Martes, 16 de Marzo de 2010

Intérpretes | Directores

Arturo Toscanini

Arturo Toscanini

Energía, impetuosidad, inflexibilidad, perfeccionismo y autocrítica fueron algunos aspectos de su personalidad. Arturo Toscanini ha sido el director de orquesta más famoso del siglo XX y durante cuarenta años de su vida, una leyenda viviente. Las resonancias que creaba su personalidad superaron con creces el ámbito de la música para proyectarlo a un plano donde compartía prestigio y honores con figuras públicas como Charles Chaplin, Albert Schweitzer, Pablo Picasso, Georges Bernard Shaw o Winston Churchill.







Ese estatus de privilegio lo logró a través de una carrera artística formidable donde su enorme talento y poderosa personalidad produjeron una serie de cambios fundamentales: la interpretación operística tiene un antes y un después a partir de su aparición en el mundo musical.

Había nacido el 25 de marzo de 1867 en Parma, Italia, y comenzó sus estudios a los 9 años en el conservatorio de esa ciudad donde se graduó en 1885 con excelentes notas en cello y composición.

En 1876 ingresó al Conservatorio de Parma y durante nueve años estudió violonchelo, piano y composición, graduándose con los máximos honores en 1885. Comenzó su vida profesional como violonchelista y estaba en la orquesta que estrenó Otello de Verdi en La Scala en 1887. Pero por esa época ya incursionaba como director, demostrando una excepcional memoria y oído musical, una insaciable curiosidad, gran poder de concentración y un carácter dominante e intransigente. A los 19 años, durante una gira por Brasil con una agrupación italiana, una serie de accidentes condujeron a su promoción desde los cellos hasta tomar a su cargo la presentación de Aída en Río de Janeiro el 30 de junio de 1886. Dirigió sin partitura de una forma notable logrando gran éxito.

Durante la siguiente década Toscanini trabajó en diversos teatros italianos y ganó una creciente reputación como un director exacto y enemigo tanto de la mediocridad como de la rutina. Se le relacionó con las obras de Catalani y con aquellas de la escuela verista, estrenando Pagliacci de Leoncavallo (Milán, 1892) y La Boheme de Puccini (Turín, 1896). Promovió especialmente a Wagner, cuya música era relativamente desconocida en Italia en ese entonces, y demostró interés por la música sinfónica, lo que era extraño para un director italiano del periodo. En 1895, además de dirigir el Teatro Regio de Turín, fue invitado a formar una orquesta municipal, la que en 1898 ofreció una serie de 44 conciertos en la Exhibición de Turín, incluyendo obras de Beethoven, Brahms, Schubert, Berlioz, Tchaikovsky y Verdi. A los 31 años fue contratado como director artístico de La Scala e inauguró esta actividad presentando Los Maestros Cantores en diciembre de 1898.

Aunque estuvo en La Scala solamente 15 de los cerca de 70 años que duró su carrera, Toscanini consideró a este escenario el punto focal de su existencia, el símbolo de su lucha por concretar su ideal de la ópera como un arte dramático integrado totalmente. Una vez que rompió con dicho teatro no volvió a dirigir ópera excepto como invitado en los festivales de Bayreuth y de Salzburgo. Pero hasta el final de su vida continuó observando el destino y asistiendo a La Scala.

El repertorio de Toscanini durante su primer periodo en La Scala se basaba en Wagner, Verdi, nuevas obras y estrenos italianos de obras como Eugenio Oneguin, Pelleas et Melisande, La Condenación de Fausto y Euryanthe. Desde el principio estuvo involucrado en cada aspecto de la interpretación operática, incluso en los más pequeños detalles de la escenografía. Insistía en que sus cantantes estudiaran y manejaran por completo el libreto, así como los preparaba compás por compás poniendo atención tanto en la inflexión y en los gestos como en el tono y el fraseo musical. El estándar del conjunto y las presentaciones creció de manera sorprendente, pero hubo una feroz batalla, no sólo para sobrepasar los malos hábitos tradicionales de cantantes y las evasiones económicas y administrativas, sino además para educar al público logrando una actitud más seria hacia la ópera. La iluminación del teatro se disminuía, las damas tenían que sacarse el sombrero y no se permitía concluir una presentación de ópera con un ballet. Pero lo más difícil fue suprimir los pedidos de encores. Fue durante uno de tales requerimientos, en una presentación de Un Ballo in Maschera en la última temporada 1902-3, que Toscanini dejó La Scala.

Estuvo ausente durante tres temporadas, conduciendo en Buenos Aires, Bolonia y Turín, realizando giras por Italia con la orquesta de Turín, con la que ofreció los estrenos italianos de obras de Richard Strauss y Debussy, hasta que volvió solamente por dos temporadas a La Scala. En 1908 se trasladó a Nueva York como director artístico del Metropolitan y durante los siete años siguientes gobernó sobre una de las más sorprendentes constelaciones de cantantes en la historia de la ópera (entre ellos Caruso, Scotti, Farrar, Destinn y Martinelli) logrando en cierto modo imponer su particular disciplina. Entre los estrenos, tanto mundiales como norteamericanos, estuvieron los de Boris Godunov, La Fanciulla del West y Armide de Gluck. Sin embargo, nuevamente hubo desacuerdos con la administración y la impaciencia tanto por las condiciones como por la autoridad le llevaron a renunciar.

Pero también hubo otros factores. Por un lado, su aventura amorosa con Geraldine Farrar, su principal soprano, que entró en crisis por esa época, y por otro lado, un intenso patriotismo, que le mantuvo intranquilo mientras su país estaba en guerra. Estando en el Metropolitan pasó sus veranos en Europa y en 1913 organizó presentaciones de Falstaff y La Traviata para el centenario Verdi en Busseto. Y en 1915 retornó a Italia, permaneciendo por cinco años sin una posición o ingresos fijos. Dirigió una corta temporada en el Teatro dal Verme de Milán, ofreció muchos conciertos gratis para apoyar a su país en guerra y formó una banda militar con la que estaba actuando en el frente durante el asalto a Monte Santo.

En 1920 fue nombrado director artístico de una Scala reorganizada. Formó una orquesta de 100 instrumentistas, un coro de 120 voces y, mientras el escenario y el auditorio eran reconstruidos siguiendo sus consejos, realizó una gira por Italia, los Estados Unidos y Canadá, conduciendo 137 conciertos en tres periodos de 28 semanas en total. El régimen de Toscanini culminó en 1929 cuando llevó a la compañía en una triunfal gira por Viena y Berlín. Su renuncia ese año se debió a diversos factores, entre otros, la crisis financiera de La Scala, su propio cansancio, crecientes defectos en el sistema de repertorio que había creado, y quizá el definitivo reconocimiento de la imposibilidad de concretar sus ideales en un teatro de ópera. También sintió necesario exiliarse de Italia debido al conflicto surgido con el régimen fascista. Aunque compartió en un principio las ideas de Mussolini y fue candidato fascista en Milán en 1919, al poco tiempo se opuso apasionadamente al fascismo y en numerosas ocasiones rechazó dirigir el himno fascista Giovinezza. En 1938 Roosevelt tuvo que intervenir para que el pasaporte de Toscanini fuera devuelto.

La política jugó una parte decisiva en la carrera de Toscanini a partir de la década de 1930. Habiendo conducido en Bayreuth en 1930 y en 1931 (y fue el primer director no alemán en hacerlo), rompió con el festival en 1933 con la prohibición de Hitler de los artistas judíos y nunca retornó ahí. Asimismo sus apariciones en el Festival de Salzburgo finalizaron abruptamente con el Anschluss. En 1938 y en 1939 estuvo en el Festival de Lucerna conduciendo una orquesta formada principalmente de refugiados del nazismo. Además dirigió el concierto inaugural de la Filarmónica Palestina en Tel-Aviv el 26 de diciembre de 1936 y posteriores conciertos en Jerusalén, Haifa, Cairo y Alejandría, retornando en 1938.

Durante este periodo Toscanini también actuó en Londres, París, Bruselas y Escandinavia. Pero el centro de actividades de los últimos 25 años de su carrera fue Nueva York. Siendo director de la Filarmónica de Nueva York, entre 1928 y 1936, Toscanini alcanzó un apogeo en términos de claridad, precisión e intensidad interpretativas. Luego pasó a la recién formada orquesta de National Broadcasting Corporation (NBC), principal entidad durante los 17 años restantes. Con ella realizó muchas grabaciones y giras por Sudamérica y los Estados Unidos. En 1946 retornó a Milán para inaugurar una reconstruida Scala y condujo varios conciertos en los siguientes años. Su última presentación con la NBC fue el 4 de abril de 1954 y después de su retiro continuó trabajando en la edición de sus grabaciones hasta unos meses antes de su muerte.

Energía, impetuosidad, inflexibilidad, perfeccionismo y autocrítica fueron algunos aspectos de la personalidad de Toscanini. Fue famoso por sus feroces demandas artísticas, una naturaleza casi dictatorial y terribles ataques de rabia. Aquel constante estado de hipertensión con el que trabajaba se reflejó en la vehemencia de sus versiones, sobretodo las de su periodo final destinadas a los compositores clásicos vieneses. Pero el lado más positivo y significativo de su impaciencia fue la intensidad casi eléctrica de sus más finas interpretaciones, las que por su cuidado en el detalle de texturas, dan la impresión de estar concebidas como un único todo orgánico. Toscanini tenía un especial talento para manejar las grandes estructuras musicales, la continuidad rítmica, la línea de canto y la melodía de amplio espectro.

Tales cualidades se sumaron a su infalible memoria musical, una personalidad dominante y una insistencia en la primacía y la pureza del texto musical. Por lo mismo se adelantó al estilo moderno de conducción marcado por un respeto a las intenciones del compositor, contraponiendo la interpretación objetiva y fiel de la partitura a aquel estilo más subjetivo de su rival Furtwängler. Y aunque Toscanini fue uno de los grandes fenómenos de la historia de la interpretación musical de los últimos cien años, fue criticado por la estrechez de repertorio surgida en una etapa tardía de su carrera, ignorando las obras contemporáneas y la música de Mahler, la Segunda Escuela de Viena y el neoclasicismo de Stravinsky. Pero como intérprete del siglo XIX fue notablemente amplio, abordando la música de Richard Strauss, Puccini, Debussy, Brahms, Berlioz y Tchaikovsky tan bien como la de sus tres favoritos, Beethoven, Wagner y Verdi.

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Más Notas
André Previn
José Maria Ulla
Rafael Kubelík
John Eliot Gardiner
Dimitri Mitropoulos

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Breves

  • 16 de marzo de 1736: muere Giovanni Battista Pergolesi. Tuvo una vida breve y, a pesar de ello, este compositor italiano fue de gran influencia sobre los posteriores compositores galantes y clasicistas, sobre todo en Mozart. Aunque trabajó de igual modo la ópera seria como la cómica, es en este último subgénero en el que se destacó, especialmente en el intermedio La serva padrona, cuya representación póstuma en París desató la llamada guerra de los bufones entre los que defendían y se oponían a la italianización de la ópera.

  • 15 de marzo de 1842: muere Maria Luigi Cherubini, compositor italiano. Se lo considera uno de los precursores más destacados de la ópera romántica. En su catálogo de obras encontramos cantatas, música sinfónica, una sinfonía en re, los motetes Iste Die, Ave María, Inclina Domine y una misa en la, entre otras.

  • 14 de marzo de 1681: nace Georg Philipp Telemann, compositor del Barrocco alemán. Fue un compositor prolífico y produjo una enorme cantidad de obras seculares y religiosas. Su catálogo incluye 1043 cantatas religiosas, 46 partituras sobre la Pasión y numerosas óperas. En el terreno instrumental practicó con notable continuidad la suite orquestal conformada por una obertura y una sucesión de movimientos de danza.

  • 11 de marzo de 1921: nace Astor Piazzolla, compositor argentino. Astor representa uno de los rarísimos casos en que un autor se desenvuelve de forma extraordinaria tanto en el mundo de la música popular, con sus tangos porteños, como en el de la música culta o clásica.

  • 11 de marzo de 1851: estreno de "Rigoletto", considerada la obra maestra de Verdi, en el teatro La Fenice, de Venecia. Basada en la obra "El rey se divierte" de Víctor Hugo y adaptada por Piave, "Rigoletto" cuenta la historia del bufón del duque de Mantua.


Citas

  • Daniel Barenboim
    "Un director no tiene contacto físico con la música que producen sus instrumentistas y a lo sumo puede corregir el fraseo o el ritmo de la partitura pero su gesto no existe si no encuentra una orquesta que sea receptora"

  • George Gershwin
    "Daría todo lo que tengo por un poco del genio que Schubert necesitó para componer su Ave María"

  • Gustav Mahler
    "Cuando la obra resulta un éxito, cuando se ha solucionado un problema, olvidamos las dificultades y las perturbaciones y nos sentimos ricamente recompensados"

  • Franz Schubert
    "Cuando uno se inspira en algo bueno, la música nace con fluidez, las melodías brotan; realmente esto es una gran satisfacción"

  • Bedrich Smetana
    "Con la ayuda y la gracia de Dios, seré un Mozart en la composición y un Liszt en la técnica"

MULTIMEDIA

  • Che gelida manina

    Rolando Villazón (Rodolfo)

  • Georg F. Haendel

    Biografía

  • Concierto para violín Op.77

    Johannes Brahms

  • Fantasía para un gentilhombre

    Joaquín Rodrigo

Intérpretes

Músicos

Astor Piazzolla

Astor Piazzolla

Piazzolla representa uno de los rarísimos casos en que un autor se desenvuelve de forma extraordinaria tanto en el mundo de la música popular, con sus tangos porteños, como en el de la música culta o clásica. Creó un nuevo género llamado tango sinfónico renovando de esta manera de forma decisiva el tango. Si se considera que la obra de Piazzolla comienza en 1946 con El desbande y concluye en 1990, con Le grand tango y con Five tango sensations, que el mismo año graba con el cuarteto de cuerdas Kronos, se deduce que cubre 46 años, un lapso en el que produjo no menos de ochocientas obras.

Voces

Carlos Gardel

Carlos Gardel

Carlos Gardel es quizás el más grande mito de la Argentina. Su habilidad artística, su talento incomparable como cantor de los arrabales porteños, su instinto musical para componer algunos de los más grandes tangos de todos los tiempos, su estupendo carácter, su fanatismo por las carreras, le han llevado a ser quizás sólo igualado por la otra leyenda del país del sur del Plata: Eva Perón. Sin embargo, mientras toda actividad política puede ser digna de objeciones, comentarios y recelo por parte de determinados sectores de la población, la figura de Carlos Gardel se erige como universal para todos los argentinos y los seguidores del tango a través del orbe.



Mar del Plata, 10 de marzo

Homenaje a Piazzolla en su ciudad natal

Destacados artistas se reunirán en el escenario mayor del Teatro Auditorium para rendirle un homenaje de alto nivel a la figura de Piazzolla. Este espectáculo conjunto, denominado “Balada para Astor”, se presentará el viernes 12 de marzo a las 21.30. Así, subirán a escena el reconocido cantor José Angel Trelles, la intérprete Mayte Caparrós, músicos invitados, la compañía de danzas “Arballet” dirigida por Magenia Mugica y la pareja de tango Bernardo e Isadora.

París, 05 de marzo

La Ciudad Luz, escaparate del "nuevo tango"

El 'nuevo tango' se da cita dos jueves al mes en una sala de París, donde la asociación 'Buenos Aires sur Scène' programa a artistas y grupos que renuevan el género nacido en el Río de la Plata a fines del siglo XIX. "La fascinación por el tango (en Francia) es muy real", señaló el compositor y virtuoso de la guitarra Tomas Gubitsch, quien llegó a Francia en 1977, a los 20 años, como miembro del grupo del gran bandoneonista y compositor Astor Piazzolla, y que desde entonces se radicó en este país.

Letras

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