Lunes, 08 de Febrero de 2016

Intérpretes | Solistas

Eugene D´Albert

Eugene D´Albert

Por Jorge de Hegedüs - Eugene D´Albert fue un gran pianista, el cual no le iba a la zaga de otros virtuosos como Antón Rubinstein o Carl Tausig. Según las referencias de los críticos musicales de esa época su técnica era colosal, la cual se la llegó a comparar con el notable Ferrucio Busoni. Además fue premiado por sus ejecuciones de los preludios y fugas de Juan Sebastián Bach, como también por las sonatas de Beethoven; se le consideró en ese tiempo como el sucesor de Liszt y también el más grande intérprete del genio de Bonn.







Pianista alemán aunque de origen escocés, nacido en la ciudad de Glasgow el 16 de abril de 1864.  A los doce años de edad se trasladó con su familia a Londres para estudiar con el músico austriaco Ernst Pauer (1826 – 1905), el cual estaba radicado en la capital inglesa, mientras que contrapunto y armonía los hizo con Sir Arthur Seymour Sullivan (1842 –1900). Pero parece que estos estudios, especialmente con el segundo, no le trajeron satisfacción alguna y, por dicha causa, se trasladó primero a Viena y luego a Weimar, en donde se convirtió en un verdadero virtuoso del piano.  

D´Albert, cuando era todavía un adolescente ya componía, de tal forma, que al quince años de edad estrenó una de sus creaciones; un año más tarde, a los dieciséis, daba conciertos tipo “pop” bajo la batuta del famoso director Hans Richter (1888 – 1976) y a los diecisiete estrenó ante el público su concertó para piano y orquesta. Obviamente se le puede considerar como un músico sumamente talentoso.

A partir de la tercera década de su vida D´Albert se afirmó como un verdadero alemán en el más amplio sentido de la palabra. Hasta se podría expresar que renegó de su país de origen; no admitía siquiera que se mencionara su origen británico. Le importó muy poco el hecho que al estallar la I Guerra Mundial los ingleses lo consideraran como un “traidor”. De todas formas él ya había determinado su posición mucho antes que se declarara esta conflagración. El asunto llegó a tal punto, que un crítico musical hizo en cierta ocasión una referencia hacia él como “pianista inglés”. La respuesta por parte de este artista vino de inmediato. Según lo reproduce Harold Schonberg, D´Albert respondió de la siguiente forma: “Permítame que corrija algunos errores que he encontrado. Desprecio de sobremanera el título de ´pianista inglés´. Por desgracie estudié un tiempo bastante largo en ese país de nieblas, pero durante ese tiempo no aprendí absolutamente nada; en verdad, de haberme quedado allí mucho más tiempo me habría arruinado del todo (…). En cuanto me fui de esa tierra bárbara empecé a vivir, y ahora vivo para el inimitable, verdadero y glorioso arte alemán (…)”.

Su tendencia hacia la “germanofilia” le pudo haber traído serios problemas más adelante, si hubiera sobrevivido hasta la II Guerra Mundial.
En la ciudad de Weimar estudió nada menos que con Franz Liszt, el cual le tomó mucho cariño. D´Albert era bajo de estatura, con un bigote a lo Kaiser. Su maestro, Liszt, le puso distintos sobrenombres como “nuestro joven león”, “pequeño gigante”, “el joven Tausig” y también “Albertus Magnus”. Con el paso de los años llegó a tener gran amistad con músicos como Edvard Grieg (1843 -1907), Max Reger (1873 – 1916) y Engelbert Humperdinck (1854 – 1921). Johannes Brahms (1833 – 1897) lo reconoció en su momento como uno de sus mejores intérpretes. En 1907 es nombrado director de la “Musikhohschule” de Berlín en reemplazo del célebre violinista húngaro Joseph Joachim (1831 – 1907).
Conviene aclarar que D´Albert tuvo también otra afición: los casamientos. Lo hizo seis veces y su segunda esposa fue nada menos que una virtuosa pianista venezolana muy atractiva y llamativa: Teresa Carreño (1853 – 1917). Obviamente este matrimonio no duró mucho tiempo, pues estas dos personas competían no solamente como artistas sino también en el factor temperamental.  

Eugene D´Albert fue un gran pianista, el cual no le iba a la zaga de otros virtuosos como Antón Rubinstein (1829 – 1894) o Carl Tausig (1841 – 1871). Según las referencias de los críticos musicales de esa época su técnica era colosal, la cual se la llegó a comparar con el notable Ferrucio Busoni (1866 – 1924). Además fue premiado por sus ejecuciones de los preludios y fugas de Juan Sebastián Bach, como también por las sonatas de Beethoven.
De todas maneras, y debido al enorme virtuosismo y sentido interpretativo de sus ejecuciones, D´Albert no pudo escapar a que se comparara con el que en su momento fuera su maestro, con Franz Liszt. Oscar Bie, en su libro “Das Klavier und seine Meister” que había escuchado en su momento tanto al genio húngaro como también a D´Albert, expresó lo siguiente “En nuestra época, la corona de los pianistas la ganó Eugène D´Albert (…) el manto de Liszt cayó sobre él en nuestra generación (…) la seriedad de los conciertos de Brahms, el murmullo de la ´Berceuse´ de Chopin, la fuerza titánica de su estudio en La menor, la elegancia de las ´Soirées de Vienne´ de Liszt, la solemnidad de Bach, se mueven bajo su mano sin que ninguna le quite nada a las otras”.

Según el crítico e historiador Harold Shonberg, haciendo referencia a expresiones de Bruno Walter (1876 - 1962) con relación a D´Albert, el director de orquesta alemán manifestó: “Nunca olvidaré la fuerza titánica de la versión del Concierto en Mi bemol mayor de Beethoven,  ― Nro. 5, op. 73 ´Emperador´― casi estoy tentado de decir que no lo tocaba; lo personificaba. En su íntimo contacto con el instrumento se me aparecía como un nuevo centauro, mitad piano, mitad hombre”.

Pero también hay que destacar que este gran músico fue el primero en ejecutar las obras de Claude Achille Debussy (1862 – 1918) en territorio alemán, lo que, según la crítica de esos días, no fue muy recibida por los teutones, puesto que durante su ejecución hasta recibió silbidos de desaprobación.
Eugene D´Albert también se presentó con mucho suceso en Nueva York el 18 de noviembre de 1889. Pero a partir de la entrada del siglo XX este gran músico dio en cierta forma un paso al costado con relación a sus conciertos pianísticos para dedicarse a la docencia y composición. Entre sus alumnos más relevantes debemos de citar al suizo Edwin Fischer (1886 – 1960), −el cual también había estudiado con Martín Krause (1853 – 1918) − el alemán Wilhem Backhaus (1884 – 1969) y Ernest (Ernö) von Dohnányi (1877 – 1960) de Hungría.

D´Albert compuso nada menos que veintiuna óperas, las cuales y con el paso de los años fueron desapareciendo de las carteleras. De las mismas hay que destacar a “Tiefland” (Tierra Baja) con libreto de Rudolph Lothar, y basado en la obra Terra Baixa de Àngel Guimerà. Esta fue su séptima obra en dicho género, la cual se reconoce de gran valor musical y se repone en determinadas ocasiones. Fue estrenada en Praga en 1903, en 1908 en el Metropolitan Opera de Nueva York, y fue presentada en Londres bajo la conducción de Sir Thomas Beecham (1879 – 1961) el 5 de octubre de 1910. Más adelante, la cineasta alemana Leni Riefenstahl (1902 – 2003) la llevó a la pantalla cinematográfica en 1944, aunque se estrenó diez años más tarde. Esto demuestra que esta ópera mantuvo su vigencia tanto en Alemania como Austria hasta los días actuales. La última vez que se presentó fue en noviembre de 2007 por la Ópera de Berlín.

Aparte de ello D´Albert compuso conciertos para piano y orquesta, música de cámara, obras corales, piezas y sonatas para piano. Ricardo Strauss le dedicó su obra “Burlesque” (1905). Hizo también algunas grabaciones en cilindro por los años veinte del siglo pasado, pero estas son muy difíciles de conseguir. Las mismas ya no lo favorecían en nada con relación a su virtuosismo de épocas anteriores.

En el año 1914 Eugene D´Albert se trasladó a Suiza y se hizo ciudadano de dicha nación. En 1932 viajó a Lituania para gestionar el divorcio de su sexta esposa. Falleció a la semana de su llegada a ese país del Báltico. Ello ocurrió el 3 de marzo. Sus restos fueron sepultados en su último país de adopción, específicamente en Morcote, cerca de Lugano. En ese momento contaba con 68 años de edad.

Jorge de Hegedüs

Más Notas
Gavriel Lipkind
Stephen Kovacevich
Jascha Heifetz
Wilhem Backhaus
Ferrucio Benvenuto Busoni

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Breves

  • En el siglo XVIII, los compositores italianos desarrollaron tanto la ópera como la música sacra. Así como la cantata italiana se parecía a una ópera de concierto, la ópera se convirtió en una especie de cantata escenificada. La producción creció sin límites y con cada representación se renovó el interés por un género del que no existía un repertorio a repetir en varias ciudades, porque los teatros insistían con montar novedades. Por eso se valoraba mucho a los compositores prolíficos, capaces de crear tres o cuatro óperas por año.

  • Johann S. Bach compuso numerosas cantatas sagradas, en total ocho ciclos completos de 58 composiciones. De ellas se conservan 200. También compuso varias cantatas con textos profanos, que llamaba dramas musicales, para las cuales en ocasiones usaba otras obras propias.

  • Arthur Rubinstein fue un verdadero prodigio, debutó en público a los siete y cuatro años después fue presentado a Joseph Joachim, el gran violinista y amigo de Johannes Brahms. Joachim quedó tan impresionado con el niño que decidió asumir la responsabilidad de su formación musical. A los 13 años Rubinstein debutaría formalmente en Berlín, en enero de 1908 lo haría en el Carnegie Hall y luego comenzaría una gira por los Estados Unidos.

  • El compositor de origen ruso Nikolái Rimski-Korsakov y tendencia nacionalista, formó parte de los llamados Cinco Rusos junto a Mussorgski, Cui, Balakirev y Borodin. Fue un deslumbrante orquestador y pedagogo. Se destacó como autor de óperas de gran colorido armónico y tímbrico.

  • El compositor alemán Félix Mendelssohn fue considerado uno de los precursores del romanticismo musical. Adquirió una formación clásica inspirada en Palestrina, Haendel y especialmente en J. S. Bach, cuya figura redescubrió con La Pasión según San Mateo.


Citas

  • Daniel Barenboim
    "Un director no tiene contacto físico con la música que producen sus instrumentistas y a lo sumo puede corregir el fraseo o el ritmo de la partitura pero su gesto no existe si no encuentra una orquesta que sea receptora"

  • George Gershwin
    "Daría todo lo que tengo por un poco del genio que Schubert necesitó para componer su Ave María"

  • Gustav Mahler
    "Cuando la obra resulta un éxito, cuando se ha solucionado un problema, olvidamos las dificultades y las perturbaciones y nos sentimos ricamente recompensados"

  • Franz Schubert
    "Cuando uno se inspira en algo bueno, la música nace con fluidez, las melodías brotan; realmente esto es una gran satisfacción"

  • Bedrich Smetana
    "Con la ayuda y la gracia de Dios, seré un Mozart en la composición y un Liszt en la técnica"

MULTIMEDIA

  • Sinfonía Nº 5

    Allegro ma non troppo

  • Sonata para violín y piano

    Allegretto ben moderato

  • Hágase la Música en Radio Brisas

    Ciclo 2012 - Programa N° 22

  • Che gelida manina

    Luciano Pavarotti (Rodolfo)

  • Sinfonía Nº 9

    Anton Bruckner

  • Concierto serenata

    Joaquín Rodrigo

  • Falstaff

    Giuseppe Verdi

  • E lucevan le stelle

    Mario del Monaco (Mario Cavaradossi)

Intérpretes

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Orquesta Típica Victor

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Poetas

Homero Expósito

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El más original, el más importante y el más representativo de los poetas del tango, a partir de la brillante generación del cuarenta. Orientó Homero Expósito su inventiva literaria consagrada a la canción popular, en la confluencia de dos actitudes poéticas temperamentalmente opuestas, pero igualmente admirables: el romanticismo nostálgico y evocativo de Homero Manzi, y el grotesco dramatismo sarcástico de Enrique Santos Discépolo. De tan sutil combinación estilística y temática sin proponérselo, logró Expósito definir una novedosa y originalísima modalidad de interpretación para la letra del tango.

Voces

Roberto Goyeneche

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El Polaco nació el 29 de enero de 1926. Fue conductor de colectivos, taxista y mecánico. A los dieciocho años debutó en la orquesta de Raúl Kaplún y luego fue vocalista de Horacio Salgán. En 1956 fue convocado por Aníbal Troilo, incorporándose a su orquesta como cantor hasta 1963. Alentado por Pichuco, con el que llegaron a ser grandes amigos, al año siguiente se constituyó en forma definitiva como solista, etapa que se prolongó durante tres décadas.

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