Sábado, 18 de Agosto de 2018

Clásica y Ópera | Obras Maestras

Sinfonía Nº 1 de Ludvig van Beethoven

Sinfonía Nº 1 de Ludvig van Beethoven

"Una caricatura de Haydn llevada hasta el absurdo." Este fue el comentario de un crítico con respecto a la Sinfonía en Do mayor de Beethoven, cuando el compositor la presentó en su primer concierto de gran escala en Viena. Se desconoce la reacción de Beethoven ante la dureza de semejante crítica, pero la comparación inevitable con Haydn debió de haberle irritado.







La Primera Sinfonía fue compuesta en 1799-1800, pero hay bosquejos que datan de 1795. Beethoven dirijo su estreno en Viena, el 2 de abril de 1800.

Haydn había sido maestro de Beethoven así como su principal influencia y los años próximos al 1800 estuvieron marcados por la lucha por superar esta influencia y establecer su propio estilo y su propia carrera. Las relaciones de Beethoven con su antiguo maestro en esos días eran tensas, como lo habían sido durante sus años de estudiante, 1792-1793.

En esa época, Haydn, reconociendo el genio y el potencial de su discípulo, le había pedido a Beethoven que públicamente se designara como "alumno de Haydn". El joven y testarudo compositor, sintiendo que Haydn le envidiaba, se negó. Beethoven, que como estudiante era mucho menos que ideal, insultó a su mentor una segunda vez: mientras tomaba clases de contrapunto con Haydn, en secreto, buscó otro maestro para que le ayudara con las tareas que le asignaba el primero. Con el tiempo, Haydn descubrió la duplicidad de Beethoven y, comprensiblemente, se sintió molesto. Pero Beethoven, además, fue poco honesto con Haydn de otra manera: le presentaba a su maestro obras "nuevas" que, en realidad, eran piezas que había escrito años atrás, en Bonn. Además, a Haydn le irritaba el rápido ascenso de Beethoven dentro de la sociedad vienesa. Este joven músico no estaba dispuesto a pasar las dos terceras partes de su vida como servidor de la nobleza.

Aunque Beethoven no era demasiado concienzudo en sus ejercicios de contrapunto y, aun cuando, aparentemente, Haydn era igualmente indiferente al corregirlos, el joven compositor aprendió lecciones importantes de las obras de su maestro. El tratamiento de la forma sonata, de la armonía de gran escala, del poder emocional del contraste, de las formas de lograr unidad dentro de la variedad; estas características de la mejor música de Haydn fueron modelos para las composiciones de Beethoven cuando estaba llegando a su madurez. Si bien la Primera Sinfonía no suena exactamente como si hubiera podido ser escrita por Haydn, Beethoven jamás habría logrado un ingreso tan favorable en las filas de los sinfonistas sin una comprensión profunda de lo que Haydn había logrado en sus propias sinfonías.

Haydn había planeado llevar con él a su joven protegido cuando hizo su segundo viaje triunfal a Londres, en 1794, pero las relaciones cada vez más difíciles y la desconfianza que existían entre maestro y alumno hicieron que Haydn reconsiderara esta idea. Las lecciones de contrapunto cesaron con la partida de Haydn y los dos hombres jamás reiniciaron una relación formal de maestro-estudiante. Cuando Haydn regresó a Viena, en 1795, Beethoven alguna vez le llevaba piezas musicales para que las criticara, pero el joven, a su vez, apreciaba o se molestaba con estas críticas. Beethoven respetaba a su colega mayor, pero se sentía potencialmente en competencia con él. Esta sensación de rivalidad emergió alrededor de 1800, cuando Beethoven ya no se contentaba con ser un compositor de tríos y sonatas al estilo de Haydn. Desafió abiertamente la reputación de este como el más grande compositor viviente, cuando presentó al público su Primera Sinfonía.

Hoy en día es difícil apreciar la audacia de la Primera Sinfonía. Comparada con la poderosa Heroica, la Sinfonía en Do mayor parece mansa. Pero para el auditorio de fines de siglo sugería una aterradora y novedosa visión de la música como un arte de emociones desbordantes más que un adorno social. Seguramente, algunas obras de Mozart y Haydn ya habían superado la emocionalidad de la Primera, pero su música más popular no eran las piezas del tipo Sturm und Drang ("tormenta y tensión"), sino más bien sus primas más elegantemente refinadas y clásicas. Ahora que conocemos las otras sinfonías de Beethoven, la Primera, efectivamente, nos da la impresión de pertenecer más a la era de Haydn que al siglo del romanticismo y, por lo tanto, no debe sorprendernos que durante largo tiempo la Sinfonía en Do mayor de Beethoven haya sido la más popular entre los auditorios conservadores de Viena.

Sin embargo, la novedad radical de algunas características de la Primera Sinfonía no pasó inadvertida a los primeros que la escucharon. En el primerísimo acorde los oídos contemporáneos bien pueden haber percibido el amanecer de una nueva era. En el 1800 virtualmente no existían antecedentes de una sinfonía que se iniciara con una disonancia; aun más audaz era el hecho de no empezar en el tono indicado de Do mayor, sino más bien con una sugerencia de Fa mayor. La orquestación -cuerdas en pizzicato que añaden el giro mordaz al comienzo de cada acorde de los vientos- se suma a la novedad del pasaje. Desde este comienzo dramático la música inicia un camino inexorable e intenso hacia el allegro, que llega con un enorme sentido de resolución: ¡por fin Do mayor!

Hay otros golpes de audacia aparte de esta apertura "fuera de tono". La pulsación de los timbales en el movimiento lento (que aparentemente no logra decidirse entre si quiere ser una forma fuga o una forma sonata) es absolutamente original, como lo es el carácter del tercer movimiento. Aunque aparece anotado como "minué", en la forma habitual, el movimiento es más bien un scherzo, como los que aparecen en las sinfonías posteriores de Beethoven. El compositor era consciente de que, a medida que la sinfonía se hacía más dramática en sus manos que en las de Haydn y de Mozart, el majestuoso minué (vestigio de las estilizadas suites de la danza barroca y de las serenatas rococó) ya no tenía cabida. Con Beethoven, el tercer movimiento funciona como una distensión alegre o hasta cómica después de las profundidades emotivas de un primer movimiento ocasionalmente turbulento y un segundo movimiento a veces triste. En este scherzo-minué el compás de 3/4 se mueve con tanta rapidez que no sentimos tres tiempos sino uno por compás. Como resultado, la frase inicial de ocho compases, que en realidad solamente tiene ocho tiempos, parece enloquecedoramente truncada cuando, en la forma tradicional, no se repite en su aparición final.

Otra innovación de la Primera Sinfonía se produce en la introducción al final. Los violines siguen ascendiendo por la misma escala, sin acompañamiento, alcanzando una nota más alta con cada ascenso sucesivo. Este gesto aparentemente simple raya en lo absurdo, lo que lo convierte en un contraste extremo con respecto al allegro sofisticado que viene a continuación, en el que la escala ascendente se convierte en un motivo omnipresente que llega a ser todo menos obvio. Se sabe que algunos directores de las primeras épocas hasta llegaron a omitir la introducción por temor a que el auditorio se riera.

El contraste de este humor tan obvio con el ingenio refinado de Haydn simboliza las diferencias que median entre la estética de estos dos compositores. Beethoven era capaz de gestos a la vez más obvios y más sutiles que su mentor. Si comparamos la Primera Sinfonía de Beethoven con las últimas obras de Haydn de este género (compuestas cinco años antes), podemos observar en embrión algunas de las diferencias básicas entre la música clásica y la música romántica.

No ha quedado constancia de la reacción de Haydn ante la Primera Sinfonía, pero nos inclinamos a pensar que comprendió el potencial de grandeza futura que contenían sus modestas innovaciones. La confluencia de un homenaje y una rebelión con respecto a la música de Haydn, que percibimos en la sinfonía, seguramente refleja los sentimientos ambivalentes que abrigaba el compositor en ese momento con respecto a su viejo maestro, a quien Beethoven consultaba cada vez con menor frecuencia. En sus últimos años, Haydn expresó desilusión por el olvido de su antiguo discípulo y también confusión ante las composiciones abiertamente revolucionarias de Beethoven, como la Sinfonía Heroica. Sin embargo, después del fallecimiento de Haydn en 1809, Beethoven dejó de hacer comentarios despectivos y no expresó sino admiración por el compositor cuya música había contribuido a dar forma a la propia.
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Breves

  • HECTOR BERLIOZ

    Fue un creador cuyo obstáculo fue la intransigencia de la mayoría de los músicos en casi todos los temas, desde su apoyo al uso del saxofón o a la nueva visión dramática de Wagner. Su vida fue excéntrica y apasionada. Ganó el Premio de Roma, el más importante de Francia en aquel momento, por una cantata hoy casi olvidada. Su obra musical es antecesora de estilos confirmados posteriormente.

  • El aprendiz de brujo de Paul Dukas se basa en una balada de Goethe. Es un scherzo sinfónico que describe fielmente cada frase del texto original.

  • La primera ópera de la que se conserva la partitura es Orfeo de Claudio Monteverdi. Se estrenó en Mantua en 1607, con motivo de la celebración de un cumpleaños, el de Francesco Gonzaga.

  • La obra que Stravinski compuso desde la época del Octeto de 1923 y hasta la ópera The Rakes Progress de 1951, suele considerarse neoclasicista.

  • En la Edad Media encontramos la viela de arco, de fondo plano y con dos a seis cuerdas, que se perfeccionó en la renacentista, hasta llegar a su transformación en el violín moderno a partir del siglo XVI, cuando se estableció una tradición de excelentes fabricantes (violeros) en la ciudad de Cremona.


Citas

  • DANIEL BARENBOIM

    "Un director no tiene contacto físico con la música que producen sus instrumentistas y a lo sumo puede corregir el fraseo o el ritmo de la partitura pero su gesto no existe si no encuentra una orquesta que sea receptora"

  • GEORGE GERSHWIN

    "Daría todo lo que tengo por un poco del genio que Schubert necesitó para componer su Ave María"

  • GUSTAV MAHLER

    "Cuando la obra resulta un éxito, cuando se ha solucionado un problema, olvidamos las dificultades y las perturbaciones y nos sentimos ricamente recompensados"

  • FRANZ SCHUBERT

    "Cuando uno se inspira en algo bueno, la música nace con fluidez, las melodías brotan; realmente esto es una gran satisfacción"

  • BEDRICH SMETANA

    "Con la ayuda y la gracia de Dios, seré un Mozart en la composición y un Liszt en la técnica"

MULTIMEDIA

  • El elixir del amor

    Gaetano Donizetti

  • Último día de Mozart

    Biografía

  • Hágase la Música en Radio Brisas

    Programa N° 9 - 31 de octubre de 2010

  • Hágase la Música en Radio Brisas

    Ciclo 2011 - Programa N° 6

  • Hágase la Música en Radio Brisas

    Ciclo 2011 - Programa N° 19

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    Joan Sutherland (Violetta Valéry)

  • Hágase la Música en Radio Brisas

    Ciclo 2011 - Programa N° 9

  • Muerte del ángel

    Astor Piazzolla

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Ángel Villoldo

Ángel Villoldo

Ángel Villoldo nació el 16 de febrero de 1861 y falleció el 14 de octubre de 1919. Ostenta el título de “Padre del tango”, un poco exagerado porque fueron muchas las circunstancias que originaron nuestra música. Pero su gravitación fue tan importante en sus inicios y desarrollo que lo hizo merecedor del apelativo.

Poetas

Homero Expósito

Homero Expósito

El más original, el más importante y el más representativo de los poetas del tango, a partir de la brillante generación del cuarenta. Orientó Homero Expósito su inventiva literaria consagrada a la canción popular, en la confluencia de dos actitudes poéticas temperamentalmente opuestas, pero igualmente admirables: el romanticismo nostálgico y evocativo de Homero Manzi, y el grotesco dramatismo sarcástico de Enrique Santos Discépolo. De tan sutil combinación estilística y temática sin proponérselo, logró Expósito definir una novedosa y originalísima modalidad de interpretación para la letra del tango.

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Orquesta El Arranque

Orquesta El Arranque

Nació como quinteto en 1996 interpretando un repertorio tradicional y de corte bailable. En 1997 se suman un bandoneón y un violín componiendo la formación definitiva de dos bandoneones, dos violines, piano, contrabajo, guitarra y cantor. Hoy por hoy es definitivamente un referente dentro de las orquestas de tango.

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El sábado 11 de Junio a las 21 hs se presentará en el Teatro Municipal Colón la gran cantante Amelita Baltar, acompañada por la Orquesta Municipal de Tango que dirige el Maestro Julio Davila y el pianista Aldo Saralegui como invitado especial. Luego de su presentación en Mar del Plata, la cantante estrenará un nuevo espectáculo: "Noches de Kabaret" en el Teatro Maipo de Buenos Aires.

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