Sábado, 11 de Febrero de 2012

Intérpretes | Directores

Arturo Toscanini

Arturo Toscanini

Energía, impetuosidad, inflexibilidad, perfeccionismo y autocrítica fueron algunos aspectos de su personalidad. Arturo Toscanini ha sido el director de orquesta más famoso del siglo XX y durante cuarenta años de su vida, una leyenda viviente. Las resonancias que creaba su personalidad superaron con creces el ámbito de la música para proyectarlo a un plano donde compartía prestigio y honores con figuras públicas como Charles Chaplin, Albert Schweitzer, Pablo Picasso, Georges Bernard Shaw o Winston Churchill.







Ese estatus de privilegio lo logró a través de una carrera artística formidable donde su enorme talento y poderosa personalidad produjeron una serie de cambios fundamentales: la interpretación operística tiene un antes y un después a partir de su aparición en el mundo musical.

Había nacido el 25 de marzo de 1867 en Parma, Italia, y comenzó sus estudios a los 9 años en el conservatorio de esa ciudad donde se graduó en 1885 con excelentes notas en cello y composición.

En 1876 ingresó al Conservatorio de Parma y durante nueve años estudió violonchelo, piano y composición, graduándose con los máximos honores en 1885. Comenzó su vida profesional como violonchelista y estaba en la orquesta que estrenó Otello de Verdi en La Scala en 1887. Pero por esa época ya incursionaba como director, demostrando una excepcional memoria y oído musical, una insaciable curiosidad, gran poder de concentración y un carácter dominante e intransigente. A los 19 años, durante una gira por Brasil con una agrupación italiana, una serie de accidentes condujeron a su promoción desde los cellos hasta tomar a su cargo la presentación de Aída en Río de Janeiro el 30 de junio de 1886. Dirigió sin partitura de una forma notable logrando gran éxito.

Durante la siguiente década Toscanini trabajó en diversos teatros italianos y ganó una creciente reputación como un director exacto y enemigo tanto de la mediocridad como de la rutina. Se le relacionó con las obras de Catalani y con aquellas de la escuela verista, estrenando Pagliacci de Leoncavallo (Milán, 1892) y La Boheme de Puccini (Turín, 1896). Promovió especialmente a Wagner, cuya música era relativamente desconocida en Italia en ese entonces, y demostró interés por la música sinfónica, lo que era extraño para un director italiano del periodo. En 1895, además de dirigir el Teatro Regio de Turín, fue invitado a formar una orquesta municipal, la que en 1898 ofreció una serie de 44 conciertos en la Exhibición de Turín, incluyendo obras de Beethoven, Brahms, Schubert, Berlioz, Tchaikovsky y Verdi. A los 31 años fue contratado como director artístico de La Scala e inauguró esta actividad presentando Los Maestros Cantores en diciembre de 1898.

Aunque estuvo en La Scala solamente 15 de los cerca de 70 años que duró su carrera, Toscanini consideró a este escenario el punto focal de su existencia, el símbolo de su lucha por concretar su ideal de la ópera como un arte dramático integrado totalmente. Una vez que rompió con dicho teatro no volvió a dirigir ópera excepto como invitado en los festivales de Bayreuth y de Salzburgo. Pero hasta el final de su vida continuó observando el destino y asistiendo a La Scala.

El repertorio de Toscanini durante su primer periodo en La Scala se basaba en Wagner, Verdi, nuevas obras y estrenos italianos de obras como Eugenio Oneguin, Pelleas et Melisande, La Condenación de Fausto y Euryanthe. Desde el principio estuvo involucrado en cada aspecto de la interpretación operática, incluso en los más pequeños detalles de la escenografía. Insistía en que sus cantantes estudiaran y manejaran por completo el libreto, así como los preparaba compás por compás poniendo atención tanto en la inflexión y en los gestos como en el tono y el fraseo musical. El estándar del conjunto y las presentaciones creció de manera sorprendente, pero hubo una feroz batalla, no sólo para sobrepasar los malos hábitos tradicionales de cantantes y las evasiones económicas y administrativas, sino además para educar al público logrando una actitud más seria hacia la ópera. La iluminación del teatro se disminuía, las damas tenían que sacarse el sombrero y no se permitía concluir una presentación de ópera con un ballet. Pero lo más difícil fue suprimir los pedidos de encores. Fue durante uno de tales requerimientos, en una presentación de Un Ballo in Maschera en la última temporada 1902-3, que Toscanini dejó La Scala.

Estuvo ausente durante tres temporadas, conduciendo en Buenos Aires, Bolonia y Turín, realizando giras por Italia con la orquesta de Turín, con la que ofreció los estrenos italianos de obras de Richard Strauss y Debussy, hasta que volvió solamente por dos temporadas a La Scala. En 1908 se trasladó a Nueva York como director artístico del Metropolitan y durante los siete años siguientes gobernó sobre una de las más sorprendentes constelaciones de cantantes en la historia de la ópera (entre ellos Caruso, Scotti, Farrar, Destinn y Martinelli) logrando en cierto modo imponer su particular disciplina. Entre los estrenos, tanto mundiales como norteamericanos, estuvieron los de Boris Godunov, La Fanciulla del West y Armide de Gluck. Sin embargo, nuevamente hubo desacuerdos con la administración y la impaciencia tanto por las condiciones como por la autoridad le llevaron a renunciar.

Pero también hubo otros factores. Por un lado, su aventura amorosa con Geraldine Farrar, su principal soprano, que entró en crisis por esa época, y por otro lado, un intenso patriotismo, que le mantuvo intranquilo mientras su país estaba en guerra. Estando en el Metropolitan pasó sus veranos en Europa y en 1913 organizó presentaciones de Falstaff y La Traviata para el centenario Verdi en Busseto. Y en 1915 retornó a Italia, permaneciendo por cinco años sin una posición o ingresos fijos. Dirigió una corta temporada en el Teatro dal Verme de Milán, ofreció muchos conciertos gratis para apoyar a su país en guerra y formó una banda militar con la que estaba actuando en el frente durante el asalto a Monte Santo.

En 1920 fue nombrado director artístico de una Scala reorganizada. Formó una orquesta de 100 instrumentistas, un coro de 120 voces y, mientras el escenario y el auditorio eran reconstruidos siguiendo sus consejos, realizó una gira por Italia, los Estados Unidos y Canadá, conduciendo 137 conciertos en tres periodos de 28 semanas en total. El régimen de Toscanini culminó en 1929 cuando llevó a la compañía en una triunfal gira por Viena y Berlín. Su renuncia ese año se debió a diversos factores, entre otros, la crisis financiera de La Scala, su propio cansancio, crecientes defectos en el sistema de repertorio que había creado, y quizá el definitivo reconocimiento de la imposibilidad de concretar sus ideales en un teatro de ópera. También sintió necesario exiliarse de Italia debido al conflicto surgido con el régimen fascista. Aunque compartió en un principio las ideas de Mussolini y fue candidato fascista en Milán en 1919, al poco tiempo se opuso apasionadamente al fascismo y en numerosas ocasiones rechazó dirigir el himno fascista Giovinezza. En 1938 Roosevelt tuvo que intervenir para que el pasaporte de Toscanini fuera devuelto.

La política jugó una parte decisiva en la carrera de Toscanini a partir de la década de 1930. Habiendo conducido en Bayreuth en 1930 y en 1931 (y fue el primer director no alemán en hacerlo), rompió con el festival en 1933 con la prohibición de Hitler de los artistas judíos y nunca retornó ahí. Asimismo sus apariciones en el Festival de Salzburgo finalizaron abruptamente con el Anschluss. En 1938 y en 1939 estuvo en el Festival de Lucerna conduciendo una orquesta formada principalmente de refugiados del nazismo. Además dirigió el concierto inaugural de la Filarmónica Palestina en Tel-Aviv el 26 de diciembre de 1936 y posteriores conciertos en Jerusalén, Haifa, Cairo y Alejandría, retornando en 1938.

Durante este periodo Toscanini también actuó en Londres, París, Bruselas y Escandinavia. Pero el centro de actividades de los últimos 25 años de su carrera fue Nueva York. Siendo director de la Filarmónica de Nueva York, entre 1928 y 1936, Toscanini alcanzó un apogeo en términos de claridad, precisión e intensidad interpretativas. Luego pasó a la recién formada orquesta de National Broadcasting Corporation (NBC), principal entidad durante los 17 años restantes. Con ella realizó muchas grabaciones y giras por Sudamérica y los Estados Unidos. En 1946 retornó a Milán para inaugurar una reconstruida Scala y condujo varios conciertos en los siguientes años. Su última presentación con la NBC fue el 4 de abril de 1954 y después de su retiro continuó trabajando en la edición de sus grabaciones hasta unos meses antes de su muerte.

Energía, impetuosidad, inflexibilidad, perfeccionismo y autocrítica fueron algunos aspectos de la personalidad de Toscanini. Fue famoso por sus feroces demandas artísticas, una naturaleza casi dictatorial y terribles ataques de rabia. Aquel constante estado de hipertensión con el que trabajaba se reflejó en la vehemencia de sus versiones, sobretodo las de su periodo final destinadas a los compositores clásicos vieneses. Pero el lado más positivo y significativo de su impaciencia fue la intensidad casi eléctrica de sus más finas interpretaciones, las que por su cuidado en el detalle de texturas, dan la impresión de estar concebidas como un único todo orgánico. Toscanini tenía un especial talento para manejar las grandes estructuras musicales, la continuidad rítmica, la línea de canto y la melodía de amplio espectro.

Tales cualidades se sumaron a su infalible memoria musical, una personalidad dominante y una insistencia en la primacía y la pureza del texto musical. Por lo mismo se adelantó al estilo moderno de conducción marcado por un respeto a las intenciones del compositor, contraponiendo la interpretación objetiva y fiel de la partitura a aquel estilo más subjetivo de su rival Furtwängler. Y aunque Toscanini fue uno de los grandes fenómenos de la historia de la interpretación musical de los últimos cien años, fue criticado por la estrechez de repertorio surgida en una etapa tardía de su carrera, ignorando las obras contemporáneas y la música de Mahler, la Segunda Escuela de Viena y el neoclasicismo de Stravinsky. Pero como intérprete del siglo XIX fue notablemente amplio, abordando la música de Richard Strauss, Puccini, Debussy, Brahms, Berlioz y Tchaikovsky tan bien como la de sus tres favoritos, Beethoven, Wagner y Verdi.

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Más Notas
Gregor Bühl
Sir Simon Rattle
Herbert von Karajan
André Previn
José Maria Ulla

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Breves

  • 10 de febrero de 1881: estreno en París de "Los Cuentos de Hoffmann" de Jacques Offenbach. La ópera es una adaptación de Jules Barbier y Michel Carré de varios cuentos del escritor Ernst T.A. Hoffmann. El primero tiene lugar con una muñeca mecánica, el segundo con la víctima del conjuro de un mago, y la tercera con una enferma moribunda. La historia comienza con un prólogo ambientado en una taberna.

  • 06 de febrero de 1903: nace Claudio Arrau, pianista chileno. Su nombre evoca una trayectoria musical casi infinita. No sólo porque siguió tocando hasta el día de su muerte sino porque su vida artística pareciera haber arrancado en algún punto de la segunda mitad del siglo XIX, como heredero directo de la tradición lisztiana.

  • 05 de febrero de 1887: se estrena "Otello", de Giuseppe Verdi. El mundo había pensado que "Aída" era el punto culminante pero también el punto final de la trayectoria creadora de Verdi. Pero "Otello" demostró que ambas cosas no eran ciertas. La Scala de Milán estrenó la obra y la velada se convirtió en un clamoroso homenaje al maestro de 74 años.

  • 01 de febrero de 1896: en el Teatro Regio de Turín se estrena "La Boheme" de Giaccomo Puccini. En la representación de la obra de Puccini dirigió la orquesta un joven que lo hizo de manera brillante. Fue leal al compositor hasta después de la muerte y 30 años después de La bohéme dirigió también el sensacional estreno de Turandot: era Arturo Toscanini.

  • 27 de enero de 1901: muere en Milán, Giuseppe Verdi. Compositor italiano dedicado en forma casi exclusiva a la ópera, género para el que compuso 26 obras. Su vida acompaña su obra: puede dividirse en tres períodos. El primero nace en sus comienzos y llega hasta el estreno de Il Trovatore y La Traviata en 1853. El segundo período concluye en 1871 con la composición de Aida. Tras una pausa de más de 15 años, compuso las obras de su último período: la ópera trágica Otello y la bufa Falstaff.


Citas

  • Daniel Barenboim
    "Un director no tiene contacto físico con la música que producen sus instrumentistas y a lo sumo puede corregir el fraseo o el ritmo de la partitura pero su gesto no existe si no encuentra una orquesta que sea receptora"

  • George Gershwin
    "Daría todo lo que tengo por un poco del genio que Schubert necesitó para componer su Ave María"

  • Gustav Mahler
    "Cuando la obra resulta un éxito, cuando se ha solucionado un problema, olvidamos las dificultades y las perturbaciones y nos sentimos ricamente recompensados"

  • Franz Schubert
    "Cuando uno se inspira en algo bueno, la música nace con fluidez, las melodías brotan; realmente esto es una gran satisfacción"

  • Bedrich Smetana
    "Con la ayuda y la gracia de Dios, seré un Mozart en la composición y un Liszt en la técnica"

MULTIMEDIA

  • Sinfonía Nº 9

    Anton Bruckner

  • Años de peregrinaje

    Franz Liszt

  • Der Vogelfaenger Bin Ich Ja

    Bryn Terfel (Papageno)

  • Los pinos de Roma

    Ottorino Respighi

  • Georg F. Haendel

    Biografía

  • Sonata para piano en si menor

    Franz Liszt

  • Concierto para violín Op.77

    Johannes Brahms

  • Sinfonía Nº 5

    Gustav Mahler

Intérpretes

Músicos

Julio De Caro

Julio De Caro

Su carrera se desarrolló a través de cuatro actividades principales: fue director, compositor, arreglista y violinista. Se convirtió en uno de los grandes intérpretes de la generación de 1910, pero a partir de 1923 creó un estilo original que lo convirtió en líder de su generación y modelo de las siguientes. En 1927 grabó su primer disco. Entre sus grandes éxitos cabe mencionar: "El malevo", "Boedo", "Berretín", "Nobleza de arrabal" y "Flores negras". De Caro fue de los primeros en comprender que el destino del tango era la música y avanzó en esa dirección, hasta donde le dio el aliento.

Voces

Reynaldo Martín

Reynaldo Martín

Los años 60, fueron muy difíciles para el tango. El rock se había impuesto en la juventud y la política cultural y los medios de comunicación apoyaban más al folklore que a la música ciudadana. El tango estaba "en baja", no se vislumbraba ninguna figura en el horizonte y los tangueros se guarecían en los pocos refugios que había en Buenos Aires. En esas apareció un muchachito rubio, con pinta de galán televisivo, simpático y muy sencillo. Reynaldo Martín fue un remanso de aire puro que enseguida atrajo al público con su voz expresiva y fresca, con una muy buena dicción y, lo que es más importante, afinado.

Voces

Edmundo Rivero

Edmundo Rivero

Fue un cantor distinto, genial, adornado por una personalidad afable y señorial que lo hizo querido por todo el ambiente artístico y, lo que es más importante, por un público que lo recuerda y lo admira en cada uno de sus registros. Además Rivero fue compositor y autor de varios temas, y algunos tangos al modo reo y lunfardo. Rivero representa un caso singular en la extensa galería de cantores de tango. El registro de bajo, que contenía su voz, era una verdadera rareza en el género y, a la vez, algo poco apreciado por la pléyade tanguera, acostumbrada a los barítonos y tenorinos.

Buenos Aires, 11 de dic.

Día Nacional del Tango en Argentina

Fue el músico Ben Molar el que diseñó la idea para que el 11 de diciembre se celebre el Día Nacional del Tango, en conmemoración de las fechas del nacimiento de los creadores de dos vertientes de la música popular: La Voz, Carlos Gardel, el zorzal criollo, ídolo y figura representantiva del tango, y La Música, Julio De Caro, gran director de orquesta y renovador del género.

Nueva York, 03 de nov.

Diego El Cigala busca conquistar Nueva York con su nueva propuesta musical

El cantaor español Diego El Cigala, que llegó hoy a Nueva York con su espectáculo "Cigala & Tango", aseguró a Efe que le hace "mucha ilusión" presentarse en una ciudad "donde se cuece tanta música" y a la que quiere conquistar con su nuevo proyecto musical. El concierto, en el teatro Town Hall, marca su regreso a la ciudad, donde debutó hace seis años, a la que considera "fascinante" y a donde llega como parte de su primera gira de conciertos en Estados Unidos, tras exitosas presentaciones en varias ciudades como Miami (Florida), en un año que considera como el mejor de su carrera.

Letras

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