Domingo, 24 de Septiembre de 2017

Clásica y Ópera | Ópera

El murciélago de Johann Strauss (hijo)

El murciélago de Johann Strauss (hijo)

Johann Strauss compuso con El murciélago su obra maestra. Cada número musical se convirtió en un gran éxito. La única duda que podría plantearse es el género al que pertenece esta obra. Ante todo, a la ópera cómica, que se aproxima en muchos puntos a la opereta, la zarzuela española y la comedia. Cualquiera que sea el género en que se sitúe El murciélago, es la culminación de la opereta. Rebosa humor e ingenio, energía y alegría de vivir.








Ópera cómica en tres actos. Libreto de C. Haffner y R. Genée, basado en la comedia Réveillon, de Meilhac y Halévy.

Personajes: Gabriel von Eisenstein (tenor); Rosalinde, su esposa (soprano); Frank, director de la prisión (barítono); el príncipe Orlowsky (mezzosoprano o barítono); Alfred, cantante de ópera (tenor); Adele, criada de Eisenstein (soprano); el doctor Falke, notario (barítono); el doctor Blind, abogado (barítono); Frosch, carcelero (papel hablado); Ida, hermana de Adele (papel hablado); invitados, criados.

Lugar y época: Viena, siglo XIX.

Argumento: La obertura es una brillante fantasía orquestal sobre algunas de las mejores ocurrencias de la partitura. Adelanta la atmósfera de baile, pero también algunos motivos líricos y grotescos, y su instrumentación es brillante.

El primer acto transcurre en la casa del señor de Eisenstein. Adele, la criada, ha obtenido de su hermana Ida, que es bailarina de ballet, una invitación a un baile en el palacio del príncipe ruso Orlowsky. Por lo tanto, no sólo tiene que inventar ante Rosalinde la excusa de que debe cuidar por la noche a una tía enferma, sino que debe sustraerle un hermoso vestido a su ama. Sorprendentemente, Rosalinde concede la autorización solicitada, con más prontitud que de costumbre. Su esposo, el señor von Eisenstein, debe presentarse esa noche en la prisión para cumplir una leve condena por ofensas a la autoridad. En la calle se oye la victoriosa voz de tenor del cantante de ópera Alfred, su antiguo admirador, que le canta una serenata. Eisenstein está furioso porque un descuido de su abogado, el doctor Blind, lo obliga a cumplir el castigo, pero su humor mejora visiblemente cuando el notario, el doctor Falke, su amigo y compañero de numerosas aventuras, va a invitarlo a la fiesta de Orlowsky. Eisenstein se viste de gala, lo que no deja de sorprender a Rosalinde. ¿De frac a la prisión? Eisenstein se despide con ternura, aunque muy distraído, de su esposa, que a causa del canto de Alfred en la calle tampoco está demasiado atenta. La melodía («Oh, cómo me conmueve esto...») que Strauss inventó para la situación, describe ésta perfectamente.

Sospechosamente alegre, Eisenstein se dirige a la prisión. Aunque sin imaginar que será la víctima, pues Falke, a quien una vez, después de un baile de máscaras, hizo volver a casa disfrazado de murciélago en pleno día, ha tramado un plan para vengarse. Apenas se ha ido el señor de la casa, entra Alfred. El cantante, que desde hace años echa los tejos a Rosalinde, aunque con escaso éxito, comienza a ponerse cómodo en la casa de Eisenstein, a pesar de las protestas, no muy enérgicas, de la mujer. Beben tranquilamente mientras entonan la canción que tanto por el texto como por la melodía se ha vuelto casi proverbial: «Dichoso quien olvida lo que no se puede cambiar...». Una filosofía de la vida objetable, pero conveniente.

El idilio es interrumpido un poco bruscamente. Llega Frank, el director de la prisión, para poner personalmente entre rejas a su ilustre huésped, el señor von Eisenstein. Lo encuentra arrullándose con su esposa, pues tiene que ser aquel hombre, ¿quién otro podría a tales horas...? Alfred vacila un instante, pero no puede comprometer a Rosalinde. Se deja llevar a la prisión, no sin despedirse con afectuosos besos de su esposa.

En el acto segundo aparece la fiesta del príncipe Orlowsky, cuyos principios pseudoliberales están acertadamente caracterizados en su canción «Chacun a son goüt». Todos lo pasan estupendamente menos él, que a pesar de sus riquezas o tal vez a causa de ellas vive en constante aburrimiento. Sin embargo, Falke le ha prometido para esa noche una agradable sorpresa. Le presentan a cierto marqués llamado Renard, que no es otro que Eisenstein. Se encuentra con una bella mujer que podría confundirse con su criada Adele y que además parece llevar un vestido de su esposa. Pero cuando le dice lo que piensa sufre un vergonzoso desaire, pues la joven lo pone en evidencia delante de todos los invitados con una canción burlona, ¡Mi señor marqués, un hombre como vos debería entenderlo mejor!

Inmediatamente después, la atención del marqués pasa de la supuesta Adele a una condesa húngara, que va enmascarada y a la que Falke le presenta con grandes elogios. Su vieja sangre de aventurero comienza a hervir. Cree que podrá conquistarla con la ayuda de un pequeño reloj con cuyo segundero quiere contar los latidos de su corazón; pero la «condesa» no sucumbe a sus artes de seductor, al contrario: antes de que se dé cuenta, se apropia del reloj. Entonces la «condesa» lo invita, ante la expectación de los presentes, a una czarda, un baile húngaro. La fiesta se acerca a su punto culminante. Llega un nuevo invitado, el «caballero» Chagrín, bajo cuyo nom de guerre se oculta Frank, el director de la prisión. Su encuentro con el marqués de Renard pone de manifiesto que ninguno de los dos habla más de cinco palabras en francés, pero este impedimento no puede turbar la creciente simpatía entre ambos. Bailan con la mayor alegría uno de los más espléndidos valses de Strauss. Incluso beben por la amistad, se abrazan y cuando la fiesta llega a su imprevisto final (son las seis de la madrugada), prometen volver a verse pronto. En medio del alboroto de la fiesta no sospechan con cuánta rapidez y en qué circunstancias lo harán.

El acto tercero transcurre en la prisión. Frosch, el carcelero, ha bebido, en ausencia de su jefe, más de lo que puede soportar. Frank regresa del baile y tampoco se tiene muy firme; quisiera dormir un poco en su despacho, pero la prisión comienza a animarse. Primero aparece Adele, que ha averiguado quién es el señor que le ha prometido ayudarla en la carrera artística con que sueña; Con un aria convence a Frank de su talento. Luego aparece el marqués. Gran escena de saludos. Confesiones mutuas que provocan carcajadas: ¿Frank no es «caballero», sino director de la prisión? Eso puede pasar. Pero ¿es Eisenstein el marqués? No, ¡eso es ir demasiado lejos! ¡El nuevo amigo inventa cosas increíbles! Pues Eisenstein está encerrado desde primeras horas de la noche. ¿Encerrado? ¿Dónde? En una celda. Frank en persona lo detuvo antes de ir a la fiesta y lo llevó allí. Eisenstein estalla en carcajadas, pero cuando conoce las circunstancias, se queda perplejo. Entonces llega Rosalinde. Quiere divorciarse de un esposo que se entusiasma con tanta facilidad por las bellezas desconocidas. Eisenstein protesta. Pero Rosalinde saca el pequeño reloj del bolsillo. Ella era la condesa húngara. Gran escena, pero por suerte ambos esposos tienen algo que perdonarse mutuamente. Ello permite que todo termine bien, la venganza del murciélago ha dado ocasión a una entretenida comedia.

Libreto: Los dos importantes libretistas franceses Meilhac y Halévy (sobrino del compositor de La judía) habían escrito para Offenbach un ingenioso libreto (Réveillon), que éste no utilizó y-que después de muchas vueltas llegó a Viena.

Haffner y Genée, libretistas ingeniosos, y tal vez más que eso, refundieron Réveillon por completo. Quitaron algunas cosas extrañas para la Europa central y añadieron muchas cosas humanas. De aquí surgió un libreto ideal que complació al rey del vals: en el centro había un gran baile, es decir, el medio en que el compositor había pasado buena parte de su vida, tocando el violín, dirigiendo la orquesta e interpretando sus propias composiciones.

Música: Johann Strauss compuso con El murciélago su obra maestra. Cada número musical se convirtió en un gran éxito. La única duda que podría plantearse es el género al que pertenece esta obra. Ante todo, a la ópera cómica, que se aproxima en muchos puntos a la opereta, la zarzuela española y la comedia. Cualquiera que sea el género en que se sitúe El murciélago, es la culminación de la opereta. La Hofoper de Viena, y de acuerdo con ella muchos otros templos serios de las Musas, la declararon ópera cómica para poder incluirla en su programación. El caso es que es de las mejores. Rebosa humor e ingenio, energía y alegría de vivir. Las ocurrencias se suceden sin descanso y cada una es de un arte exquisito. También son brillantes los papeles de los artistas; plantean grandes exigencias y muchos están a la altura de los cantantes de ópera. En la música de El murciélago se expresa como en ninguna otra obra la infinita magia de una ciudad y de una época, que a decir verdad tenían numerosos problemas sin solución, pero rebosaban capacidad creativa y optimismo.

Historia: El estreno de El murciélago tuvo lugar en un momento sumamente desfavorable. Una gran crisis económica sacudía a Austria, y pocos meses antes, el Viernes Negro, se había derrumbado la Bolsa de Viena y había arrastrado al abismo a varias fortunas aparentemente sólidas. El 5 de abril de 1874 reinaba en el Theater an der Wien un ambiente apocalíptico que ni siquiera El murciélago podía cambiar. Hubo sólo 17 representaciones, una cantidad casi ridícula para el célebre Johann Strauss y que parecía un peligroso fracaso. En los demás países que representaron en seguida El murciélago, la obra obtuvo el éxito rotundo que merece. Se convirtió en una de las obras más ejecutadas de ese género alegre y ligero que es tan difícil interpretar bien.

Fuente: “Diccionario de la Ópera” de Kart Pahlen
 
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Breves

  • HECTOR BERLIOZ

    Fue un creador cuyo obstáculo fue la intransigencia de la mayoría de los músicos en casi todos los temas, desde su apoyo al uso del saxofón o a la nueva visión dramática de Wagner. Su vida fue excéntrica y apasionada. Ganó el Premio de Roma, el más importante de Francia en aquel momento, por una cantata hoy casi olvidada. Su obra musical es antecesora de estilos confirmados posteriormente.

  • El aprendiz de brujo de Paul Dukas se basa en una balada de Goethe. Es un scherzo sinfónico que describe fielmente cada frase del texto original.

  • La primera ópera de la que se conserva la partitura es Orfeo de Claudio Monteverdi. Se estrenó en Mantua en 1607, con motivo de la celebración de un cumpleaños, el de Francesco Gonzaga.

  • La obra que Stravinski compuso desde la época del Octeto de 1923 y hasta la ópera The Rakes Progress de 1951, suele considerarse neoclasicista.

  • En la Edad Media encontramos la viela de arco, de fondo plano y con dos a seis cuerdas, que se perfeccionó en la renacentista, hasta llegar a su transformación en el violín moderno a partir del siglo XVI, cuando se estableció una tradición de excelentes fabricantes (violeros) en la ciudad de Cremona.


Citas

  • DANIEL BARENBOIM

    "Un director no tiene contacto físico con la música que producen sus instrumentistas y a lo sumo puede corregir el fraseo o el ritmo de la partitura pero su gesto no existe si no encuentra una orquesta que sea receptora"

  • GEORGE GERSHWIN

    "Daría todo lo que tengo por un poco del genio que Schubert necesitó para componer su Ave María"

  • GUSTAV MAHLER

    "Cuando la obra resulta un éxito, cuando se ha solucionado un problema, olvidamos las dificultades y las perturbaciones y nos sentimos ricamente recompensados"

  • FRANZ SCHUBERT

    "Cuando uno se inspira en algo bueno, la música nace con fluidez, las melodías brotan; realmente esto es una gran satisfacción"

  • BEDRICH SMETANA

    "Con la ayuda y la gracia de Dios, seré un Mozart en la composición y un Liszt en la técnica"

MULTIMEDIA

  • Obertura 1812

    Piotr Illych Chaikovski

  • Hágase la Música en Radio Brisas

    Programa N° 13 - 28 de noviembre de 2010

  • Sueño de una noche de verano

    Overture

  • Hágase la Música en Radio Brisas

    Ciclo 2012 - Programa N° 28

  • Astor Piazzolla (parte 2)

    Biografía

  • Hágase la Música en Radio Brisas

    Programa N° 12 - 21 de noviembre de 2010

  • Estudio Nº 12

    Frederic Chopin

  • Scheherezade

    Nicolai Rimsky Korsakov

Intérpretes

Músicos

José Dames

José Dames

Pureza y riqueza melódica, frases de personalísima inventiva y perfecto desarrollo, clara inspiración e inalterable e inconfundible jerarquía musical respira toda la frondosa obra de composición de José Dames. Desde que comenzó su labor en nuestra música popular, como bandoneonista y compositor, a mediados de la década del '30 del siglo pasado y hasta el presente, su imaginación ha producido más de 350 piezas. Pero si hubiera escrito únicamente estas tres, "Fuimos", "Nada" y "Tú", toda la adjetivación prodigada en este párrafo quedaría ampliamente justificada.

Músicos

José Razzano

José Razzano

En general, los que escriben sobre el género, han sido mezquinos u omisos con la verdadera valoración de esta figura de la música popular. José Francisco Razzano nació en Montevideo (capital de la República Oriental del Uruguay), a pocos pasos de la Plaza Independencia, en una casa de la calle Policía Vieja N° 14, el 25 de febrero de 1887. Dos años apenas tenía cuando ante la desaparición de su padre, su madre se traslada a Buenos Aires, barrio de Balvanera (en aquel entonces arrabal, hoy integrado a la zona céntrica).

Músicos

Osvaldo Pugliese

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Osvaldo Pugliese nació el 2 de diciembre de 1905. Su padre, Adolfo, obrero del calzado, intervenía como flautista aficionado en cuartetos de barrio que cultivaban el tango. Dos hermanos mayores tocaban violín: Vicente Salvador, "Fito", y Alberto Roque, más consecuente que el primero y por muchos años ligado a la música. A Osvaldo fue el padre quien le impartió las primeras lecciones de solfeo, y comenzó a balbucear con el violín también, pero pronto se inclinó por el piano, aunque don Adolfo tardó cierto tiempo en comprar el costoso instrumento.

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