Martes, 22 de Mayo de 2012

Astor Piazzolla

Líder de la vanguardia

Líder de la vanguardia

La Buenos Aires a la que regresó Piazzolla desde Nueva York se transformaba rápidamente en la década del sesenta. El fermento cultural de esta nueva década, muy dinámica en todas partes del mundo, implicaba un "espacio" potencialmente más amplio para artistas no convencionales como Piazzolla, y este no dudó en aprovecharlo.







El panorama político argentino permanecía incierto: el presidente Arturo Frondizi, elegido por sufragio popular en 1958, fue derrocado por los militares en marzo de 1962, y Arturo Illia, elegido en 1963, sufrió el mismo destino en 1966. Sin embargo, el país resultaba fortalecido por el flujo de inversiones extranjeras y nuevas inquietudes culturales. Mientras tanto, la música de Buenos Aires se veía alterada tanto por tendencias nacionales como internacionales: la música folclórica y el rock-and-roll importado le ganaban cada vez más terreno al tango, que años atrás había reinado supremo. El fermento cultural de esta nueva década, muy dinámica en todas partes del mundo, implicaba un "espacio" potencialmente más amplio para artistas no convencionales como Piazzolla, y este no dudó en aprovecharlo. "Los años sesenta fueron los más lindos que tuvo Buenos Aires", dijo en 1984.

El Instituto Di Telia de la calle Florida (que no duró mucho tiempo) fue un símbolo particularmente elocuente, con sus exposiciones y sus happenings, de la efervescencia cultural de este período, a la cual el propio Piazzolla hizo una reconocida contribución. Juan Carlos Copes señala que él significó para la Argentina "lo que [eran] los Beatles en el mundo". Si bien esta es una comparación exagerada, Piazzolla tuvo sin duda un respetable número de seguidores entre los jóvenes de clase media, que lo consideraban el símbolo de una liberación respecto de las normas culturales que por entonces muchos buscaban.

También la televisión cumplió aquí un papel. Poco después de su regreso, el Canal 9 lo invitó a hacer un programa llamado "Welcome, Mr. Piazzolla". Tanto allí como en algunas presentaciones en radio actuó con un quinteto en el que incluyó el vibráfono, señal de que la influencia de Nueva York no había desaparecido -aunque varias orquestas típicas, en especial la de Osvaldo Fresedo, ya habían utilizado ese instrumento antes-. Al poco tiempo, Piazzolla lo reemplazó por un violín. Sus presentaciones en televisión por Canal 11 en diciembre de 1961 y por Canal 7 al mes siguiente le dieron amplia difusión entre el público, y cada tanto volvería a la pantalla chica. La televisión contribuyó a convertir a Piazzolla en uno de los iconos culturales de la Argentina de los años sesenta.

Pero incluso los iconos culturales tienen que ganarse la vida, y los clubes nocturnos todavía continuaban dándole de comer. Los cambios sociales que se produjeron en Buenos Aires a mediados de siglo implicaron que los cabarets de categoría de años anteriores fueran desapareciendo. El Tibidabo cerró en 1955, el Marabú en 1968. Los nuevos clubes nocturnos que los reemplazaron en la década del sesenta, más chicos, estaban menos destinados a bailar que a escuchar música, ya se tratara de jazz, folklore o tango.

Los que favorecían el tango fueron muy pronto denominados "tanguerías". Gran parte de su clientela estaba constituida por profesionales, intelectuales y estudiantes universitarios; estaban hechos a la medida de Piazzolla. Los fanáticos del tango convencional no se acercaron de inmediato a las tanguerías, preferían las grandes orquestas que habían sobrevivido a la "época de oro", como las de Aníbal Troilo, Osvaldo Pugliese, Juan D'Arienzo o Alfredo De Angelis, y otras que continuaban actuando en teatros. Troilo, en particular, siguió siendo un ídolo popular como nunca lo sería Piazzolla. Los conservadores adoraban a Troilo. Su actitud hacia Piazzolla era ambigua o directamente hostil y virulenta.

Una vez más, pues, Piazzolla no pudo eludir las controversias: la guerra entre piazzollistas y antipiazzollistas recomenzó. El espíritu combativo del propio Piazzolla a veces agregaba leña al fuego. En abril de 1962, en los estudios de Canal 7 enfrentó a Jorge Vidal, un cantante de tango cuyo estilo "arcaico" le resultaba abominable; los dos hombres se fueron a las manos y fue difícil separarlos. Episodios como estos eran inevitablemente comentados por la prensa. Piazzolla provocaba: daba que hablar.

En mayo de 1965, la importante revista política argentina Primera Plana le dedicó la tapa. Toda publicidad es buena, como le había dado a entender Fabien Sevitzky esa ruidosa noche de 1953 en que estrenó la obra sinfónica en tres movimientos, Buenos Aires. Sin embargo, como había sucedido con el Octeto, todavía había muchos actos de hostilidad hacia él que no cobraban estado público. Su amigo Mario Antelo recuerda que en los años sesenta muchos taxistas se negaban a llevarlo "porque usted destrozó el tango", le decían. Daniel Piazzolla (su hijo) fue asimismo testigo de escenas de ese tipo, pero también de otras en que los taxistas no querían cobrarle: "Maestro, por favor, me ofende...". Piazzolla a veces discutía con los taxistas más recalcitrantes, y su argumento -como le comentó al músico brasileño Oscar Castro-Neves en 1968- era: "Vos podes decir que mi música no es tango, pero no podes decir que no es argentina".

Sin inmutarse en absoluto ante la hostilidad, Piazzolla estaba más resuelto que nunca a promover su propia revolución, el camino que había intentado abrir con el Octeto. A comienzos de los años sesenta un empresario le propuso que reconstituyera la orquesta de 1946 (sus grabaciones se habían reeditado recientemente) a fin de tocar en Rosario para el Carnaval, y le ofreció dos millones y medio de pesos en concepto de honorarios (25.000 dólares). "Gracias, pibe", le contestó impertérrito Astor, "pero estoy en otra cosa".

Lejos estaba de permanecer pasivo ante las controversias que se suscitaban a su alrededor. Le encantaba tratar de educar a los periodistas. A uno de ellos le dijo en abril de 1961 que su obra reflejaba "un Buenos Aires distinto, con problemas nuevos, más activo, más difícil" y a otro le describió su música como "la auténtica expresión musical de este tiempo".

Si era atacado personalmente en la prensa, Piazzolla pegaba duro. Cuando el poeta lunfardo Julián Centeya lo criticó, dijo que sus poemas eran "lamentables". Años más tarde integró una mesa redonda con Centeya y lo denigró sin reparos: "Hablando de cultura, usted cállese la boca". Cada vez que se le presentaba la oportunidad, defendía su revolución musical en foros públicos.

En los primeros meses de 1961 pronunció varias charlas invitado por el Círculo de Amigos del Buen Tango -una especie de imitación porteña del Club de la Guardia Nueva de Montevideo-, en una de las cuales criticó a los músicos Horacio Salgan y Enrique Mario Francini por permitir que su arte se estancara. Su amigo parisino Edouard Pécourt, que en ese momento visitaba entusiasmado Buenos Aires por primera vez, estaba presente y recuerda el vigor con que Piazzolla defendió su posición. Astor tenía bien claro cuál era su mensaje. El tango, dijo, no debía limitarse "al canon de una permanente tradición". Era hora de arrojar por la borda los estereotipos del tango canción de antaño -"el farol, el pañuelo, la daga y el lamento estéril"-.

En una reunión similar realizada en octubre de 1961, hizo escuchar una grabación de su tango "Lo que vendrá" (que fue aplaudida) y se burló de los tradicionalistas: "Todo evoluciona menos el tango. En Brasil la Bossa nova barrió con toda la música anterior, y ellos ahora son muchos. Aquí la cosa es desigual porque nadie se atreve a romper los tabúes. Es la típica actitud argentina: No te metas...” Estalló una feroz discusión. Luis Adolfo Sierra salió en defensa de Piazzolla. Un joven gritó: "¡La juventud está con Piazzolla!". Lo estaba. Y no sólo la juventud, sino un número creciente de los no tan jóvenes.

Texto extraído del libro “Astor Piazzolla, su vida y su obra”.
Autores: María Susana Azzi y Simon Collier.
Editorial El Ateneo


Más Notas
El nacimiento del ángel
Astor, el compositor
En la orquesta de Troilo
Astor y Gardel
París y Nadia Boulanger

Ver Historial




Breves

  • 17 de mayo de 1050: muere Guido d'Arezzo, teórico musical italiano. Perfeccionó la escritura musical al adoptar las líneas horizontales paralelas para marcar las alturas del sonido e ideó un método para enseñar las notas mediante la señalización de diferentes falanges de los dedos de la mano (solmisación).

  • 15 de mayo de 1567: nace en Cremona, Claudio Monteverdi. Compositor italiano que revolucionó el mundo de la música aplicando medios tradicionales a nuevos fines. Considerado uno de los padres del género operístico, Monteverdi se destacó en el uso de las emociones humanas en música. Hacia el año 1600 su reputación estaba confirmada pero comenzaron a aparecer críticas a su estilo que subordinó la música al servicio de las palabras.

  • 11 de mayo de 1894: nace Martha Graham, coreógrafa y bailarina estadounidense. Rompió con las rígidas convenciones de la danza del siglo XIX, creando su propia técnica: violentas contracciones pélvicas y trabajo abrupto a nivel del suelo, que encantaron al mundo.

  • 07 de mayo de 1824: Michael Umlauf dirige el estreno en Viena la Novena Sinfonía de Beethoven. Esa noche, el compositor no podía oír la música debido a su sordera pero siguió la ejecución a travez de una copia de la partitura, imaginando los sonidos que todos escuchaban.

  • 01 de mayo de 1904: muere Antonín Dvorak. Considerado el más importante de los compositores checos, de inspiración nacionalista y espíritu de sinfonista. Su música se caracteriza por la emotividad directa, espontánea y un dominio excepcional del lenguaje sinfónico. En la historia de la música, Dvorak se sitúa en el origen de la fama internacional de la música checa junto con Smetana.


Citas

  • Daniel Barenboim
    "Un director no tiene contacto físico con la música que producen sus instrumentistas y a lo sumo puede corregir el fraseo o el ritmo de la partitura pero su gesto no existe si no encuentra una orquesta que sea receptora"

  • George Gershwin
    "Daría todo lo que tengo por un poco del genio que Schubert necesitó para componer su Ave María"

  • Gustav Mahler
    "Cuando la obra resulta un éxito, cuando se ha solucionado un problema, olvidamos las dificultades y las perturbaciones y nos sentimos ricamente recompensados"

  • Franz Schubert
    "Cuando uno se inspira en algo bueno, la música nace con fluidez, las melodías brotan; realmente esto es una gran satisfacción"

  • Bedrich Smetana
    "Con la ayuda y la gracia de Dios, seré un Mozart en la composición y un Liszt en la técnica"

MULTIMEDIA

  • Gran dio! Oh de verd'anni miei

    Dmitri Hvorostovsky (Ernani)

  • Nein! langer trag' ich nicht die Qualen

    René Kollo (Max)

  • Años de peregrinaje

    Franz Liszt

  • Claude Debussy

    Biografía

  • Otello

    Giuseppe Verdi

  • Polonesa N° 6

    Frederic Chopin

  • Un americano en Paris

    George Gershwin

  • Modest Mussorgsky

    Biografía

Intérpretes

Poetas

Reinaldo Yiso

Reinaldo Yiso

Fecundo autor de letras de tango, vino al mundo en el porteño barrio de Liniers, zona que creció al amparo de la instalación de los talleres del antiguo Ferrocarril Oeste. Su aporte al tango quedó reflejado en la gran cantidad de composiciones que escribió, sin apartarse nunca de un particular estilo de poeta de barrio. Sus letras resumen emociones y pasiones comunes a la sensibilidad del porteño. Musicalizaron sus letras, entre otros, Ricardo Tanturi, Francisco Rotundo, Miguel Caló, Anselmo Aieta, Alberto Morán, Roberto Rufino y Alberto Podestá, entre otros.

Poetas

E. S. Discépolo

E. S. Discépolo

La gente se te arrima con su montón de penas, y tú las acaricias casi con un temblor. Te duele como propia la cicatriz ajena, aquél no tuvo suerte y ésta no tuvo amor... La pista se ha poblado al ruido de la orquesta, se abrazan bajo el foco muñecos de aserrín ¿No ves que están bailando... No ves que están de fiesta? Vamos, que todo duele, ¡viejo Discepolín!. Fragmento del tango "Discepolín" de Homero Manzi

Voces

Alberto Marino

Alberto Marino

Como decía un amigo mío "Alberto Marino es un lujo para el tango". Esta exageración obedecía, seguramente, a su registro de tenor y a la influencia de la escuela italiana de canto que si bien la tuvieron varios vocalistas del tango, en el caso del Tano Marino generaba la sensación que le sobraba voz para el desafío que le presentaban las letras. Pasaba de un potente agudo a un profundo bajo con la facilidad de los elegidos, poseía un vibrato inconfundible pero del cual no abusaba. Sus detractores, no obstante reconocer su capacidad, le enrostran que era frío y carente de media voz.

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El cantaor español Diego El Cigala, que llegó hoy a Nueva York con su espectáculo "Cigala & Tango", aseguró a Efe que le hace "mucha ilusión" presentarse en una ciudad "donde se cuece tanta música" y a la que quiere conquistar con su nuevo proyecto musical. El concierto, en el teatro Town Hall, marca su regreso a la ciudad, donde debutó hace seis años, a la que considera "fascinante" y a donde llega como parte de su primera gira de conciertos en Estados Unidos, tras exitosas presentaciones en varias ciudades como Miami (Florida), en un año que considera como el mejor de su carrera.

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