Jueves, 18 de Septiembre de 2014

Intérpretes | Solistas

Theodore Lestchetitzky

Theodore Lestchetitzky

Por Jorge de Hegedüs - Lestchetitzky determinaba de manera individual, personal, cuáles eran las características de cada uno de sus alumnos, sus puntos fuertes como también sus carencias y, de acuerdo a ello aplicaba su método. En realidad se puede decir que su método consistía en “no tener un método único”. Es obvio que para conocer bien a sus alumnos, Lestchetitzky se metía en profundidad en la vida privada de estos, más aún, en el círculo familiar. Quería conocer absolutamente todo.







La idea central que se tiene de Beethoven, es el reconocimiento de que este ha sido un gran compositor, un verdadero genio y también, en su momento, la de un muy buen ejecutante del piano, un virtuoso. Estos aspectos de su personalidad artística son innegables. Pero una faceta de su aporte al campo de la música también fue la docencia. Entre sus alumnos más renombrados se puede citar al austriaco Carl Czerny (1791 – 1857). Este último, si bien llegó a ser un excelente ejecutante, también se orientó finalmente a la enseñanza, y tuvo como alumnos privilegiados nada menos que a Franz Liszt y a Theodore Lestchetitzky. Nos ocuparemos de este último.

¿Quién fue Theodore Lestchetitzky? Fue un pianista y docente que vino al mundo en Polonia el 22 junio de 1830. En un principio desplegó una labor muy fecunda como ejecutante, director de orquesta, y más adelante por un gran desempeño como docente. Siendo pequeño emigró a Viena con sus padres y se puso a las órdenes de Carl Czerny, quien, y como ya se destacó, tuvo nada menos que a Ludwig van Beethoven como maestro.

Luego hizo estudios de filosofía en la Universidad de Viena, enriqueciendo de esta manera su acervo cultural. En 1852 se trasladó a San Petersburgo para una gira de conciertos, en donde conoció y se hizo amigo de Anton Rubinstein (1829 – 1894). El impacto de Lestchetitzky en Rusia fue de tal magnitud, que es nombrado director de los estudios pianísticos de la Corte Imperial (1862). Permaneció en dicha nación hasta el año 1878, luego de lo cual retornó a Viena para continuar su exitosa carrera como docente, aunque esta vez de manera privada. Su conservatorio estuvo en la ciudad de Viena, en la calle que se llama actualmente como “Weimar”, pero que en ese entonces se la conocía como “Carl Ludwig”.

La tarea de Lestchetitzky como docente llegó a ser de tal nivel, que no tuvo más remedio que cesar de actuar como director de orquesta y pianista. Quizás su carrera en este campo haya sido la más exitosa de todos los tiempos y en comparación a otros.

Este austro - polaco se manejó a través de la misma orientación que le dejó su maestro Czerny, es decir, haciendo a un lado la rigidez para el logro unificado de objetivos similares en todos los que estudiaban con él. De esta manera, Lestchetitzky determinaba de manera individual, personal, cuáles eran las características de cada uno de sus alumnos, sus puntos fuertes como también sus carencias y, de acuerdo a ello aplicaba su método. En realidad se puede decir que su método consistía en “no tener un método único”. Es obvio que para conocer bien a sus alumnos, Lestchetitzky se metía en profundidad en la vida privada de estos, más aún, en el círculo familiar. Quería conocer absolutamente todo. Este aspecto de su docencia originó muchos comentarios tanto de los críticos contemporáneos como también de sus alumnos. Por ejemplo, la célebre pianista austro – norteamericana Fanny Bloomfield Zeisler (1863 – 1927) destacó en sus escritos con relación a la metodología de su maestro: “en los cinco años que estuve con Lestchetitzky se hizo evidente que no tenía un método fijo en el sentido natural de la palabra. Como todo buen maestro, estudiaba la individualidad de cada alumno y le enseñaba conforme a ella. Podría decirse que tenía un método diferente para cada uno de ellos, y a menudo he dicho que el método de Lestchetitzky es no tener uno fijo”.

Además, este maestro daba mucha importancia al sonido que el alumno debía extraer del instrumento. El célebre Ignacy Jan Paderewski (1860 – 1941), quien había estudiado con él destacó lo siguiente: “El método de Lestchetitzky es muy sencillo. Sus alumnos aprenden a sacar un sonido excelente del instrumento y a hacer música y no ruido. Todos estaremos de acuerdo en que hay principios que deben ser inculcados igualmente a todos los alumnos, es decir, amplitud, suavidad de toque y precisión en el ritmo. Por lo demás, se trata a cada individuo según la naturaleza de su talento. En una palabra, es el método de los métodos”.

Ossip Gabrilowitsch (1878-1936) hizo el siguiente comentario, “el método Lestchetitzky se debiera describir como la ´actitud Lestchetitzky´ hacia la música y,  en realidad, hacia la vida misma”.

Lestchetitzky era estrictamente un romántico. Cuando fue pianista, nunca se le escuchó tocar a Scarlatti, Bach o Haydn. Para él la música partía desde Beethoven. Esta misma orientación se la dio a sus alumnos. Harold Schomberg (1913 – 2003) reproduce un comentario que hizo Lestchetitzky con relación al “Clave bien Atemperado” de Juan S. Bach: “tóquelo si le interesa, pero ¿por qué perder el tiempo cuando se tiene tanto para aprender de Beethoven, Schumann, Chopin, Liszt y Brahms?”

Este docente tuvo también otra pasión: los casamientos. Por dicha causa contrajo matrimonio nada menos que cuatro veces, habiendo sido todas sus esposas alumnas suyas.

Con el paso del tiempo, cada una de ellas −especialmente las últimas− eran las que iniciaban el estudio con los distintos alumnos, para que luego “el maestro” diera el toque final. De la mano de Lestchetitzky salieron grandes pianistas, quienes han llegado a dar un verdadero impacto en el mundo musical del teclado, con gran fama internacional. Entre los más destacados se pueden citar a los siguientes: Vassili Safonov, Anna Essipova, Ignacy Jan Paderewski, Mark Hambourg, Fanny Bloomfield Zeisler, Franz Schmidt, Katherine Goodson, Ossip Gabrilowitch, Arthur Schnabel, Ignaz Friedman, Paul Wittgenstein, Benno Moiseiwitsch, Mitislaw Horszowski y Alexander Brailowsky. Algunos de estos intérpretes han podido ser escuchados por nosotros varias décadas atrás, o al menos tener sus grabaciones en nuestras discotecas personales.

Theodore Lestchetitzky ejerció la docencia hasta prácticamente los últimos momentos de su vida. Falleció la ciudad de Dresden el 14 noviembre 1915. En ese momento contaba 85 años de edad.

Por Jorge de Hegedüs


Más Notas
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Breves

  • 13 de septiembre de 1819: nace en Leipzig, Clara Wieck Schumann. Fue una pianista destacada del siglo XIX. El público europeo la consideraba en el nivel de Franz Liszt o Sigismund Thalberg, famosos pianistas virtuosos de aquella época.

  • 10 de septiembre de 1999: fallece Alfredo Kraus. Fue considerado el mejor tenor lírico ligero de su generación, mientras que la elegancia y estilización de su canto, combinada con su expresividad y una presencia escénica atractiva, le hicieron el intérprete ideal de roles de tipo aristócrata como Don Octavio, el Conde de Almaviva, Alfredo y el Duque de Mantua.

  • 06 de septiembre de 2007: fallece, en su casa de Módena, el tenor italiano Luciano Pavarotti. Figura clave en la popularización de la ópera. Para los aficionados serios del género, la belleza natural y el color de su voz hicieron de Pavarotti el intérprete ideal del repertorio lírico italiano.

  • 03 de septiembre de 1596: nace Nicolo Amati, constructor de violines al igual que su padre, Girolamo, pero Nicolo fue el mejor artesano de la familia, el gran reformador del arte de los luthiers italianos y autor de los instrumentos más apreciados de los Amati.

  • 22 de agosto de 1862: nace el compositor francés Claude Debussy. Puso en marcha un nuevo concepto de la música, liberada de las ataduras relacionadas con la tonalidad. Su obra devela tintes modernistas, simbolistas y de otras influencias como las étnicas, que encontraban su auge a finales del siglo 19, aunque su obra suele vincularse al impresionismo.


Citas

  • Daniel Barenboim
    "Un director no tiene contacto físico con la música que producen sus instrumentistas y a lo sumo puede corregir el fraseo o el ritmo de la partitura pero su gesto no existe si no encuentra una orquesta que sea receptora"

  • George Gershwin
    "Daría todo lo que tengo por un poco del genio que Schubert necesitó para componer su Ave María"

  • Gustav Mahler
    "Cuando la obra resulta un éxito, cuando se ha solucionado un problema, olvidamos las dificultades y las perturbaciones y nos sentimos ricamente recompensados"

  • Franz Schubert
    "Cuando uno se inspira en algo bueno, la música nace con fluidez, las melodías brotan; realmente esto es una gran satisfacción"

  • Bedrich Smetana
    "Con la ayuda y la gracia de Dios, seré un Mozart en la composición y un Liszt en la técnica"

MULTIMEDIA

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Intérpretes

Músicos

Astor Piazzolla

Astor Piazzolla

Piazzolla representa uno de los rarísimos casos en que un autor se desenvuelve de forma extraordinaria tanto en el mundo de la música popular, con sus tangos porteños, como en el de la música culta o clásica. Creó un nuevo género llamado tango sinfónico renovando de esta manera de forma decisiva el tango. Si se considera que la obra de Piazzolla comienza en 1946 con El desbande y concluye en 1990, con Le grand tango y con Five tango sensations, que el mismo año graba con el cuarteto de cuerdas Kronos, se deduce que cubre 46 años, un lapso en el que produjo no menos de ochocientas obras.

Músicos

José Canet

José Canet

Canet es el prototipo del clásico guitarrista tanguero, dispuesto siempre a unir su guitarra a una voz de tango. Sus influencias se remontan al estilo de los acompañantes de Gardel, Magaldi y Corsini. Fue uno de los pocos guitarristas que logró evadir las influencias de Roberto Grela, creador de toda una escuela en el tango. Su estilo estaba enraizado en forma directa a los conjuntos de guitarras clásicos. En muchas de sus actuaciones agregó al trío o cuarteto de guitarras otros instrumentos de cuerda: contrabajo, violines y violonchelo.

Poetas

Cátulo Castillo

Cátulo Castillo

Cátulo Castillo recorrió con sus letras los temas que siempre obsesionaron al tango: la dolorosa nostalgia por lo perdido, los sufrimientos del amor y la degradación de la vida. No tuvo en cambio espacio para el humor ni para el trazo despreocupado, y tampoco para el énfasis rítmico de la milonga. La palabra "último" figura en varios de sus títulos, como dando testimonio de ese desfile de adioses que atraviesa sus letras, donde hay siempre compasión por quienes padecen y un frecuente recurso al alcohol como fuga.

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