Jueves, 13 de Diciembre de 2018

Clásica y Ópera | Ópera

La armonía del mundo de Paul Hindemith

La armonía del mundo de Paul Hindemith

La aparición de "La armonía del mundo" fue precedida por una sinfonía del mismo título, en la que se presentan y elaboran de manera puramente instrumental las ideas importantes del drama. La ópera se estrenó en el Festival de Munich, el 11 de agosto de 1957. Paul Hindemith abarca en esta obra una apreciable variedad de géneros. Desde la canción sencilla y la canción infantil hasta la passacaglia en 21 partes, se incluyen todas las formas musicales imaginables y están tratadas con maestría.








Ópera en cinco actos. Libreto de Paul Hindemith

Personajes: Los emperadores Rodolfo II y Fernando II (bajos); Johannes Kepler, matemático imperial - Tierra (barítono); Wallenstein, general - Júpiter (tenor); Ulrich, ayudante de Kepler, luego soldado - Marte (tenor); el párroco Hizler, de Linz, y un párroco de Ratisbona - Mercurio (bajos); Tansur - Saturno (bajo); el barón Starhemberg (barítono); Christian, hermano de Kepler (tenor); Susanna - Venus (soprano); Katharina, madre de Kepler - Luna (contralto); la pequeña Susanna, hija del primer matrimonio de Kepler (soprano); soldados, pueblo, astrólogos.

Lugar y época: Praga, Wurtemberg, Linz, el palacio de Starhemberg en Eferding, Silesia, Ratisbona; entre 1608 y 1630.

Argumento: Tansur ha instalado en una calle de Praga un bastidor con grandes cuadros que representan el cometa del otoño de 1607 con todas sus consecuencias. El pueblo se agolpa a su alrededor y oye su cantinela de charlatán de feria. Ulrich, discípulo y ayudante de Kepler, se suma a la multitud. Pronto aparece también Wallenstein con algunos de sus oficiales. Los pronósticos de Tansur son cada vez más fantásticos y Ulrich lo interrumpe varias veces. De esa manera, Wallenstein sabe que Ulrich está al servicio de Kepler y le pide de inmediato que encargue un horóscopo a su maestro, pues presiente que pronto terminará el reinado del emperador y él tendrá la oportunidad de ascender. Al quedarse conversando un ralo unís con Tansur, cree haber encontrado u un colaborador en aquel ex estudiante avispado y dotado de facilidad de palabra.

El cuadro siguiente se desarrolla en un cementerio en Wurtemberg, donde Katharina, la madre de Kepler, cava por la noche la tumba de su marido. Se acerca horrorizado su hijo menor. Katharina quiere desenterrar el cráneo, hacerlo preparar por brujos, colocarle un soporte de oro y convertirlo en copa. «El que beba de esa copa estará protegido para siempre de la arbitrariedad espiritual», revela a su hijo, y cuando éste le pregunta a quién piensa otorgar esa protección, Katharina nombra a Kepler.

Cuatro mujeres han observado la escena y deciden acusar de brujería a la madre de Kepler. Mientras tanto, ésta contempla en una visión (mate­rializada en el escenario) al empera­dor Rodolfo en su palacio de Praga. El emperador mira la resplandeciente luz de las estrellas. Cansado de las cosas terrenales se engolfa en la astronomía, que Kepler, que se ha acercado en silencio, intenta explicarle. Pero le parece que también en la bóveda celeste domina el caos, y a su gran exclamación de dolor Kepler responde consternado: «Domina la regla, pero no la conocemos». El emperador, cada vez más desesperado, se pone fuera de sí y ataca a Kepler. La madre de Kepler percibe este hecho y quisiera correr en su ayuda. Su hijo Christian, que no participa de la visión, aleja a la madre del cementerio. Ante los gritos del emperador llegan rápidamente los guardias, que lo sujetan firmemente hasta que se calma. Kepler regresa a su casa espantado.

Allí está sentado una tarde ante la mesa llena de papeles y aparatos de medición. Con él está su pequeña hija Susanna. Está triste desde que murió su madre y se llevó consigo a su hermanito: “¿Por qué no nos fuimos a otro sitio cuando mamá sufría aquí?», pregunta. «No somos libres, estoy al servicio del emperador», responde Kepler. Luego canta, para animarla, una breve canción, a la que se une la niña. Llega el ayudante de Kepler; en vez de trabajar, traza su propio horóscopo, que parece prometerle grandes cosas. El maestro lo corrige con benevolencia. Lo único que ve es una carrera de soldado, y precisamente eso es lo que más detesta Ulrich. Ambos comienzan a trabajar, pero pronto discuten sobre la ciencia y sus últimos conocimientos. Voces que llegan de la calle anuncian la renuncia del emperador. Ya nada retiene a Kepler en Praga: el astrónomo se va a Linz para trabajar de profesor. El segundo acto se desarrolla en 1613. En un ruinoso barrio de Praga, donde todavía vive gente, Wallenstein quiere construir un magnífico palacio. Después de haber desalojado a los pobres con una pequeña indemnización, planea con los arquitectos y los albañiles la gran obra que habrá de proporcionar el marco adecuado para su ascenso. Indica a Tansur que le consiga nuevas tropas. Pronto será el hombre más poderoso del reino después del emperador, y además inmensamente rico, pues, si las estrellas dicen la verdad, su esposa, que posee una enorme fortuna, pronto le dejará todo.

El cuadro siguiente muestra la ciudad de Linz, un domingo de primavera por la mañana. Ulrich ve de nuevo a Susanna, la hija adoptiva del barón Starhemberg, con la que jugaba en la infancia. Kepler lleva a los estudiantes a la iglesia. Llega Tansur con el propósito de reclutar soldados para las  tropas de Wallenstein. En la iglesia estalla una discusión que más tarde se traslada a la plaza. El párroco Hizler niega a Kepler la comunión, pues no está de acuerdo con él en una cuestión de fe. Susanna toma valientemente partido por el erudito, cuya actividad docente termina a causa de la discusión. Sin embargo, Starhemberg lo invita a vivir en sus tierras, donde el maestro se dedicará exclusivamente a la ciencia. Lo anima a aceptar la mano de Susanna, lo que provoca las iras de Ulrich. El sobrio erudito y la joven sensible, capaz de pensamientos grandiosos, se encuentran en un gran dúo de amor. Ulrich se pone el uniforme de soldado.

El acto tercero transcurre de nuevo en Linz. Una tranquila noche de verano, Susanna está leyendo la Biblia. La pequeña Susanna juega y canta una canción a la luna. De improviso aparece Katharina en la puerta. Susanna la recibe afectuosamente y la lleva a una habitación. Pero Katharina tiene planes malvados contra el matrimonio de su hijo. La niña presencia los reproches que Kepler hace a su madre. Katharina no debería haber salido de Wurtemberg, donde hay pendiente contra ella un proceso por brujería. Además, tampoco está segura en Linz. Y la echa de la casa.

En el cuadro siguiente, K.atharina está ante el tribunal de Wurtemberg. Se da lectura a las acusaciones que hay contra ella. Su propio hijo, Christian, la acusa de la profanación del sepulcro. Katharina proclama inútilmente su inocencia, el tribunal ordena la tortura. En el último instante aparece Kepler; ha obtenido del tribunal superior de Tubinga la suspensión del proceso. Sin embargo, cuando quitan a la madre las cadenas, advierte horrorizado que la mujer sólo piensa en hechizos. Quiere que Kepler lo abandone todo: su casa, su hija, su trabajo, y se dedique con ella a esa labor. Con afecto, pero también con firmeza y determinación, el astrónomo rechaza la proposición. La madre queda totalmente destrozada. Los sucesos del acto tercero transcurren entre los años 1616-1621; el acto cuarto transcurre en 1628. En su suntuoso palacio, Wallenstein, duque de Friedland, recibe homenajes en una animada fiesta. Tansur se ha convertido en mayordomo, Ulrich en oficial. Wallenstein comunica a sus oficiales su seria preocupación por la suerte de la guerra. Se queda solo, se le cae el bastón; Ulrich se adelanta para recogerlo. El gesto enfurece a Wallenstein: «¿Qué tiene que hacer un oficial aquí? ¿No debe estar de guardia?». A duras penas consiguen tranquilizarlo al fin Tansur y Kepler, que acaba de entrar. Wallenstein expresa su profunda admiración por la obra La armonía del mundo, que ha publicado Kepler. ¡Si esa armonía se pudiera realizar en la Tierra! ¡Someterle la política, el poder del Estado, el ejército, el destino de las naciones! Wallenstein se explaya en grandiosas imágenes visionarias; ofrece a Kepler entrar a su servicio para que lo ayude en sus gigantescos planes. Kepler ha de habitar en Sagan, en las propiedades del duque en Silesia. Ulrich lo ha oído todo; se siente humillado y jura vengarse de Wallenstein.

El comienzo del acto quinto transcurre en Sagan, en 1630. Susanna no es feliz a pesar del amor y de la ternura de Kepler; siente la profunda inquietud del maestro, que va de obra en obra y de lugar en lugar. Ulrich, andrajoso y venido a menos, aparece de repente. Susanna lo invita cordialmente, pero, cuando se entera del viaje de Kepler a Ratisbona, Ulrich se va en seguida, profiriendo palabras amargas contra La armonía del mundo.

En el gran salón del Ayuntamiento de Ratisbona (1630) se ha reunido la dieta de los príncipes electores. Más de once años de guerra devastan el país. La discordia reina en todas partes. Se perfila una nítida corriente contra Wallenstein, cuya caída se ha decidido. El suntuoso escenario se oscurece un poco; se hace visible en primer plano una pequeña habitación en la cual está Kepler, que yace enfermo en su lecho. En la excitación producida por la fiebre cree hablar con los príncipes. Luego cree que se le acerca un párroco que lo trata como si fuera un hereje. Y luego las figuras de su vida se convierten en planetas y estrellas. Es como si se hiciera visible una gran­diosa pintura barroca del firmamento. El emperador se convierte en el Sol, Hizler en Mercurio, Susanna toma el lugar de Venus. Al mismo tiempo aparece un escenario secundario: en el palacio de Eger, un grupo de asesinos acosa a Wallenstein, entre ellos se encuentra Ulrich. Kepler se convierte en la Tierra, Katharina en la Luna. Se incorporan Marte (Ulrich), Júpiter (Wallenstein) y Saturno (Tansur). Aparecen los signos del zodíaco, se hace visible la Vía Láctea, un poderoso coro de esferas llena el espacio. Kepler contempla al morir la armonía del mundo.

Fuente:
La vida del gran astrónomo Johannes Kepler (1571-1630), que nació en Weil der Stadt (Wurtemberg) y murió en Ratisbona. En 1619 publicó su obra maestra, La armonía del mundo.

Libreto: Hindemith traza, como ya hizo en Mathis der Moler, un gran fresco histórico alrededor de una figura descollante. Mientras que allí se trataba de un pintor, aquí es un científico absorbido por los acontecimientos de su época. Una vez más, Hindemith demuestra que es un creador importante; su manera de articular las escenas y de concebir a los personajes revela a un verdadero dramaturgo. Sin embargo, es difícil responder a la pregunta de si la figura de un científico es tan apropiada como la de un artista para convertirse en centro de una ópera. Hay muchas cosas débiles, algunos textos son musicalmente intratables, aunque los momentos puramente humanos están muy bien logrados, incluso son conmovedores.

Música: El compositor abarca en esta obra una apreciable variedad de géneros. Desde la canción sencilla y la canción infantil hasta la passacaglia en 21 partes, se incluyen todas las formas musicales imaginables y están tratadas con maestría. De todos modos, a veces se tiene la sensación de que la música no fluye con la espontaneidad de algunas obras anteriores de Hindemith, como si dominara en ésta una fuerte tendencia especulativa. Los interludios instrumentales son magníficos, así como las extensas partes corales. Valdría la pena conocer el juicio que hará la posteridad sobre esta obra sin duda alguna significativa.

Historia:
La aparición de la ópera fue precedida por una sinfonía del mismo título, en la que se presentan y elaboran de manera puramente instrumental las ideas importantes del drama. La ópera se estrenó en el Festival de Munich, el 11 de agosto de 1957.

Fuente: “Diccionario de la Ópera” de Kart Pahlen
 
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Breves

  • HECTOR BERLIOZ

    Fue un creador cuyo obstáculo fue la intransigencia de la mayoría de los músicos en casi todos los temas, desde su apoyo al uso del saxofón o a la nueva visión dramática de Wagner. Su vida fue excéntrica y apasionada. Ganó el Premio de Roma, el más importante de Francia en aquel momento, por una cantata hoy casi olvidada. Su obra musical es antecesora de estilos confirmados posteriormente.

  • El aprendiz de brujo de Paul Dukas se basa en una balada de Goethe. Es un scherzo sinfónico que describe fielmente cada frase del texto original.

  • La primera ópera de la que se conserva la partitura es Orfeo de Claudio Monteverdi. Se estrenó en Mantua en 1607, con motivo de la celebración de un cumpleaños, el de Francesco Gonzaga.

  • La obra que Stravinski compuso desde la época del Octeto de 1923 y hasta la ópera The Rakes Progress de 1951, suele considerarse neoclasicista.

  • En la Edad Media encontramos la viela de arco, de fondo plano y con dos a seis cuerdas, que se perfeccionó en la renacentista, hasta llegar a su transformación en el violín moderno a partir del siglo XVI, cuando se estableció una tradición de excelentes fabricantes (violeros) en la ciudad de Cremona.


Citas

  • DANIEL BARENBOIM

    "Un director no tiene contacto físico con la música que producen sus instrumentistas y a lo sumo puede corregir el fraseo o el ritmo de la partitura pero su gesto no existe si no encuentra una orquesta que sea receptora"

  • GEORGE GERSHWIN

    "Daría todo lo que tengo por un poco del genio que Schubert necesitó para componer su Ave María"

  • GUSTAV MAHLER

    "Cuando la obra resulta un éxito, cuando se ha solucionado un problema, olvidamos las dificultades y las perturbaciones y nos sentimos ricamente recompensados"

  • FRANZ SCHUBERT

    "Cuando uno se inspira en algo bueno, la música nace con fluidez, las melodías brotan; realmente esto es una gran satisfacción"

  • BEDRICH SMETANA

    "Con la ayuda y la gracia de Dios, seré un Mozart en la composición y un Liszt en la técnica"

MULTIMEDIA

  • Orfeo

    Claudio Monteverdi

  • Aida

    Giuseppe Verdi

  • Hágase la Música en Radio Brisas

    Programa N° 12 - 21 de noviembre de 2010

  • Rapsodia española

    Maurice Ravel

  • Danzas polovtsianas

    Alexander Borodin

  • Sinfonia Nº 25

    Wolfgang A. Mozart

  • Casta diva

    Joan Sutherland (Norma)

  • Hágase la Música en Radio Brisas

    N° 8 - 24 de octubre de 2010

Intérpretes

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Osvaldo Pugliese

Osvaldo Pugliese

Osvaldo Pugliese nació el 2 de diciembre de 1905. Su padre, Adolfo, obrero del calzado, intervenía como flautista aficionado en cuartetos de barrio que cultivaban el tango. Dos hermanos mayores tocaban violín: Vicente Salvador, "Fito", y Alberto Roque, más consecuente que el primero y por muchos años ligado a la música. A Osvaldo fue el padre quien le impartió las primeras lecciones de solfeo, y comenzó a balbucear con el violín también, pero pronto se inclinó por el piano, aunque don Adolfo tardó cierto tiempo en comprar el costoso instrumento.

Voces

Lidia Borda

Lidia Borda

Desde 1995 transformada en una de las principales intérpretes del género, Lidia Borda es admirada por público y crítica, quienes la consideran una cantante de culto y la mejor voz femenina surgida en las últimas décadas, despertando elogiosos comentarios. Moderna y original se remite a un repertorio clásico y poco transitado, registrado en parte en sus discos "Entre sueños", "Patio de tango" y "Tal vez será su voz".

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