Viernes, 03 de Septiembre de 2010

Clásica y Ópera | Obras Maestras

Concierto Nº 20 para Piano de Wolfgang A. Mozart

Concierto Nº 20 para Piano de Wolfgang A. Mozart

Nadie puede negar el gran aporte que ha hecho Mozart al arte pianístico mediante los 27 conciertos para piano y orquesta que compuso en su corta vida. Es cierto que los cuatro primeros - K. 37, 39, 40, 41 correspondientes al año 1767 - son transcripciones de diferentes movimientos de otros compositores que eran contemporáneos al niño Wolfgang. Recordemos que en esos momentos contaba apenas 11 años de edad. Pero a partir del quinto las cosas ya comenzaron a cambiar, y ello nos muestra el inicio de la verdadera estructura moderna de los conciertos, a los que se adaptaron al menos los compositores de la época romántica que siguieron a este genio de Salzburgo.







Mozart  proporcionó el verdadero equilibrio que debe existir entre el instrumento del piano y la orquesta, es decir, no es un solista “acompañado” por un conjunto de músicos. Para el genio de Salzburgo no debía existir un duelo, sino un diálogo entre el ejecutante y la estructura orquestal.

Reflexionando sobre este aspecto musical, se puede destacar su concierto Nº 20, que fue terminada el 10 de febrero de 1785, ejecutada por el propio autor en Viena ya al día siguiente de haber puesto la última nota en el pentagrama. Para el conjunto orquestal fue casi como una lectura a primera vista.

El Concierto Nº 20 Köchel 466, está compuesto en Re menor, y con esta característica se evidencia como una composición “triste”. Hasta podemos considerar a esta creación como la más dramática que Mozart haya compuso en esta rama musical. Inclusive, llamativamente está escrito en la misma tonalidad que su futuro “Réquiem” y la ópera “Don Giovanni”.

¿Qué fue lo que ocurrió cuando Mozart ejecutó este concierto? El Emperador de Austria expresó a viva voz “¡bravo Mozart!”. Pero el público en realidad salió de la sala con una manifiesta división. La misma se debió a que algunos de los asistentes tuvieron la idea de que una expresión musical con estas características  ― orquesta y solista ― debería de hacer “lucir” a este último, que debía de exhibirse en alguna medida lo que se entendía como “virtuosismo”, aunque sin desmerecer a la orquesta.

Como todos los conciertos de Mozart, el número de instrumentos no es grande, pero suficientes para expresar verdaderas maravillas: 1 flauta, 2 oboes, 2 fagotes, 2 trompas, 2 trompetas (todas en re), timbales (en re - la), violines,  violonchelo y contrabajo.

El concierto consta de tres movimientos, los cuales se ajustan en buena medida al enfoque clásico: 1) allegro, 2) romanza, 3) rondó assai.

Allegro

Desde el comienzo ya se pone de manifiesto el enfoque de todo el concierto. Entran todas las cuerdas con un ritmo relativamente lento, grave y en el tono menor. A los pocos segundos se añaden los instrumentos de viento, luego los timbales. A expensas del fagot y el oboe se desarrolla luego un segundo tema para dar la aparición del piano aproximadamente a los 2.30 minutos, tiempo que depende tanto de la orquesta como del ejecutante. Luego de la entrada del pianista se vuelve al tema inicial en un excelente equilibrio entre orquesta y solista. En este primer movimiento existe casi al final una cadencia, en donde cada uno de los pianistas puede hacer más que una exhibición de su virtuosismo, una excelente demostración de su musicalidad. La cadencia más conocida es la de Beethoven, y es a la que la mayoría de los pianistas se ajustan. Aparte de ello se sabe que el genio de Bonn le tenía gran cariños a esta composición, incluyéndola varias veces en sus conciertos cuando era joven. También Johannes Brahms, Johann Nepomuk Hummel y Ferrucio Busoni crearon sus respectivas cadencias, y en los días actuales algunos pianistas hacen las propias, caso del checo Ivan Clansky y el suizo Edwin Fischer ¿Y Mozart? ¿Escribió alguna cadencia? No, por la sencilla razón de lo que se mencionó con anterioridad; la ejecutó ante el público no bien la había terminado.

Romanza

El segundo movimiento, escrito en Sol menor, se desarrolla sobre un notable contraste, como si el mismo estuviera desdoblado. Por este motivo, Albert Einstein expresó con relación a este aspecto: “Mozart nunca incluyó contrastes tan fuertes dentro de una sola obra, contrastes entre los tres movimientos así como dentro de cada uno de los movimientos individualmente”. Si bien la mayoría de los musicólogos lo dividen en cinco sesiones, de todas formas se pueden esquematizar en solo dos. ¿Cómo se comprende esto? Se inicia el mismo con una de las melodías más hermosas que jamás hayan sido compuestas para lo que es un concierto para piano y orquesta. Su lirismo es impactante. En apariencia consiste en un trabajo relativamente sencillo para el solista. ¿La razón? En ciertos momentos hay “muy pocas notas”, especialmente para la mano derecha, con lo cual la exigencia técnica por parte del pianista prácticamente no existe. Pero aquí hay que tener mucho, pero mucho cuidado. Esto nos recuerda muy bien lo que expresó en cierta ocasión Arthur Schnabel con respecto a ciertas obras pianísticas de Mozart, “Algunos grandes pianistas rehuyen a Mozart por la calidad de sus notas”. Y esto es muy cierto. En ese sentido el conocido pianista brasileño José Carlos Cocarelli se expresó de manera bastante similar: “Es difícil interpretar a Mozart porque es simple, pero tiene trucos, su simplicidad es <complicada>”. Esto se hace evidente en la parte melódica de este segundo movimiento. Realmente es muy cierto la afirmación de este virtuoso brasileño; hay un truco o trampa que es importante evitar: apurar o precipitar la entrada de cada una de estas notas. (Este desafío aparece de forma bastante similar en famosas creaciones como “Träumerie”, “Der Dichter spricht” de las “Escenas infantiles” de Robert Schumann e inclusive la “sonata D. 894” de Schubert, para citar solamente algunos ejemplos). Hay algunos pianistas que desgraciadamente lo hacen, mientras que en el caso de otros, como Arthur Schnabel, Alfred Cortot, Alfred Brendel, Geza Anda, Mitzuko Uschida, Daniel Barenboim y solamente para mencionar algunos de los mejores intérpretes de este concierto, ubican de forma magistral estas notas tan “aisladas”, lo hacen en el lugar o momento preciso, justo, lo que realza la enorme belleza de dicha romanza.  Sin embargo, el reto para el solista está en cómo tener unida o “compactada” esta melodía teniendo las notas tan “separadas”. Estas son como perlas ubicadas sobre un hermoso “terciopelo”  ― la orquesta ―  en lugares verdaderamente estratégicos para el desarrollo melódico.
Pero luego de esta hermosa exposición melódica, Mozart ataca con gran brío, tanto en la parte orquestal como también con el solista. Este segundo movimiento finaliza con la melodía inicial, dándole un hermoso toque de conclusión.

Rondó allegro assai

El asunto de “rondó” es bastante llamativo. La razón de ello es que mientras el “allegro” y la “romanza” que corresponden al primero y segundo movimientos, sí fueron señalados por Mozart en su concepción original, no ocurrió lo mismo con el tercero. Esta forma musical, es decir, la calificación de “rondó” alguien la incluyó más adelante.
El tercer movimiento, “allegro assai”, es decir, “veloz”, “rápido” está de acuerdo a la forma en que entra el piano: lo hace con gran ímpetu, utilizando arpegios. Sobre el tono de Fa mayor la orquesta replica con todo su potencial. Luego se van alternando de manera maravillosa el solista con todo el conjunto, el diálogo es magistral. Finalmente se pasa a una coda final rematando este tercer movimiento de manera sorpresiva aunque triunfal. En su totalidad este concierto dura aproximadamente entre 32 y 33 minutos.
¿Quiénes han pasado a la grabación este maravilloso concierto? La mayoría de los grandes pianistas. La lista es interminable, enorme, y hasta se podría expresar, ¡qué pianista no ha ejecutado y/o grabado este concierto alguna vez! La belleza de esta composición constituye un verdadero atractivo para gran cantidad de ejecutantes, tanto para los conocidos como  también los que no lo son.

Jorge de Hegedüs
 
Más Notas
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Breves

  • 06 de septiembre de 2007: fallece, en su casa de Módena, el tenor italiano Luciano Pavarotti. Figura clave en la popularización de la ópera. Para los aficionados serios del género, la belleza natural y el color de su voz hicieron de Pavarotti el intérprete ideal del repertorio lírico italiano. Su luminosa, resonante e inconfundible voz en las interpretaciones del Nemorino de "L'Elissir d'Amore" de Donizetti, o de "Ernani", Radamés de "Aída" y "Otello", de Verdi, o del príncipe Calaf de "Turandot", de Puccini, lo convirtieron en uno de los grandes tenores contemporáneos y el mejor pagado de la historia.

  • 03 de septiembre de 1596: nace Nicolo Amati, constructor de violines al igual que su padre, Girolamo, pero Nicolo fue el mejor artesano de la familia, el gran reformador del arte de los luthiers italianos y autor de los instrumentos más apreciados de los Amati.

  • 22 de agosto de 1862: nace el compositor francés Calude Debussy. Puso en marcha un nuevo concepto de la música, liberada de las ataduras relacionadas con la tonalidad. Su obra devela tintes modernistas, simbolistas y de otras influencias como las étnicas, que encontraban su auge a finales del siglo 19, aunque su obra suele vincularse al impresionismo.

  • 18 de agosto de 1750: nace Antonio Salieri, compositor italiano. Pasó la mayor parte de su vida en la Corte Imperial de Viena. Su filosofía artística se resume en el título de una de sus óperas célebres: Primero la música y luego las palabras.

  • 10 de agosto de 1865: nace Alexander Glazunov. De origen ruso, fue compositor, director de orquesta y pedagogo. Su estilo representó el nacionalismo ruso de la escuela de Rimski-Korsakov. Sus dotes musicales surgieron en la adolescencia, consiguiendo que el propio Liszt estrenara una sinfonía suya en Weimar.


Citas

  • Daniel Barenboim
    "Un director no tiene contacto físico con la música que producen sus instrumentistas y a lo sumo puede corregir el fraseo o el ritmo de la partitura pero su gesto no existe si no encuentra una orquesta que sea receptora"

  • George Gershwin
    "Daría todo lo que tengo por un poco del genio que Schubert necesitó para componer su Ave María"

  • Gustav Mahler
    "Cuando la obra resulta un éxito, cuando se ha solucionado un problema, olvidamos las dificultades y las perturbaciones y nos sentimos ricamente recompensados"

  • Franz Schubert
    "Cuando uno se inspira en algo bueno, la música nace con fluidez, las melodías brotan; realmente esto es una gran satisfacción"

  • Bedrich Smetana
    "Con la ayuda y la gracia de Dios, seré un Mozart en la composición y un Liszt en la técnica"

MULTIMEDIA

  • Dammi i colori... Recondita armonia

    Mario del Monaco (Mario Cavaradossi)

  • Ah Si Ben Mio

    Franco Corelli (Manrico)

  • La condenación de Fausto

    Héctor Berlioz

  • Música para cuerdas, perc. y celesta

    Béla Bartók

  • Richard Wagner

    Biografía

  • El holandés errante

    Richard Wagner

  • Sinfonía Nº 3 "Órgano"

    Camille Saint Saens

  • Pagliacci

    Ruggero Leoncavallo

Intérpretes

Poetas

Enrique Cadícamo

Enrique Cadícamo

Poeta, escritor y autor teatral. El primer tango de Cadícamo fue “Pompas de jabón”, con música de Roberto Goyheneche. Fue el primer tango que Gardel le grabó al poeta marcando el inicio de sus notables creaciones. Además le cupo a Cadícamo ser el autor del último tango que Gardel grabó en la Argentina, antes de emprender su última gira, el tango “Madame Ivonne”, grabado el 6 de noviembre de 1933. Su obra no se limitó al tango, sino que abarcó múltiples ritmos. Su creación profílica y multifacética es un aporte significativo a la cultura popular.

Voces

Lidia Borda

Lidia Borda

Desde 1995 transformada en una de las principales intérpretes del género, Lidia Borda es admirada por público y crítica, quienes la consideran una cantante de culto y la mejor voz femenina surgida en las últimas décadas, despertando elogiosos comentarios. Moderna y original se remite a un repertorio clásico y poco transitado, registrado en parte en sus discos "Entre sueños", "Patio de tango" y "Tal vez será su voz".

Músicos

Antonio Agri

Antonio Agri

Antonio Agri compartió casi tres lustros de música con Astor Piazzolla. Agri era santafesino y violinista casi autodidacto, según su definición. Abandonó Rosario, junto con su puesto en la Sinfónica local, a los 28 años. En Buenos Aires lo esperaba el tango y una prueba con Piazzolla, quien demoró seis meses en resolver la admisión pero lo hizo en forma rotunda y definitiva. En el tango sumó, entre muchas otras, la experiencia de ser convocado en ocasiones por Aníbal Troilo, de animar dos de las etapas de vida del Quinteto Real -junto a Horacio Salgán- y su propio Quinteto con sede en París, codirigido por el bandoneonista Juan José Mosalini.

Bs. As., 04 de julio

Se cumple un nuevo aniversario de la muerte de Astor Piazzolla

Astor Pantaleón Piazzolla nació en Mar del Plata el 11 de marzo de 1921 y murió en Buenos Aires un 4 de julio de 1992. Fue uno de los músicos de tango más importantes de la segunda mitad del siglo XX. Según muchos especialistas, fue uno de los músicos de tango más importantes de la segunda mitad del siglo XX. Estudió armonía y música clásica y contemporánea con la compositora y directora de orquesta francesa Nadia Boulanger (1887-1979).

Bs. As. 31 de mayo

Murió Rubén Juárez

El cantante y bandoneonista tenía 62 años y estaba internado desde el viernes en el sanatorio Güemes, a donde había sido trasladado desde Córdoba. Los restos del músico son velados en la Legislatura porteña. Juárez empezó a tocar el bandoneón a los 6 años y llegó a grabar con figuras de la música de la talla de Charly García, Pedro Aznar, Leopoldo Federico, Raúl Garello, Litto Nebbia, Roberto Grela y José Colángelo, entre otros. Había nacido en la localidad cordobesa de Ballesteros, pero creció en Avellaneda, en donde, a los nueve años ya tocaba en la orquesa juvenil de Independiente.

Letras

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