Martes, 20 de Febrero de 2018

Clásica y Ópera | Obras Maestras

La Atlántida

La Atlántida

Don Manuel de Falla dejó en los coros de Atlántida un resumen cimero de sus inquietudes y de su sensibilidad musicales, de su profunda creatividad. Es el testamento musical de un artista que se comprometió severamente consigo mismo para hacer llegar a los demás un mensaje de belleza, cumpliendo lo que él vivió íntimamente como un encargo de la divina providencia.







«La Atlántida existía dentro de mí desde los años de la infancia. En Cádiz, mi ciudad natal, se me ofrecía el Atlántico a través de las columnas de Hércules y mi imaginación volaba hacia el más bello jardín de las Hespérides»... Esto manifestaba Falla en 1927, poco después de haber concebido la idea de la obra que le iba a ocupar, hasta la obsesión, durante los veinte últimos años de su vida. En el ambicioso proyecto había muchas, muchas cosas: en el tema atlántico podían fundirse lo mitológico (la ciudad sumergida), lo histórico (Colón y el Descubrimiento) y lo religioso. Este último concepto era, naturalmente, esencial para don Manuel: de hecho, en la obra Colón es visto como portador de la fe católica, como estandarte de la evangelización.

Para Falla su Atlántida era también la oportunidad de sumergirse en la cultura catalana (texto de Verdaguer, sugerencias plásticas de José M. Sert en la entraña del proyecto). La Atlántida de mosén Jacinto Verdaguer constituiría, naturalmente, la base para el libreto de su obra. Pero tal libreto -como en el caso del Retablo- dista mucho de ser una mera selección de una parte de la obra base: Falla trabajó mucho en ello y tomó también versos del Colón del mismo Verdaguer y de una «profecía» de Séneca, y elaboró el de la magnífica «Salve» a partir de textos medievales; por lo demás, algún fragmento compuesto por Falla quedó sin texto atribuido y, así, a sugerencia de Pemán, fue José M. de Sagarra quien escribió el del «Hymnus hispanicus».

Muy arduas fueron para Falla tanto la elaboración del libreto como la concepción «escénica» de la obra, hasta el punto de que sus dudas no dejaron de repercutir en la desesperante lentitud con que Atlántida avanzaba. Otros motivos más «físicos» se traducían en lo mismo: los continuos achaques en estos años de salud muy debilitada, la falta de paz espiritual sin la cual le resultaba muy problemático concentrarse en el trabajo (los acontecimientos que acabaron en la guerra civil, la propia guerra, la vivencia del exilio -que no por ser voluntario dejaba de ser traumático-, las preocupaciones económicas), sus propios tics personales (como el inusitado tiempo que le ocupaba su higiene personal o el mantenimiento de abundantísima correspondencia, cosa que le parecía insoslayable)... Texto y música quedaron incompletos y, en cuanto a la concepción escénica, ésta no sólo nunca estuvo perfilada sino que, tras la muerte de Sert (1945), Falla pasó a referirse habitualmente a su obra como oratorio, aunque la «ficha técnica» hable de «Cantata escénica en un Prólogo y tres partes».

Al morir Falla, el intrincado cúmulo de sus papeles reveló que Atlántida estaba así: prólogo prácticamente ultimado; primera parte prácticamente completa en lo vocal, pero muy deficitaria en cuanto a orquestación; segunda parte muy incompleta, sin un esquema de sus intenciones y, para más complicación, con varios pasajes para los que había escritas distintas opciones musicales; tercera parte muy avanzada, con la parte vocal totalmente escrita y pasajes también orquestados, mientras otros sólo ofrecían apuntes sobre la instrumentación o ésta faltaba por completo.

Dos opciones se abrían tras la muerte del maestro: intentar poner en pie, tal y como habían quedado, los pasajes calificables como «terminados», o bien aprovechar todo el material legado por Falla y encomendar a su dilecto discípulo Ernesto Halffter su organización, engarce y acabamiento. Los herederos del compositor y los editores (Ricordi) optaron por esta última. De este modo, tras el esforzado y problemático trabajo de don Manuel, Halffter emprendió el suyo, arduo, dubitativo, lento y emocionadamente entregado.
El primer conocimiento sonoro que pudo tenerse de Atlántida se dio en el Gran Teatro del Liceo de Barcelona, los días 24 y 26 de noviembre de 1961, con Victoria de los Ángeles, Raimundo Torres y, dirigiendo, el admirable Eduardo Toldrá, a quien la muerte esperaba a la vuelta de la esquina. Los mismos intérpretes repitieron esta primera versión de concierto en el Teatro Falla de Cádiz, el día 30. La primera versión representada tendría lugar en el Teatro alla Scala de Milán, el 18 de junio de 1962. De nuevo en versión de concierto pudo escucharse, durante 1962, en San Jerónimo de Granada, el Usher Hall de Edimburgo, la Plaza Porticada de Santander, el Victoria Eugenia de San Sebastián, el Philharmonic Hall de Nueva York, la Deutsche Oper de Berlín y en el Palacio de la Música y el Monumental de Madrid. Poco después (3 de mayo de 1963), en el Colón de Buenos Aires.

La Atlántida volvió inmediatamente a la mesa de trabajo de Ernesto Halffter. La experiencia de las audiciones y el ansia perfeccionista heredada del maestro le llevaron a reelaborar la partitura que, como «versión definitiva», se reestreno solemnemente el 9 de septiembre de 1976, en la Kunsthaus de Lucerna. Aún con algún retoque final, esta Atlántida se presentó en el Teatro Real de Madrid el 20 de mayo de 1977.

Falla, después de haber ensayado en el catalán de Verdaguer con la Balada de Mallorca y de haberse impregnado de la mejor polifonía española reescribiendo música de Victoria, dejó en los coros de Atlántida un resumen cimero de sus inquietudes y de su sensibilidad musicales, de su profunda creatividad. Es el testamento musical de un artista que se comprometió severamente consigo mismo para hacer llegar a los demás un mensaje de belleza, cumpliendo lo que él vivió íntimamente como un encargo de la divina providencia.

Fuente: Falla de José Luis García del Busto

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Breves

  • HECTOR BERLIOZ

    Fue un creador cuyo obstáculo fue la intransigencia de la mayoría de los músicos en casi todos los temas, desde su apoyo al uso del saxofón o a la nueva visión dramática de Wagner. Su vida fue excéntrica y apasionada. Ganó el Premio de Roma, el más importante de Francia en aquel momento, por una cantata hoy casi olvidada. Su obra musical es antecesora de estilos confirmados posteriormente.

  • El aprendiz de brujo de Paul Dukas se basa en una balada de Goethe. Es un scherzo sinfónico que describe fielmente cada frase del texto original.

  • La primera ópera de la que se conserva la partitura es Orfeo de Claudio Monteverdi. Se estrenó en Mantua en 1607, con motivo de la celebración de un cumpleaños, el de Francesco Gonzaga.

  • La obra que Stravinski compuso desde la época del Octeto de 1923 y hasta la ópera The Rakes Progress de 1951, suele considerarse neoclasicista.

  • En la Edad Media encontramos la viela de arco, de fondo plano y con dos a seis cuerdas, que se perfeccionó en la renacentista, hasta llegar a su transformación en el violín moderno a partir del siglo XVI, cuando se estableció una tradición de excelentes fabricantes (violeros) en la ciudad de Cremona.


Citas

  • DANIEL BARENBOIM

    "Un director no tiene contacto físico con la música que producen sus instrumentistas y a lo sumo puede corregir el fraseo o el ritmo de la partitura pero su gesto no existe si no encuentra una orquesta que sea receptora"

  • GEORGE GERSHWIN

    "Daría todo lo que tengo por un poco del genio que Schubert necesitó para componer su Ave María"

  • GUSTAV MAHLER

    "Cuando la obra resulta un éxito, cuando se ha solucionado un problema, olvidamos las dificultades y las perturbaciones y nos sentimos ricamente recompensados"

  • FRANZ SCHUBERT

    "Cuando uno se inspira en algo bueno, la música nace con fluidez, las melodías brotan; realmente esto es una gran satisfacción"

  • BEDRICH SMETANA

    "Con la ayuda y la gracia de Dios, seré un Mozart en la composición y un Liszt en la técnica"

MULTIMEDIA

  • Rapsodia Sinfónica

    Joaquín Turina

  • Noche en el Monte Calvo

    Modest Mussorgsky

  • Concierto de Aranjuez

    Joaquín Rodrigo

  • Sinfonía Nº 6 "Patética"

    Piotr Illich Chaikovski

  • Carnaval Romano

    Héctor Berlioz

  • Sinfonia Nº 25

    Wolfgang A. Mozart

  • Hágase la Música en Radio Brisas

    Nº 1 - 05 de septiembre de 2010

  • Un bel di vedremo

    Mirella Freni (Madama Butterfly)

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Una conjunción de variadas y positivas cualidades han concurrido armoniosamente para que Julián Plaza redondeara una de las personalidades artísticas más sobresalientes dentro de la historia del tango. Bandoneonista, pianista, compositor y, sobre todo, arreglador, fueron los elementos a través de los cuales se proyectó su nombre, no sólo a la consideración pública, sino especialmente al círculo de los profesionales de la música, dentro de los cuales goza de un bien ganado prestigio. Una autoridad que ha sabido ganarse a fuerza de estudio, trabajo y talento.

Voces

Héctor de Rosas

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Su estilo romántico, su voz dulce y su afinación lograron que el éxito le llegara siendo muy joven. Pero también fue un estudioso que nunca abandonó el cuidado de su voz y que, además, se formó musicalmente, a tal punto que fundó su propio conservatorio, por donde pasaron importantes figuras de la canción nacional.

Músicos

Eduardo Arólas

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