Viernes, 17 de Agosto de 2018

Clásica y Ópera | Obras Maestras

Sinfonía Nº 9 “Coral”

Sinfonía Nº 9 “Coral”

Beethoven no podía oír el estreno pero lo siguió en una copia de la partitura, imaginando en su mente los sonidos que todos los demás escuchaban. Al final de la ejecución, él todavía estaba enfrascado en su partitura sin poder oír los aplausos. Uno de los solistas le tocó el brazo y le hizo girar para que pudiera ver las manos que aplaudían y los pañuelos que se agitaban en el aire. Entonces el compositor se inclinó y saludó a la audiencia.








Si bien los materiales de la Novena Sinfonía se remontan a 1815, Beethoven no empezó a trabajar seriamente en esta pieza hasta 1822. La terminó en febrero de 1824. Michael Umlauf dirigió el estreno en Viena, el 7 de mayo de 1824.

"Para llegar a una solución, incluso de los problemas políticos, debe seguirse el camino de la estética, porque es a través de la verdad que llegamos a la libertad." Este lema del poeta Friedrich Schiller muy bien pudo haber sido el del propio Beethoven. Su creencia en la música como fuerza política fue algo que le acompañó a lo largo de toda su vida. La historia de la Sinfonía Heroica es quizá la más obvia manifestación de la idea de libertad de la tiranía política a través de la belleza del arte.

La creencia de Beethoven en la humanidad del arte se hizo particularmente pronunciada en la música de sus últimos años. Esta fue para él una etapa de aislamiento social. Sin poder ya ejecutar como intérprete, cada vez más alejado de sus semejantes debido a su sordera, y sin ser ya el centro de la vida musical de Viena, Beethoven compensó todo eso componiendo una música comprometida vitalmente con la comunicación. Lo que a veces escuchamos acerca de sus cuartetos para cuerdas y sonatas para piano, en el sentido de que son abstractos y herméticos, es pura tontería, una verdad a medias nacida un siglo y medio atrás cuando esta música era poco conocida y, además, dejaba perplejos a quienes la escuchaban. Pero el impulso que motivó las últimas obras de Beethoven es una búsqueda de apertura hacia la humanidad: de ahí, por ejemplo, los tonos simples y casi folclóricos que impregnan sus últimas obras.

El musicólogo Joseph Kerman escribe acerca de Beethoven:

La decisión de llegar a tocar a la humanidad común en la forma más desnuda posible. Nunca en el pasado había experimentado Beethoven con tanta urgencia la necesidad de inmediatez. Hay algo verdaderamente conmovedor en el hecho de ver a este compositor, que había alcanzado las alturas de la sutileza en la manipulación pura de los materiales tonales, atacando las barreras a la comunicación con todas las armas de sus conocimientos. El mayor ejemplo de este impulso es la Novena Sinfonía.

La necesidad de comunicarse le llevó a la franqueza de las palabras. La sinfonía, que comienza con un murmullo velado de las cuerdas, concluye con un final operístico; de la vaguedad a lo concreto, del misterio a la alegría, de lo abstracto a lo humano, la Novena no puede contentarse con el sonido instrumental. Así Beethoven introdujo la "Oda a la Alegría" de Schiller, un texto donde el poeta (y por lo tanto el compositor) predice la hermandad de todos los hombres. Aunque el texto es ingenuo y sentimental (el poema de Schiller era, por lo menos en parte, una canción para brindar). La yuxtaposición de esta alabanza de la alegría con la tragedia, de la sátira demoníaca y la sublimidad de los primeros tres movimientos es profundamente significativa. Beethoven no sólo parece estar abrazando a millones de seres, sino diciendo que, al creer en la alegría de la hermandad, la humanidad puede elevarse por encima del dolor de la vida y del hecho de vivir.

Los sentimientos que expresan los versos de Schiller bien pueden parecer extraños a un mundo que ha conocido a Hitler y Stalin, que ha visto Auschwitz y Vietnam, pero la interpretación que hizo Beethoven de esas palabras sigue siendo una luz de esperanza. Esto se debe a que Beethoven utiliza las palabras de Schiller como una solución a los problemas universales de la humanidad señalados en los primeros tres movimientos. Beethoven hace algo más que unirse a la alabanza de Schiller a la alegría. Nos dice que es en la creencia en la hermandad y en la alegría donde yace la salvación del hombre. Beethoven hace que su coro cante no lo que es sino lo que podría ser, no la condición actual de la humanidad sino su potencial.

Expresa este mensaje de esperanza después de haber dado viva voz a otros aspectos de las emociones humanas en el primer movimiento, oscuro y trágico, el scherzo obsesivo y el adagio tranquilo.

Una docena de años separan la terminación de las Sinfonías Octava y Novena de Beethoven. Durante ese intervalo escribió principalmente música de cámara, música para piano solo, canciones y la Missa Solemnis. Estableció el estilo íntimo de sus últimos años, que en muchos sentidos resulta antitético respecto de las grandes fuerzas orquestales (y respecto de los conciertos y de las óperas).

La Novena Sinfonía, que reúne ciertas ideas con las que el autor había estado jugando a lo largo de toda su edad madura, vuelve la mirada hacia el período heroico intermedio pero lo hace a través del filtro de este estilo personal de los últimos años. Los primeros tres movimientos son, a su modo, tan extravertidos como la Quinta Sinfonía, mientras que el final coral se acerca a la pujanza de los conciertos y de la ópera Fidelio.

Ya en 1793 Beethoven había expresado su intención de componer un arreglo de la Oda a la Alegría de Schiller. En 1798 hizo un arreglo preliminar del texto de Schiller, como canción. En 1808 escribió la fantasía Coral, que llegó a ser una pieza de estudio del final de la Novena Sinfonía. En la fantasía, experimentó con una forma en la que el coro hace su entrada después de una sección orquestal ampliada. El tema del coro principal, que tomó de una canción que había compuesto en 1795, es muy similar a la melodía de la Alegría de la sinfonía. En 1812 se propuso realizar una sinfonía usando el texto de Schiller en el final. En 1815 apuntó las primeras notas de lo que iba a convertirse en el tema del scherzo de la Novena.

Beethoven continuó bosquejando la obra pero no se puso a trabajar en serio en ella hasta 1822. Todavía en el verano de 1823 planeaba un final completamente instrumental. El tema para ese rechazado movimiento se convirtió finalmente en la melodía principal del último movimiento del Cuarteto para Cuerdas en La menor, Opus 132. Una vez decidido por completo a adoptar el final coral, el compositor experimentó la mayor dificultad: cómo pasar de las partes instrumentales de la sinfonía al final coral.

Beethoven elaboró muy bien las variaciones del tema Alegría antes de componer la introducción instrumental del final. Según su amigo Antón Schindler:

Cuando llegó el desarrollo del cuarto movimiento, empezó allí una lucha tal como pocas veces se ha visto. El objetivo era encontrar una manera apropiada de introducir la Oda de Schiller. Un día, al entrar en la habitación, Beethoven exclamó: '¡Lo tengo, lo tengo!' Me mostró su cuaderno de notas con las palabras: '¡Cantemos la canción del inmortal Schiller!, después de lo cual un solo de voz comenzó directamente el himno a la alegría.

Debido a su sordera, Beethoven no pudo dirigir el estreno de su obra. Sin embargo, supervisó los ensayos. Airadamente se negó a aceptar las peticiones de los cantantes en el sentido de modificar la música para hacerla más fácil. Como sabían que no podía oír, ellos simplemente omitían las notas altas. El verdadero director dio instrucciones a los músicos para que no prestaran atención al compositor, en caso de que este comenzara a marcar el compás.

Beethoven no podía oír el estreno pero lo siguió en una copia de la partitura, imaginando en su mente los sonidos que todos los demás escuchaban. Al final de la ejecución, él todavía estaba enfrascado en su partitura sin poder oír los aplausos. Uno de los solistas le tocó el brazo y le hizo girar para que pudiera ver las manos que aplaudían y los pañuelos que se agitaban en el aire. Entonces el compositor se inclinó y saludó a la audiencia. Pudiera o no la mayoría del público comprender esta música absolutamente original y, sin duda interpretada pobremente, muy pocos sin embargo habrán podido evitar conmoverse a la vista de este gran genio de la música agradeciendo aplausos que no podía oír así como no había podido oír la música que los motivaba.

Más Notas
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Breves

  • HECTOR BERLIOZ

    Fue un creador cuyo obstáculo fue la intransigencia de la mayoría de los músicos en casi todos los temas, desde su apoyo al uso del saxofón o a la nueva visión dramática de Wagner. Su vida fue excéntrica y apasionada. Ganó el Premio de Roma, el más importante de Francia en aquel momento, por una cantata hoy casi olvidada. Su obra musical es antecesora de estilos confirmados posteriormente.

  • El aprendiz de brujo de Paul Dukas se basa en una balada de Goethe. Es un scherzo sinfónico que describe fielmente cada frase del texto original.

  • La primera ópera de la que se conserva la partitura es Orfeo de Claudio Monteverdi. Se estrenó en Mantua en 1607, con motivo de la celebración de un cumpleaños, el de Francesco Gonzaga.

  • La obra que Stravinski compuso desde la época del Octeto de 1923 y hasta la ópera The Rakes Progress de 1951, suele considerarse neoclasicista.

  • En la Edad Media encontramos la viela de arco, de fondo plano y con dos a seis cuerdas, que se perfeccionó en la renacentista, hasta llegar a su transformación en el violín moderno a partir del siglo XVI, cuando se estableció una tradición de excelentes fabricantes (violeros) en la ciudad de Cremona.


Citas

  • DANIEL BARENBOIM

    "Un director no tiene contacto físico con la música que producen sus instrumentistas y a lo sumo puede corregir el fraseo o el ritmo de la partitura pero su gesto no existe si no encuentra una orquesta que sea receptora"

  • GEORGE GERSHWIN

    "Daría todo lo que tengo por un poco del genio que Schubert necesitó para componer su Ave María"

  • GUSTAV MAHLER

    "Cuando la obra resulta un éxito, cuando se ha solucionado un problema, olvidamos las dificultades y las perturbaciones y nos sentimos ricamente recompensados"

  • FRANZ SCHUBERT

    "Cuando uno se inspira en algo bueno, la música nace con fluidez, las melodías brotan; realmente esto es una gran satisfacción"

  • BEDRICH SMETANA

    "Con la ayuda y la gracia de Dios, seré un Mozart en la composición y un Liszt en la técnica"

MULTIMEDIA

  • Hágase la Música en Radio Brisas

    Ciclo 2012 - Programa N° 26

  • El cazador furtivo

    Carl Maria von Weber

  • Celeste Aida

    Luciano Pavarotti (Radamés)

  • Largo al factotum

    Leo Nucci (Fígaro)

  • Música para cuerdas, perc. y celesta

    Béla Bartók

  • Concierto para violín Nº 4

    Georg Philipp Telemann

  • Hágase la Música en Radio Brisas

    Ciclo 2011 - Programa N° 5

  • Finlandia

    Jean Sibelius

Intérpretes

Músicos

José Canet

José Canet

Canet es el prototipo del clásico guitarrista tanguero, dispuesto siempre a unir su guitarra a una voz de tango. Sus influencias se remontan al estilo de los acompañantes de Gardel, Magaldi y Corsini. Fue uno de los pocos guitarristas que logró evadir las influencias de Roberto Grela, creador de toda una escuela en el tango. Su estilo estaba enraizado en forma directa a los conjuntos de guitarras clásicos. En muchas de sus actuaciones agregó al trío o cuarteto de guitarras otros instrumentos de cuerda: contrabajo, violines y violonchelo.

Poetas

Celedonio Flores

Celedonio Flores

Nació en Buenos Aires, en el barrio de Villa Crespo, en el que convivían criollos e inmigrantes de diferentes orígenes. En ese activo foco de cultura popular transcurrió su infancia y su adolescencia, convirtiéndose en los años '20 en poeta y letrista de gran popularidad. Sus tangos, muchas veces sentenciosos y moralizantes, con magistrales descripciones de sus personajes, recurrían abundantemente al lunfardo, el argot local.

Músicos

Osvaldo Pugliese

Osvaldo Pugliese

Osvaldo Pugliese nació el 2 de diciembre de 1905. Su padre, Adolfo, obrero del calzado, intervenía como flautista aficionado en cuartetos de barrio que cultivaban el tango. Dos hermanos mayores tocaban violín: Vicente Salvador, "Fito", y Alberto Roque, más consecuente que el primero y por muchos años ligado a la música. A Osvaldo fue el padre quien le impartió las primeras lecciones de solfeo, y comenzó a balbucear con el violín también, pero pronto se inclinó por el piano, aunque don Adolfo tardó cierto tiempo en comprar el costoso instrumento.

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