero escándalo. No todos notaron que la obra suponía la apertura hacia un nuevo lenguaje artístico, una nueva libertad de expresión en la ópera. Carmen, violenta, sexual, voluntariosa y lo que parecía aún más escandaloso, ¡libre!, era la chispa que diez años más tarde incendiaría el escenario de la ópera italiana en el movimiento verista protagonizado por artistas como Puccini, Leoncavallo o Mascagni.

Hasta la llegada de Carmen, el Teatro de la Opera Comique de París era un paradigma de respetabilidad social; un lugar en donde las familias se reunían para presentar a sus hijos e hijas en sociedad con vistas a un posible matrimonio. Conscientes del papel que desempeñaban, sus directores, Du Lóele y De Leuven, escogían para su teatro óperas en las que, con una mezcla de música y diálogo, se combinasen el humor y la inocencia. Eran obras en las que los personajes malos se retrataban de forma falsa para evitar el escándalo.

Claramente, la Opera Comique no era el escenario idóneo para una ópera naturalista. Y en realidad Prosper Mérimée, autor de la novela en que se basa Carmen, no podía considerarse como un escritor de esta tendencia, ya que por generación pertenecía al movimiento romántico. Pero la violencia que caracteriza su más famosa novela corta la hacía especialmente adecuada a un tratamiento naturalista. Y esto es lo que sucedió cuando Bizet y sus guionistas, Halévy y Meilhac, la utilizaron para acercar la Opera Comique al realismo que tanto tiempo llevaba esquivando. Por primera vez en la historia ya centenaria de este medio, los personajes se vuelven fieros, llenos de bajas pasiones y debilidades humanas nada admirables. Por primera vez, el entorno es descaradamente violento, sucio y ruidoso, demasiado nítido como para permitir al público pequeño-burgués parisiense mantener la apariencia de una delicada y virtuosa sensibilidad, considerablemente más ficticia y menos verosímil que todo lo que sucede en el escenario.

Nadie del entorno de la Opera Comique quería interpretar el papel de Carmen. La prima donna Marie Roze se negó categóricamente, y la ópera no pudo comenzar a ensayarse hasta que al fin, en diciembre de 1873, Célestine Galli-Marié, soprano con la que Bizet mantenía a la sazón una relación más allá de lo puramente musical, aceptó interpretar el papel. De Leuven, horrorizado por la situación, intentó lo imposible para conseguir que los guionistas suavizasen el argumento. Pero viendo que sus esfuerzos caían en saco roto, presentó su dimisión a principios de 1874.

Cuando por fin comenzaron los ensayos en agosto de este mismo año, De Lóele, que hasta entonces se había preocupado sobre todo por lo escandaloso del libreto, descubrió que tampoco le gustaba la música. «Es una música de la Cochinchina» decía, «y en ella no se entiende nada.»

El 3 de marzo de 1875 se estrenó Carmen. El público, sorprendido, recibió el primer acto calurosamente, el segundo con más cautela y el resto con auténtica frialdad. Como observó Milton Cross, «el público no acudía a la Opera Comique para ver morir a las heroínas de sus óperas». Los críticos, encantados de tener un escandalillo entre manos, se lucieron. «El corazón del señor Bizet, hastiado por la escuela de la disonancia y la experimentación, necesita recuperar su virginidad», escribió Oscar Comettant en Le Siécle. Y Paul de Saint-Victor, crítico del Moniteur Universel, no se quedó atrás: «El señor Bizet pertenece a esa nueva secta cuya doctrina consiste en vaporizar la idea musical [...], esa escuela de la que Wagner es el oráculo...»

Los músicos, sin embargo, no tardaron en reconocer los méritos de esta emblemática e innovadora ópera, y la misma noche del estreno el compositor Vincent d'Indy aportó un juicio que incluso los críticos reconocerían como acertado cuando en 1883, ya muerto su compositor, se volvió a montar Carmen en la Opera Comique: “Es una obra maestra”
Más Notas
Cavalleria rusticana
Norma
Fidelio
Otello
Lakmé

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Breves

  • 15 de mayo de 1567: nace en Cremona, Claudio Monteverdi. Compositor italiano que revolucionó el mundo de la música aplicando medios tradicionales a nuevos fines. Considerado uno de los padres del género operístico, Monteverdi se destacó en el uso de las emociones humanas en música. Hacia el año 1600 su reputación estaba confirmada pero comenzaron a aparecer críticas a su estilo que subordinó la música al servicio de las palabras.

  • 11 de mayo de 1894: nace Martha Graham, coreógrafa y bailarina estadounidense. Rompió con las rígidas convenciones de la danza del siglo XIX, creando su propia técnica: violentas contracciones pélvicas y trabajo abrupto a nivel del suelo, que encantaron al mundo.

  • 07 de mayo de 1833: nace en Hamburgo, el músico y compositor Johannes Brahms. No tardó en revelar su talento para la música y su padre decidió alentarlo para que el niño tocase en las tabernas. Más tarde recibió lecciones de los mejores maestros de la ciudad. Trabajó duramente y produjo obras maestras en todas las formas musicales, excepto la ópera.

  • 07 de mayo de 1840: nace Peter Illich Chaikovski, compositor ruso. Fue un niño muy sensible y con talento para la música, que muchas veces aprendía de manera autodidacta.


Citas

  • "Si posees alumnos a quienes les enseñas música, ayúdalos por todos tus medios posibles a lograr sus sueños. Pero ten mucho cuidado en la manera en que influyes en esos sueños"
    Friedrich Gulda

  • "La música es la aritmética de los sonidos, como la óptica es la geometría de la luz"
    Claude Debussy

  • "No confíes tu secreto ni al más íntimo amigo; no podrías pedirle discreción si tú mismo no la has tenido"
    Ludvig van Beethoven

  • "En verdad, si no fuera por la música, habría más razones para volverse loco"
    Piotr Illych Chaikovski

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Intérpretes

Músicos

Atilio Stampone

Atilio Stampone

Gran pianista, arreglador, director y compositor, que une a su técnica interpretativa la sensibilidad de aquellos elegidos para elaborar una música superior. Con él es posible rememorar climas propuestos por los más grandes creadores del tango que lo antecedieron. A veces es Di Sarli, otras veces De Caro y Fresedo. Como pianista y arreglador, tuvo la influencia de sus contemporáneos Horacio Salgán y, fundamentalmente, de Astor Piazzolla, con quien actuó como pianista en la orquesta de 1946. En su obra de compositor se destacan: "Afiches", "Con pan y cebolla", "De Homero a Homero" y "Desencanto", entre otros.

Neuquén, 05 de mayo

Neuquinos elegidos para el Campeonato Mundial de Tango

Rodrigo Fuentes y Gabriela Perea fueron premiados en la categoría tango escenario del selectivo norpatagónico. Con esta distinción, los bailarines se adjudicaron inmediatamente el ingreso a participar del mundial de tango a realizarse del 23 al 31 de agosto en Buenos Aires. Del encuentro participaron 18 parejas que demostraron sus habilidades en la interpretación del dos por cuatro. Los ganadores recibieron, además de la posibilidad de competir en el mundial, un viaje y estadía por un fin de semana en Las Grutas, en cualquier época del año.

Bs. As., 01 de mayo

La Orquesta de Tango de Buenos Aires en Avenida de Mayo

La presentación de la Orquesta de Tango de Buenos Aires será este sábado a las 18hs., en el marco del Programa de Revitalización y Puesta en Valor de la Avenida de Mayo que el Gobierno porteño desarrolla a través del Ministerio de Cultura y el Ente Turismo de Buenos Aires.


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