Jueves, 20 de Septiembre de 2018

Clásica y Ópera | Ópera

La flauta mágica de Wolfgang A. Mozart

La flauta mágica de Wolfgang A. Mozart

¿Quién podría creer que esta ópera alegre y resplandeciente como la luz del sol se escribiese a la sombra de la muerte? En muchas de las cartas de Mozart, sobre todo las que escribió a su esposa Constanza, que se encontraba en Badén, cerca de Viena, se puede ver con cuánta alegría trabajó el compositor en este Singspiel. Se percibe la alegría en cada número de la partitura. El trabajo se hizo con facilidad y rapidez. Mozart nunca fue más maduro y más ágil ni tan señor de todos los misterios musicales. Con La flauta mágica el Singspiel alemán dio un paso gigantesco hacia delante.








Ópera en dos actos. Libreto de Emanuel Schikaneder (con posibles aportaciones de Ludwig Giesecke).

Personajes: Sarastro (bajo); Tamino, un príncipe (tenor); la Reina de la Noche (soprano); Pamina, su hija (soprano); tres sacerdotes del séquito de Sarastro (un tenor, dos bajos); tres damas del séquito de la Reina de la Noche (dos sopranos y una contralto); tres niños (dos voces infantiles agudas, y una voz infantil grave o dos sopranos y una contralto); Papageno, pajarero (barítono); Papagena (soprano); Monostatos, un moro en el reino de Sarastro (tenor); dos hombres con armadura {tenor y bajo); sacerdotes, séquito.

Lugar y época: Lugares de fantasía que tienen su centro espiritual en el "Templo de la Sabiduría" de Sarastro y donde hay "salvajes paisajes rocosos", así como otros escenarios que no pueden localizarse con exactitud. Tampoco el templo de Sarastro ha de atribuirse a un lugar geográfico determinado, por más que esté cerca de "Oriente", sobre todo de Egipto (en una lejana prehistoria). Está en "todas partes" donde los hombres sientan la atracción de un conocimiento más elevado. La época es la de los cuentos.

Argumento: Esta ópera singularísima puede explicarse de dos maneras: como una sencilla comedia con figuras surgidas de la fantasía, ingenua en su combinación de elementos serios y cómicos, popular, exótica; y como una obra filosófica cuyo sentido más profundo está velado intencionadamente, de manera que la masa vive una agradable velada de ópera, mientras el iniciado ve una comedia sobre el bien y el mal, sobre los esfuerzos del hombre por alcanzar la perfección, sobre selección y verdad, nobleza de alma y muchas otras cosas.

Los personajes que actúan pertenecen a diferentes niveles y simbolizan principios diferentes. En el centro está Sarastro, sumo sacerdote de un "Templo de la Sabiduría". Puesto que invoca a Isis y Osiris, podemos situarlo en una época antiquísima de Egipto. Es un "iniciado", un jefe espiritual en sentido ocultista. Los ritos que ejecuta y los ideales que representa coinciden ampliamente con los de la masonería y otras sociedades secretas. (Mozart fue masón, hecho que interesa señalar aquí.) En todas aquellas cosas que tienen relación con la poderosa personalidad de Sarastro, el número tres ("número sagrado" para el hermetismo) desempeña un papel importante: tres niños son sus heraldos, su templo tiene tres puertas, tres acordes anuncian su aparición. Su contraparte es la "Reina de la Noche". El reino de Sarastro significa la luz, el sol, la verdad y la sabiduría; el de la Reina de la Noche, en cambio, oscuridad, incertidumbre, bajas pasiones. También ella está acompañada por tres seres, las "tres damas". Entre estos dos reinos, que encarnan polos opuestos, se mueven los hombres, que se dividen en dos grupos: los que buscan el conocimiento y una vida espiritual y están en condiciones de elevarse por encima de las pasiones, y los otros, los que se conforman con la existencia puramente material y sus goces vulgares. El primero está simbolizado por el príncipe Tamino ("príncipe" quiere decir en este caso "nobleza de espíritu", no origen aristocrático), el segundo por el pajarero Papageno, que aparece de manera característica adornado con plumas y no conoce ideales más altos que comer, beber y "una mujer". Pamina, hija de la Reina de la Noche, es purificada por el amor: su camino la conduce, fuera del reino de la noche y de las pasiones, hacia las alturas del conocimiento, en el que se convierte en fiel compañera de Tamino.

La obertura es una maravillosa pieza musical. Encontramos en ella los tres acordes simbólicos y un movido fugato con el que tal vez, si tales interpretaciones son posibles en Mozart, se caracterice la lucha por la perfección del hombre interior. Entonces se levanta el telón y nos encontramos en un paisaje de fantasía, en una especie de bosque encantado en el que una serpiente gigantesca persigue a Tamino. (La serpiente personifica en el ocultismo la tentación, las bajas pasiones.) El príncipe cae inconsciente y las tres damas matan al reptil con sus lanzas. Las tres elogian la belleza del joven. Cuando se retiran, aparece Papageno, un joven que vive en medio de la naturaleza y caza pájaros para la Reina de la Noche, a cambio de comida y bebida. Se presenta cantando una alegre canción, que aquí y allá interrumpe con las cinco notas de su caramillo.

Papageno, después de haberse llevado un gran susto, se presenta ante Tamino, que ya vuelve en sí, como el hombre que ha matado a la serpiente. Entonces aparecen de nuevo las tres damas: como castigo por su mentira, ponen a Papageno un candado en la boca. Al príncipe en cambio le enseñan el retrato de una joven.

Entusiasmado, Tamino canta a la bella desconocida. (La magnífica escena ha entrado en la historia de la ópera con el nombre de "aria del retrato".) Acompañada de rayos y truenos aparece la Reina de la Noche, sublime y misteriosa, tachonada de estrellas y coloraturas. Cuenta al sorprendido Tamino que su hija Pamina, cuyo relíalo tiene en la mano, fue secuestrada por un "malvado" llamado Sarastro. Si consigue salvarla, se casará con ella. La Reina de la Noche desaparece igual que apareció, rodeada de prodigios. Entre los que quedan se forma un encantador quinteto, al que Papageno, que tiene la boca cerrada con un candado, solamente puede contribuir gruñendo "Hm, hm, hm", hasta que se le levanta el castigo. Las tres llamas entregan a los dos hombres Instrumentos mágicos que les serán útiles en el peligroso viaje al país de Sarastro. El príncipe recibe una flauta; Papageno, que no tiene ganas de emprender una aventura tan peligrosa, un carillón.

Los dos hombres emprenden la marcha para rescatar a Pamina y se acercan al castillo de Sarastro; Tamino con valentía, Papageno temblando de miedo. El segundo se encuentra inesperadamente con el moro Monostatos, que pertenece a la corte de Sarastro. El negro se esfuerza por conseguir a Pamina y quisiera besarla. El espanto que Papageno siente al verle sólo es superado por el que siente Monostatos: cada uno cree que el otro es un demonio. Papageno se recupera después de una breve huida. Si hay pájaros negros, y Papageno los conoce muy bien a causa de su actividad, entonces ¿por qué no puede haber hombres negros? Se acerca a la joven, que se pone muy contenta al saber que cerca hay hombres que han ido a liberarla, y el hecho de que se trate de un príncipe joven y bello no puede dejar indiferente su corazón. Un dúo sobre el amor une a la soprano lírica Pamina con el barítono bufo Papageno, que de repente se pone serio e igualmente lírico. Fuera porque los autores olvidaran el carácter de sus propios personajes, fuera porque Mozart simplemente tenía una melodía íntima a mano, el caso es que una joven ingenua y un joven cerril y primitivo se ponen a cantar lo "divino" que es el amor.

Tamino llega a las puertas de un templo. Son tres puertas. Sorprendido, mira a su alrededor. Allí donde pensaba que estaría la fortaleza imponente de un tirano se encuentra con una construcción noble, visiblemente consagrada a la sabiduría y a la humanidad. Tres niños le han indicado el camino y por último le han dicho la fórmula de la virtud masónica: "Sé constante, paciente y discreto". Llama a una de las puertas; como respuesta recibe un brusco "¡Atrás!". Lo intenta en la segunda puerta y recibe la misma respuesta. Por último, llama a la tercera puerta (con lo que se cumple otra vez el rito masónico). Y aparece majestuosamente un sacerdote.

La escena siguiente no sólo es significativa por el contenido, sino que también desde el punto de vista musical presentó una novedad interesante: Mozart usa aquí el recitativo, que sólo encontramos en la ópera italiana, nunca en la alemana. Quien quiera puede ver en este detalle el punto de partida del drama musical del futuro, ¡hasta llegar a Wagner! El recitativo de Mozart es melodioso y suave; expresa los sentimientos más diversos e incluye el invisible coro masculino, utilizado para subrayar la atmósfera mística y que acentúa en cierto modo las palabras del sacerdote denominado "orador".

Tamino está muy impresionado por la majestuosidad del lugar y por la actitud del sacerdote, que forman una unidad. Palabras extrañas le hacen reflexionar: "la mano de la amistad" debe introducirlo en el santuario para que pueda cumplir su más elevado objetivo, llegar a Pamina. El deseo de luchar contra el supuestamente malvado Sarastro se ha evaporado; Tamino intuye la existencia de una voluntad más elevada y sabia. Absorto en sus pensamientos, permanece en el lugar después que se ha ido el sacerdote. Acerca la flauta a los labios y ejecuta una melodía; el efecto se muestra en seguida: animales de todas las especies se acercan dócilmente para oír. Por último, el caramillo de Papageno responde a la melodía de Tamino, que prosigue la marcha para encontrar a su acompañante, que tal vez haya visto ya a Pamina. Pero en cuanto se va el príncipe, llegan Pamina y Papageno por otro camino, buscan a Tamino, no lo encuentran por ninguna parte y son sorprendidos así por el moro Monostatos, que se alegra de encontrarlos. Papageno recuerda su carillón mágico, y basta que lo haga sonar para que el moro y los esclavos que llegan corriendo comiencen a bailar y se alejen de ellos.

Acordes solemnes anuncian la aparición de Sarastro. Pamina se arrodilla ante él, reconoce su intento de fuga y pide perdón. Sarastro la levanta con dulzura. Sus palabras son de comprensión, a pesar de que no escatima los reproches contra la Reina de la Noche y las mujeres en general, que necesitan la guía de los hombres para no "salirse de su campo de acción". (Otra idea masónica, comprensible en el texto porque la masonería, en la época por lo menos, era exclusivamente para los hombres.)

Luego, el diligente Monostatos conduce también a Tamino al lugar. El amor entre Tamino y Pamina brota a primera vista. Sin embargo, la hora de su unión no ha llegado todavía. Sarastro tiene planes más elevados para ambos: deben superar unas "pruebas", recorrer el camino de la perfección humana. (Otra vez una idea masónica: los neófitos son sometidos a pruebas de este carácter antes de ser considerados "dignos".) Coros solemnes, que alaban la profunda sabiduría de Sarastro, cierran el acto.

El cuadro siguiente se desarrolla en la sala de celebraciones del templo interior. Sarastro propone a los sacerdotes reunidos conducir a Tamino por el camino de la "iniciación". La reunión se desarrolla según el rito masónico. Un miembro de la comunidad plantea las preguntas escritas de antemano: ¿Posee Tamino virtudes? ¿Es discreto? ¿Hace obras de caridad? Sarastro responde afirmativamente. Pamina ha sido destinada por los dioses a ser la compañera del noble joven. Por eso, Sarastro tuvo que apartarla de su madre, que no puede reconocer los verdaderos valores de la vida. Resuenan varias veces, como signo de aprobación, tres solemnes acordes ejecutados por los trombones. Uno de los sacerdotes plantea una objeción. ¿Querrá Tamino someterse a una prueba, dado que es un príncipe? La respuesta de Sarastro es sorprendente para la época: Tamino es más que príncipe... "¡Es un hombre!" En un aria maravillosa, pide a los dioses que ayuden a la joven pareja.

Tamino y Papageno son llevados a una antesala del templo y sometidos a un interrogatorio por el orador. El príncipe se declara dispuesto a pasar todas las pruebas para llegar a participar de la sabiduría y conseguir a Pamina. Papageno, por el contrario, no quiere saber nada de pruebas ni de una vida rigurosa. Sólo la perspectiva de una "Papagena" lo pone más sensible. Como primera prueba se les exige un riguroso silencio. Aparecen las tres damas y auguran a los hombres desgracias y destrucción. Papageno no puede contenerse y se deja llevar a una conversación en la que inútilmente intenta enredar al príncipe. Regresa el orador, felicita a Tamino por su conducta "viril" y prosigue con ambos hombres el peregrinaje.

Una vez, más, el moro Monostatos asedia a la joven Pamina, ocasión para la muí Mozart le ha dado una encantadora y auténtica aria de Singspiel. Cuando quiere besar a la joven, que esta durmiendo, aparece entre rayos y truenos la Reina de la Noche. El moro huye aterrorizado, Pamina se despierta y es inducida por su madre a que se vengue en Sarastro. (El aria en que lo dice está llena de dificultades de todo tipo y lleva a las regiones extremas de la coloratura, incluso a la nota más alta, repetida varias veces.)

La reina de la noche pone en manos de su hija un puñal para que mate a Sarastro. Y desaparece. Monostatos ha oído la conversación; entonces quita el arma a la joven e intenta una vez más obtener a la fuerza su amor. Entonces aparece Sarastro. Sabe lo que ha ocurrido, pero está muy por encima de todo. El texto de Schikaneder, por lo general muy vulgar, alcanza alturas humanísticas dignas de consideración: "En este templo sagrado no se conoce la venganza y si cae un hombre, el amor lo obliga... En estos muros sagrados, donde el hombre ama al hombre, no se puede esconder ningún traidor, porque se perdona al enemigo...". Y Mozart, que encuentra expresada su propia esencia, reviste de oro estas palabras, afines al espíritu del idealismo alemán, con una de sus más nobles melodías.

La acción se disuelve entonces, provisionalmente, en pequeñas escenas. Aparecen los tres niños para dar valor al príncipe. Tamino, cuyos pensamientos están dirigidos a objetivos más altos, no prueba los alimentos que llevan; Papageno, por el contrario, come con apetito y no deja de alabar la cocina y la bodega del señor Sarastro. Aparece Pamina, pero Tamino, de acuerdo con su juramento, no puede decirle una sola palabra. El doloroso desengaño de la joven, que se cree despreciada y rechazada, conduce a una de las piezas más hermosas de la partitura, el aria "Ay, siento que ha desaparecido para siempre la dicha del amor", para la cual Mozart encontró conmovedores sonidos íntimos.

Las pruebas siguen su curso. Sarastro reúne a los dos amantes por un breve tiempo, pero sólo para que se digan "adiós" para siempre. Mientras tanto, Papageno tiene sus propias experiencias. Pide en una canción de estilo popular ("Ein Mádchen oder Weibchen wünscht Papageno sich") la Papagena que le han prometido, ocasión en la que el carillón se utiliza con generosidad. Llega cojeando una anciana, afirma llamarse Papagena y ser la novia de Papageno. Éste vacila entre la indignación y la burla. Papagena se transforma en una joven muy atractiva, pero desaparece en seguida, pues Papageno todavía no la merece. Pamina se entrega a la desesperación. Si Tamino no la ama, la vida ya no tiene valor para ella. Los tres niños la salvan cuando se intenta suicidar. Y entonces puede, abrazada estrechamente a su amado, acompañarlo en el camino de las pruebas más difíciles. Se trata de superar la prueba del fuego y del agua. La joven pareja atraviesa con valor estas estaciones simbólicas de la más elevada purificación. Y entonces llega el gran momento que habían anunciado los tres niños: "Pronto amanecerá, el sol aparecerá en un camino de oro, pronto desaparecerá la superstición...". Las puertas del Templo de la Sabiduría se abren de par en par.

Papageno se ha quedado muy atrás. No puede seguir un camino cuyo sentido no conoce. No todos los seres pueden llegar hasta los conocimientos más profundos. Pero también para los otros puede haber felicidad en la tierra, aunque sea de una naturaleza más sencilla que la de los iniciados. Papageno ha decidido poner fin a su vida en el caso de que nadie se apiade de él. Para ello, antes de colgar el lazo del árbol, cuenta muy lentamente hasta tres. En el último instante aparecen los tres niños y le recuerdan que posee el carillón mágico. ¿Por qué no lo intenta con él? Aparece Papagena, y en un cómico dúo en el que parlotean graciosamente, expresan su deseo de tener muchos Papagenitos y Papagenitas. Apenas se puede pensar en un contraste mayor que el que se nota entre la pareja principal, Pamina y Tamino, y la pareja cómica, Papageno y Papagena; allí la existencia más elevada, el conocimiento del sentido de la vida; aquí, las alegrías de la pasión humana. Una pieza "mágica y cómica" se convierte en un problema. Simbólicamente, es también su final. Las figuras de la noche, la reina y Monostatos, se han aliado y penetran secretamente en el templo para matar a Sarastro. Sin embargo, la luz resplandeciente vence al final, el poder de las tinieblas se derrumba para siempre.

Fuente: Si quisiéramos exponer todas las fuentes concretas posibles de La flauta mágica, tendríamos un texto de muchas páginas. Tanto Mozart, miembro activo de la logia, como Schikaneder, estaban muy cerca de la masonería. Las ideas de ésta, y más aún una parte de su ritual y de sus ceremonias, eran muy conocidas en la época y resultaban particularmente atractivas porque eran consideradas "secretas" y se practicaban en círculos que eran inaccesibles al "pueblo". La "asamblea de los sacerdotes" en La flauta mágica, los interrogatorios, pruebas, etc., son claras ideas masónicas que Schikaneder incluyó en el texto. Por supuesto, se incluye la simbología o mística de los números. En esta ópera, el número tres tiene un papel importante: tres damas, tres niños, tres puertas, tres acordes de los metales, tres exigencias morales a los candidatos ("constante, paciente, discreto") antes de poder ser recibidos en el grupo de los "iniciados".

Sin embargo, además de estas "fuentes" generales, hay modelos directos de La flauta mágica. Por ejemplo, la novela Sethos, del abate Jean Térrasson, aparecida en 1731, que adelanta muchos elementos de la ópera de Mozart. Es digno de mencionar un ensayo del "Gran Maestre" de las logias austríacas, Ignaz von Born, pero sobre todo las obras del poeta Christoph Martin Wieland (que era uno de los autores favoritos del padre de Mozart, de manera que es seguro que Wolfgang las conoció en parte). En 1789, es decir, poco antes de la composición de La flauta mágica, se publicó Dschinnistan, una colección de cuentos de Wieland, uno de los cuales se titula "Lulu oder die Zauberflote". También el Oberon de Wieland contiene cosas que muy bien podrían ser fuentes de la obra de Mozart. Por último, señalemos grandes semejanzas del texto de Schikaneder con el drama Thamos, de Tobías Philipp von Gebler. Sin embargo, con estas referencias no hemos agotado la serie de posibles modelos o fuentes de inspiración.

Libreto: El autor del texto de La flauta mágica sería, según lo que hemos dicho más arriba, un hombre muy culto. Schikaneder lo fue sin duda alguna. Era considerado un actor y director de teatro brillante, que no sólo interpretaba de manera excelente a Shakespeare, sino que en su carrera demostró muchas veces un fuerte instinto para detectar obras nuevas de valor. Si bien podemos considerar que el texto de La flauta mágica le pertenece completamente (suponiendo siempre que se trata de un libreto excelente), ha surgido una y otra vez la sospecha de que una parte del mismo, incluso una parte extensa o la parte decisiva, no procede de él, sino de Karl Ludwig Gieseke, que en la época era traspunte y tal vez una especie de "dramaturgo" del teatro Auf der Wieden, el teatro de Schikaneder. No se han aportado pruebas concluyentes de esto, de manera que no queremos cuestionar que Schikaneder sea el creador del texto de La flauta mágica.

¿Puso Mozart en este caso una música magnífica a un "buen" libreto? ¡Cuánto se ha escrito y discutido al respecto! Hay una innegable cantidad de contradicciones que sería ocioso detallar. Algunas son graves. Y en este punto llegamos a una suposición que no podemos desechar a la ligera: mientras Schikaneder y Mozart trabajaban en La flauta mágica, a fines de la primavera de 1791, un teatro de la competencia representó la comedia Kaspar, der Zauberfagottist, una graciosa "bufonada" en la que aparecen un mago malvado y un hada buena. Precisamente ésas eran las dos figuras de La flauta mágica alrededor de cuyo conflicto central giraba todo: la Reina de la Noche era originariamente noble y buena; el mago Sarastro, malo y peligroso. Schikaneder asistió al estreno y corrió inmediatamente después a casa de Mozart con la consigna de que su ópera debía cambiarse en seguida. El compositor sólo dijo que no con la cabeza: imposible, pues el primer acto ya tenía música. Pero Schikaneder logró que Mozart detuviera la composición hasta que en los próximos días le llevara la versión modificada. Y así, desde el final del primer acto, La flauta mágica se convirtió en cierto modo en una obra diferente y nueva. Por increíble que parezca, hay pruebas de esto. En ese caso, ¿habría que juzgar el texto de La flauta mágica como un todo? ¿No habría que decir que es una pieza que simplemente cumplió con su objetivo, contener la música de Mozart, objeto de una breve serie de representaciones en un teatro popular de un suburbio de Viena? ¿Cómo se explica que Goethe encontrara tan grandioso el texto que pensó seriamente en escribir una "segunda parte", e incluso comenzó a redactarla? Enigmas sobre enigmas, suposiciones, conclusiones (y seguramente también conclusiones falsas): de ningún otro texto de ópera se podrían decir estas cosas en la misma medida. Y sin embargo, todo esto palidece frente a la realidad; y esta realidad consiste en un libreto que produce y seguirá produciendo la alegría de millones de hombres. Hay que tomar La flauta mágica como lo que realmente es: un cuento popular al que no se exige o del cual no se espera ninguna "lógica" verdadera; un cuento en que las cosas se suceden confusamente como en un sueño o como en la psique infantil. ¿Un buen libreto? ¿Un libreto imposible? ¡Un libreto único!

Música: ¿Quién podría creer que esta ópera alegre y resplandeciente como la luz del sol se escribiese a la sombra de la muerte? En muchas de las cartas de Mozart, sobre todo las que escribió a su esposa Constanza, que se encontraba en Badén, cerca de Viena, se puede ver con cuánta alegría trabajó el compositor en este Singspiel. Se percibe la alegría en cada número de la partitura. El trabajo se hizo con facilidad y rapidez. Mozart nunca fue más maduro y más ágil ni tan señor de todos los misterios musicales. Con La flauta mágica el Singspiel alemán dio un paso gigantesco hacia delante, se puso en el camino de Fidelio, del Freischütz. La naturalidad con que Mozart pone escenas profundas y serias al lado de otras de jocosa comicidad, canciones populares al lado de dificilísimas arias de coloratura y auténtico bel canto, apenas tiene parangón en la historia de la música. Cientos de detalles geniales dan como resultado una obra unitaria que alegra tanto el corazón como la inteligencia.

Historia: Se dice que Schikaneder propuso a Mozart componer juntos una ópera en la primavera de 1791. Hay fuentes que añaden que pidió al compositor que aceptara aquel trabajo para reanimar su teatro, que estaba en dificultades. Cuesta creer que fuera así: la posición de Mozart en la Viena de la época era demasiado débil para semejante acción de salvamento. Llama la atención el hecho de que, un año antes, los dos viejos conocidos, Schikaneder y Mozart, se pusieran en contacto con motivo de una cuestión que desembocó en La flauta mágica. En octubre de 1790, el actor y director teatral Schikaneder envió a Mozart el texto de un dúo cómico con la petición de que le pusiera música: "Pa, pa, pa...". ¿Pensaba ya en Papageno como figura teatral? No lo sabemos. Se mostró muy satisfecho con la composición de Mozart. Sólo en marzo de 1791 comenzó el verdadero trabajo en colaboración. No se sabe si Schikaneder envió a Mozart de una vez el libreto completo. ¿Se llegó a una interrupción en junio por la razón mencionada más arriba, la aparición de una obra de la competencia? De todos modos, Mozart tuvo que suspender unas semanas más tarde, provisionalmente, el trabajo de La flauta mágica para cumplir de manera urgente el encargo de La clemenza di Tito. A mediados de septiembre terminó la partitura. La obertura y la marcha de los sacerdotes fueron incluidas poco antes del estreno. Éste tuvo lugar el 30 de septiembre de 1791 en el teatro Auf der Wieden, en Viena, y la ópera fue aclamada jubilosamente. El éxito creció de representación en representación. Hubo que repetir muchos números. Mozart ya estaba muy enfermo, pero no permitió que le impidieran la alegría de ir al teatro tantas veces como pudiese, incluso para colaborar. En una carta informa de que una vez estuvo a cargo del carillón de la orquesta y que en esa ocasión dio un gran susto a Schikaneder, que estaba cantando la canción "Ein Mádchen oder Weibchen" en el papel de Papageno; había tocado un acorde que no estaba previsto, y con tanta nitidez, que Schikaneder se olvidó de utilizar el carillón. Pero Schikaneder, un actor experimentado que sabía improvisar, golpeó las campanas con la mano y gritó: "¡Callaos!", lo que hizo reír al público y a Mozart. Esto sucedió poco antes de la muerte del compositor. También cuenta cómo llevó una vez a la representación al famoso compositor italiano Antonio Salieri y a su amiga, y que el conocido maestro se deshizo en elogios. El triunfo de La flauta mágica se expresa también en unas cifras de representaciones que Mozart jamás conoció en Viena. El 20 de noviembre de 1792, Schikaneder anunció la representación número 100, que en realidad era sólo la 89; el 22 de octubre de 1795 celebró la número 200. Era en realidad la 135, pero también es ésta una cifra importante, y los directores de teatro siempre pueden exagerar un poco. Una verdadera fiebre por La flauta mágica estalló después de la Segunda Guerra Mundial. Las posibilidades insospechadas que se ofrecieron en esa época a los directores de escena pueden haber contribuido a iluminar una obra tan multiforme desde un punto de vista diferente cada vez. Pero son sobre todo los valores interiores de la obra los que impiden que envejezca.

Fuente: Diccionario de la Ópera de Kurt Pahlen

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Breves

  • HECTOR BERLIOZ

    Fue un creador cuyo obstáculo fue la intransigencia de la mayoría de los músicos en casi todos los temas, desde su apoyo al uso del saxofón o a la nueva visión dramática de Wagner. Su vida fue excéntrica y apasionada. Ganó el Premio de Roma, el más importante de Francia en aquel momento, por una cantata hoy casi olvidada. Su obra musical es antecesora de estilos confirmados posteriormente.

  • El aprendiz de brujo de Paul Dukas se basa en una balada de Goethe. Es un scherzo sinfónico que describe fielmente cada frase del texto original.

  • La primera ópera de la que se conserva la partitura es Orfeo de Claudio Monteverdi. Se estrenó en Mantua en 1607, con motivo de la celebración de un cumpleaños, el de Francesco Gonzaga.

  • La obra que Stravinski compuso desde la época del Octeto de 1923 y hasta la ópera The Rakes Progress de 1951, suele considerarse neoclasicista.

  • En la Edad Media encontramos la viela de arco, de fondo plano y con dos a seis cuerdas, que se perfeccionó en la renacentista, hasta llegar a su transformación en el violín moderno a partir del siglo XVI, cuando se estableció una tradición de excelentes fabricantes (violeros) en la ciudad de Cremona.


Citas

  • DANIEL BARENBOIM

    "Un director no tiene contacto físico con la música que producen sus instrumentistas y a lo sumo puede corregir el fraseo o el ritmo de la partitura pero su gesto no existe si no encuentra una orquesta que sea receptora"

  • GEORGE GERSHWIN

    "Daría todo lo que tengo por un poco del genio que Schubert necesitó para componer su Ave María"

  • GUSTAV MAHLER

    "Cuando la obra resulta un éxito, cuando se ha solucionado un problema, olvidamos las dificultades y las perturbaciones y nos sentimos ricamente recompensados"

  • FRANZ SCHUBERT

    "Cuando uno se inspira en algo bueno, la música nace con fluidez, las melodías brotan; realmente esto es una gran satisfacción"

  • BEDRICH SMETANA

    "Con la ayuda y la gracia de Dios, seré un Mozart en la composición y un Liszt en la técnica"

MULTIMEDIA

  • La Boheme (Acto primero)

    Giacomo Puccini

  • Tristán e Isolda

    Richard Wagner

  • Concierto para piano Op. 54

    Robert Schumann

  • Sinfonía Nº 5

    Gustav Mahler

  • El elixir del amor

    Gaetano Donizetti

  • Ballets

    Piotr Illych Chaikovski

  • Sonata para piano

    K443 in D major

  • Años de peregrinaje

    Franz Liszt

Intérpretes

Músicos

Atilio Stampone

Atilio Stampone

Gran pianista, arreglador, director y compositor, que une a su técnica interpretativa la sensibilidad de aquellos elegidos para elaborar una música superior. Con él es posible rememorar climas propuestos por los más grandes creadores del tango que lo antecedieron. A veces es Di Sarli, otras veces De Caro y Fresedo. Como pianista y arreglador, tuvo la influencia de sus contemporáneos Horacio Salgán y, fundamentalmente, de Astor Piazzolla, con quien actuó como pianista en la orquesta de 1946. En su obra de compositor se destacan: "Afiches", "Con pan y cebolla", "De Homero a Homero" y "Desencanto", entre otros.

Músicos

Astor Piazzolla

Astor Piazzolla

Piazzolla representa uno de los rarísimos casos en que un autor se desenvuelve de forma extraordinaria tanto en el mundo de la música popular, con sus tangos porteños, como en el de la música culta o clásica. Creó un nuevo género llamado tango sinfónico renovando de esta manera de forma decisiva el tango. Si se considera que la obra de Piazzolla comienza en 1946 con El desbande y concluye en 1990, con Le grand tango y con Five tango sensations, que el mismo año graba con el cuarteto de cuerdas Kronos, se deduce que cubre 46 años, un lapso en el que produjo no menos de ochocientas obras.

Poetas

Reinaldo Yiso

Reinaldo Yiso

Fecundo autor de letras de tango, vino al mundo en el porteño barrio de Liniers, zona que creció al amparo de la instalación de los talleres del antiguo Ferrocarril Oeste. Su aporte al tango quedó reflejado en la gran cantidad de composiciones que escribió, sin apartarse nunca de un particular estilo de poeta de barrio. Sus letras resumen emociones y pasiones comunes a la sensibilidad del porteño. Musicalizaron sus letras, entre otros, Ricardo Tanturi, Francisco Rotundo, Miguel Caló, Anselmo Aieta, Alberto Morán, Roberto Rufino y Alberto Podestá, entre otros.

Junín, 13/06/2016

Presentaron “Tango en Junín”

Los amantes del tango podrán disfrutar de diversas actividades durante cinco días en Junín. El intendente la Ciudad, Pablo Petrecca, presentó oficialmente “Tango en Junín”, un importante ciclo cultural que se desarrollará entre el 13 y el 17 de julio próximos e incluirá la realización de la preliminar del Festival y Mundial de Tango BA 2016.

Mar del Plata, 30/05/2016

Amelita Baltar en el Teatro Colón

El sábado 11 de Junio a las 21 hs se presentará en el Teatro Municipal Colón la gran cantante Amelita Baltar, acompañada por la Orquesta Municipal de Tango que dirige el Maestro Julio Davila y el pianista Aldo Saralegui como invitado especial. Luego de su presentación en Mar del Plata, la cantante estrenará un nuevo espectáculo: "Noches de Kabaret" en el Teatro Maipo de Buenos Aires.

Letras

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