Miércoles, 13 de Diciembre de 2017

Intérpretes | Cantantes

Enrico Caruso

Enrico Caruso

"Rey de los tenores", "la voz del siglo" y otros posibles calificativos salen al paso al ocuparnos de Enrico Caruso. Arquetipo de tenor, auténtico divo, generador de un mito y una realidad de la ópera: la atracción que ejerce el ídolo en una época de cambios como la que le tocó vivir. Ciertamente las particularidades insólitas de su garganta, la incomparable personalidad del cantante sentaron un modelo para la cuerda de tenor que trascendió en todo el resto del siglo XX.







El muchacho de modesta condición que cantaba en las calles de Nápoles, donde llegó al mundo el 25 de febrero de 1873, como así también en las plazuelas y en los balnearios. Luego, descubierta su afición y vocación por el canto, el emprendimiento de sus estudios hasta debutar en la misma ciudad en el Teatro Nuovo en 1894 con L'amico Francesco de Morelli, tan olvidada hoy como su autor. Siguieron luego teatros italianos y enseguida los internacionales; la creación de roles en significativos estrenos mundiales, como La Arlesiana (1897) y Adriana Lecouvreur (1902) ambas de Cilea, en el Lírico de Milán; Vedara de Giordano (1898) o Germania de Franchetti dos años antes en La Scala, óperas y compositores que coadyuvaron con él en la definición de personajes veristas tipificándolos en una época de transformación y orientación temática del arte lírico peninsular.

Para entonces ya tenía en gola el Canio de I Pagliacci, uno de sus éxitos colosales (su "Vesti la giubba" hizo y seguirá haciendo época). Más teatros líricos y su pronta aparición en Buenos Aires en la desaparecida Ópera de la calle Corrientes a partir de 1899 cuando debutó con Fedora y cantó cuatro temporadas. Y de pronto, en noviembre de 1903 un acontecimiento que gravitaría en su carrera lírica, el ingreso al Metropolitan Opera House de Nueva York, el teatro de su reinado exclusivo, de la idolatría de un público que lo reclamaba siempre y donde cantó 18 temporadas hasta 1920; donde intervino en 607 funciones, con 37 óperas, entre ellas 76 veces I Pagliacci, 64 veces Aida y así siguiendo. También estrenos (La Fanciulla del West, dirigida por Toscanini en 1910) y una cadena de éxitos. En suma, un reinado que no le impidió cantar ocasionalmente en otros grandes teatros, como el Colón (1915 y 1917), la Ópera de París, la de Viena, Budapest y teatros alemanes, entre otros. Pero el Met era ya su casa, como Nueva York era su ciudad, donde residía y colateralmente los estudios discográficos requerían de continuo su presencia. Fue para el gramófono lo que el mejor medio publicitario para un producto. Caruso dejó impresas -entre 1901 y 1920- unas 265 grabaciones, de las cuales 233 pertenecen al sello Victor estadounidense, del que se hizo exclusivo.

Nadie como él contribuyó tanto a cimentar el éxito del novedoso sistema. Su voz fonogénica era captada en las viejas placas acústicas con extrema fidelidad. Su voz se introducía en los hogares de miles de norteamericanos y de otras partes del mundo. Enfermo de pleuresía, el tenor más mimado de la historia lírica volvió a su Nápoles natal y el 2 de agosto de 1921, a los 48 años, dejaba consternado al mundo del arte. Se había ido el ídolo venerado, el arquetipo de tenor italiano, cuyos restos embalsamados siguen sosteniendo su mito.

Ciertamente las particularidades insólitas de su garganta, la incomparable personalidad del cantante sentaron un modelo para la cuerda de tenor que trascendió en todo el resto del siglo. Caruso quedó y quedará como un modelo, fuente de inspiración y enseñanza permanente. En sus primeros años -cuando le escucharon nuestras generaciones pretéritas- era un tenor de medios líricos. Le costó adquirir el dominio del portentoso Do agudo, hecho que los primitivos registros revelan. Así pues, se daba una primera etapa de su carrera donde, a la inconfundible belleza del timbre se unía la musicalidad innata y un estilo decididamente propio. Pero todo eso se afianzó con los años en una maduración artística singular. Cobró un centro de voz con reflejos baritonales, consistente, mórbido, y sacaba el rutilante agudo con inigualado dominio técnico. Sus composiciones de personajes también se hicieron plenas y al absoluto dominio del canto, el inconfundible legato, las inflexiones ricas, la sensualidad del fraseo, se unía el intérprete comunicativo, sincero. Sus interpretaciones cobraban -no encontramos otro término mejor y más adecuado para codificarlas- una autenticidad carusiana.

Porque llegaba en un momento en que amalgamaba al tenor de depurada escuela romántica, verdiana y posverdiana, con el naciente verismo, cultivaba también la ópera francesa y estudió a fondo su repertorio. Llegó a ser un prototipo tenoril, el lírico-spinto por antonomasia, clarificando de allí en más esta tipología vocal. Por eso la importancia de su legado e inevitable influencia, como decíamos. ¿Dónde preferirlo? Difícil contestar. ¿Cómo encontrar mejor modelo para Canio, Mario, Turiddu, Des Grieux, Dick o Rodolfo en el terreno verista, Radamés, Manrico o Don Alvaro en el verdiano; Eleazar en La Juive (último papel que cantó en su vida, en la Nochebuena de 1920), Don Rodrigo (Le Cid), o también en los roles meyerbeerianos? Esto por citar algunas partes en que no encontraba parangón en su época. Porque Caruso tenía, amén de su privilegiada voz, personalidad, autoridad y todo el carisma del ídolo.

Nota extraída del libro:
"Historia de los Cantantes líricos" de Néstor Echevarria
Editorial Claridad

 
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Breves

  • HECTOR BERLIOZ

    Fue un creador cuyo obstáculo fue la intransigencia de la mayoría de los músicos en casi todos los temas, desde su apoyo al uso del saxofón o a la nueva visión dramática de Wagner. Su vida fue excéntrica y apasionada. Ganó el Premio de Roma, el más importante de Francia en aquel momento, por una cantata hoy casi olvidada. Su obra musical es antecesora de estilos confirmados posteriormente.

  • El aprendiz de brujo de Paul Dukas se basa en una balada de Goethe. Es un scherzo sinfónico que describe fielmente cada frase del texto original.

  • La primera ópera de la que se conserva la partitura es Orfeo de Claudio Monteverdi. Se estrenó en Mantua en 1607, con motivo de la celebración de un cumpleaños, el de Francesco Gonzaga.

  • La obra que Stravinski compuso desde la época del Octeto de 1923 y hasta la ópera The Rakes Progress de 1951, suele considerarse neoclasicista.

  • En la Edad Media encontramos la viela de arco, de fondo plano y con dos a seis cuerdas, que se perfeccionó en la renacentista, hasta llegar a su transformación en el violín moderno a partir del siglo XVI, cuando se estableció una tradición de excelentes fabricantes (violeros) en la ciudad de Cremona.


Citas

  • DANIEL BARENBOIM

    "Un director no tiene contacto físico con la música que producen sus instrumentistas y a lo sumo puede corregir el fraseo o el ritmo de la partitura pero su gesto no existe si no encuentra una orquesta que sea receptora"

  • GEORGE GERSHWIN

    "Daría todo lo que tengo por un poco del genio que Schubert necesitó para componer su Ave María"

  • GUSTAV MAHLER

    "Cuando la obra resulta un éxito, cuando se ha solucionado un problema, olvidamos las dificultades y las perturbaciones y nos sentimos ricamente recompensados"

  • FRANZ SCHUBERT

    "Cuando uno se inspira en algo bueno, la música nace con fluidez, las melodías brotan; realmente esto es una gran satisfacción"

  • BEDRICH SMETANA

    "Con la ayuda y la gracia de Dios, seré un Mozart en la composición y un Liszt en la técnica"

MULTIMEDIA

  • Cuatro piezas sacras

    Stabat Mater

  • Concierto para 2 violines, BWV 1043

    Johann S. Bach

  • Música para cuerdas, perc. y celesta

    Béla Bartók

  • El caballero de la rosa

    Richard Strauss

  • Porgy and Bess

    George Gershwin

  • Falstaff

    Giuseppe Verdi

  • Hágase la Música en Radio Brisas

    Programa N° 10 - 07 de noviembre de 2010

  • Sinfonía Nº 9 "Coral"

    Ludvig van Beethoven

Intérpretes

Músicos

Mariano Mores

Mariano Mores

Músico, compositor y director. Mariano Mores nació en el barrio de San Telmo el 18 de febrero de 1918. Es sin duda un artista exitoso, y esto nunca estuvo en discusión. Su arte transitó cómodamente por todos los medios de difusión existentes: discos, radio, teatro, televisión y hasta el séptimo arte, el cine. Tuvo inspiración y también inteligencia para musicalizar letras de los más grandes e indiscutibles poetas que dio el tango. Es, a nuestro entender, lo mejor de su música los tangos que compuso con Enrique Santos Discépolo: "Cafetín de Buenos Aires" y "Uno".

Músicos

José Bragato

José Bragato

Violoncellista, pianista, arreglador y compositor. Formó parte de las orquestas de tango más relevantes de la época. Fue estable en la de Francini-Pontier pero el elegido de todos los maestros para las grabaciones como Aníbal Troilo, Atilio Stampone, Osvaldo Fresedo. En 1954 se sumó a la “patriada” de Astor Piazzolla: armar el Octeto Buenos Aires, que revolucionó al tango. El sonido especial de su violoncello, unido a su virtuosismo, le permitió jerarquizar el instrumento por lo que las orquestas típicas de entonces dieron entidad a este instrumento como solista a la par del violín, a partir del surgimiento de José Bragato como notable violoncellista.

Músicos

Francisco Canaro

Francisco Canaro

Nació en la ciudad de San José, Uruguay, el 26 de noviembre de 1888, aunque desde fines del siglo vivió con su familia en la Argentina. Autodidacta del violín, se inició en 1906 en un baile del pueblito de Ranchos en la provincia de Buenos Aires. Canaro es uno de los iconos del Tango, supo aprovechar el fervor tanguero de la época para convertirlo en una empresa que articuló paulatinamente toda la fisonomía empresarial del tango.

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El sábado 11 de Junio a las 21 hs se presentará en el Teatro Municipal Colón la gran cantante Amelita Baltar, acompañada por la Orquesta Municipal de Tango que dirige el Maestro Julio Davila y el pianista Aldo Saralegui como invitado especial. Luego de su presentación en Mar del Plata, la cantante estrenará un nuevo espectáculo: "Noches de Kabaret" en el Teatro Maipo de Buenos Aires.

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