Jueves, 14 de Diciembre de 2017

Clásica y Ópera | Historia

Strauss, funcionario del régimen de Hitler

Strauss, funcionario del régimen de Hitler

Richard Strauss no era un hombre político. Los acontecimientos políticos le afectaban únicamente en la medida en que afectaban a la interpretación de su música. Sin embargo, nadie que viviera en Alemania en las décadas de 1930 y 1940 podía mantener una indiferencia total con respecto al Tercer Reich.







En un principio Strauss aceptó a los nazis: él, como muchos de sus compatriotas, ignoraba las atrocidades, cada vez mayores, que se estaban cometiendo. Finalmente reconoció los horrores de Hitler, sintiendo la destrucción que reinaba a su alrededor de una manera profundamente personal. El despertar político de este octogenario y su recién descubierta sensibilidad al mundo que le rodeaba produjo un impacto sobre su música. Después de dos décadas que habían producido composiciones bastante áridas, que eran pálidas sombras de sus excitantes poemas tonales del período entre 1888 y 1904 y las óperas entre 1905 y 1914, Strauss empezó a componer música auténticamente personal y emotiva. Sus asombrosas obras postreras, especialmente Metamorfosis y Las Cuatro Ultimas Canciones, expresan profundamente los últimos años del compositor y, según él lo veía, los años agonizantes de una gran cultura.

Como explica el biógrafo George Marek:

"Strauss no era nazi. Tampoco era antinazi. Fue una de esas personas que dejó que las cosas sucedieran. Fue uno de los que siguieron el juego. Fue uno de esos que pensaba: “Bueno, después de todo seguramente no actúan con tanta perversidad como predican”. Así pensó hasta que los rufianes le tocaron en lo personal."

En un principio Strauss acogió bien a Hitler, creía que el nuevo gobierno apoyaría el arte alemán. Los líderes del Reich estaban interesados en Strauss. Comprendían la importancia política del arte. Sabían que tener en su bando a artistas importantes contribuía a legitimar su gobierno, tanto en Alemania como ante el resto del mundo. Strauss fue invitado a conocer a Hitler y a sus hombres de confianza Hermann Góring y Joseph Goebbels. En 1933 Strauss aceptó el puesto de presidente de la repartición oficial que tenía jurisdicción sobre toda la música alemana: la Reichsmusikkammer.

El compositor pronunció estas palabras ante la primera reunión de ese organismo:

"Después de que Adolf Hitler asumiera el poder, muchos son los cambios que se han producido en Alemania, no sólo desde el punto de vista político sino también en el campo de la cultura. A pocos meses de gobierno nacionalsocialista, este ya ha logrado crear un organismo como la Reichsmusikkammer. Esto prueba que la nueva Alemania no está dispuesta a permitir que las cuestiones artísticas pasen desapercibidas como lo hacían más o menos hasta el momento. Prueba que se están buscando con decisión nuevas formas y medios para posibilitar un nuevo vigor en nuestra vida musical".

Para ser justos con Strauss, debemos mencionar que pocos alemanes reconocieron los peligros del nazismo a principio de la década del 30. Hitler era aclamado en medio de grandes esperanzas con respecto al futuro. Pero a medida que transcurrían los meses y se ponían en práctica políticas cada vez más represivas, la gente empezaba a darse cuenta de la amenaza subyacente de Hitler y sus secuaces. No así Strauss. Por lo menos no abiertamente. El compositor tomó muy en serio su cargo en la Reichsmusikkammer, pero al hacerlo se vio obligado a actuar políticamente. Cada acto de un funcionario público es un acto político, y Strauss, a pesar de todo, era funcionario del régimen de Hitler.

Cuando Goebbels denunció que el compositor Paul Hindemith demostraba "señales de una actitud no alemana", Strauss le envió un telegrama a Goebbels felicitándole por "depurar a los elementos indeseables". Cuando el director Bruno Walter, que era judío, fue obligado mediante amenazas de violencia, a cancelar una presentación con la Filarmónica de Berlín, Strauss le sustituyó supuestamente por el bien de los integrantes de la orquesta. Cuando el director italiano Arturo Toscanini rehusó dirigir una presentación del Parsifal de Wagner en la Alemania de Hitler, Strauss le sustituyó, por el bien de la música de Wagner. Cuando el periódico oficial de Hitler condenó al autor Thomas Mann por escribir un artículo sobre Wagner que no era totalmente adulatorio, Strauss se unió a un grupo de artistas alemanes que firmaron una carta abierta en apoyo de la decisión del periódico. La mayoría de los grandes músicos alemanes huyeron de su patria durante la década de 1930, instalándose muchos de ellos en Estados Unidos. Strauss se quedó.

Pero sabía lo que estaba ocurriendo. Era demasiado viejo para dejar atrás su país, sus posesiones, su vida como la había vivido hasta entonces. Siguió colaborando con los nazis por miedo a la seguridad de su familia. Hasta llegó a componer una pieza en honor de la familia real japonesa a cambio de la promesa de que su nuera y sus nietos no serían tocados.
No pasó mucho tiempo antes de que Strauss sintiera personalmente la opresión del régimen de Hitler. Se le obligó a cancelar una interpretación en Salzburgo porque en ese momento a los nazis no les interesaba Austria. En realidad se le pidió que probara que era un artista ario con credenciales profesionales (el compositor dio como referencias a Mozart y Wagner). Su libretista Stefan Zweig tuvo grandes problemas en Alemania porque era judío, y el compositor en lo sucesivo no pudo trabajar con él. Strauss veía la destrucción de grandes monumentos de la cultura alemana, y por fin sintió el pleno impacto de la locura reinante. La destrucción de los teatros de la ópera de Berlín, Dresden y Viena en 1945 conmovió al anciano compositor de un modo personal, mucho más que lo que le había conmovido el asesinato de millones de personas inocentes pero anónimas durante la década anterior. Le escribió al crítico Willi Schuh:

"El incendio del Teatro de la Corte de Munich, donde se estrenaron Tristan y Die Meistersinger, donde oí por primera vez Freischütz 73 años atrás, donde mi padre ocupó el lugar del primer corno durante 49 años -ha sido la mayor catástrofe de mi vida; no hay consuelo posible, y a mi edad, no hay esperanza”.

Strauss empezó a reunir algunos esbozos de composiciones recientes para una obra denominada Dolor por Munich, que finalmente se convirtió en Metamorfosis.
A otro amigo el compositor le escribió:

La flor de la música alemana, que había florecido durante doscientos años, se ha estado secando, su espíritu atrapado en la maquinaria, y la gloria de su corona, la ópera alemana, arrancada de cuajo para siempre; la mayor parte de sus hogares ha quedado reducida a escombros y cenizas y algunos de los que no han sido destruidos ya han sido degradados, convertidos en cines (la Opera Estatal de Viena). Toda la obra de mi vida está en ruinas; jamás volveré á escuchar mis óperas... En la pobre Munich la casa en que nací, junto a la hermosa iglesia de San Miguel, ya ha sido bombardeada. En síntesis, mi vida ha llegado a su fin.

En este estado de desesperación Strauss compuso Metamorfosis.

El día antes de que Strauss concluyera la composición, los rusos entraron en Viena. Tres días más tarde los norteamericanos tomaron Nuremberg y los rusos atacaron Berlín. Dos semanas después Hitler se suicidó. Al final del mes, la guerra había terminado. Metamorfosis, el réquiem para una gran civilización que había sucumbido a una locura temporal, fue creada en medio de los días finales de esa locura. La música está imbuida de la profundidad de la tragedia. Strauss puede haber sido lento en reconocer la verdad acerca de su Alemania, pero la música demuestra con absoluta claridad que, en su alma, la comprendía. Tal vez el compositor fue ingenuo en lo político, pero los hechos conspiraron para obligarle y obligar a su música a entrar en contacto con el mundo real, y en el proceso, se convirtió en un compositor mucho más grande que lo que había sido durante años. En el sentido más elevado, Metamorfosis es, de hecho, una obra política, aunque provenga de la pluma de un compositor que había pasado décadas virtualmente ajeno al mundo.

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Breves

  • HECTOR BERLIOZ

    Fue un creador cuyo obstáculo fue la intransigencia de la mayoría de los músicos en casi todos los temas, desde su apoyo al uso del saxofón o a la nueva visión dramática de Wagner. Su vida fue excéntrica y apasionada. Ganó el Premio de Roma, el más importante de Francia en aquel momento, por una cantata hoy casi olvidada. Su obra musical es antecesora de estilos confirmados posteriormente.

  • El aprendiz de brujo de Paul Dukas se basa en una balada de Goethe. Es un scherzo sinfónico que describe fielmente cada frase del texto original.

  • La primera ópera de la que se conserva la partitura es Orfeo de Claudio Monteverdi. Se estrenó en Mantua en 1607, con motivo de la celebración de un cumpleaños, el de Francesco Gonzaga.

  • La obra que Stravinski compuso desde la época del Octeto de 1923 y hasta la ópera The Rakes Progress de 1951, suele considerarse neoclasicista.

  • En la Edad Media encontramos la viela de arco, de fondo plano y con dos a seis cuerdas, que se perfeccionó en la renacentista, hasta llegar a su transformación en el violín moderno a partir del siglo XVI, cuando se estableció una tradición de excelentes fabricantes (violeros) en la ciudad de Cremona.


Citas

  • DANIEL BARENBOIM

    "Un director no tiene contacto físico con la música que producen sus instrumentistas y a lo sumo puede corregir el fraseo o el ritmo de la partitura pero su gesto no existe si no encuentra una orquesta que sea receptora"

  • GEORGE GERSHWIN

    "Daría todo lo que tengo por un poco del genio que Schubert necesitó para componer su Ave María"

  • GUSTAV MAHLER

    "Cuando la obra resulta un éxito, cuando se ha solucionado un problema, olvidamos las dificultades y las perturbaciones y nos sentimos ricamente recompensados"

  • FRANZ SCHUBERT

    "Cuando uno se inspira en algo bueno, la música nace con fluidez, las melodías brotan; realmente esto es una gran satisfacción"

  • BEDRICH SMETANA

    "Con la ayuda y la gracia de Dios, seré un Mozart en la composición y un Liszt en la técnica"

MULTIMEDIA

  • La Coccinelle

    Cecilia Bartoli

  • La consagración de la primavera

    Igor Stravinsky

  • Pompa y Circunstancia

    Edward Elgar

  • Der Vogelfaenger Bin Ich Ja

    Bryn Terfel (Papageno)

  • Los pinos de Roma

    Ottorino Respighi

  • Follie!... Sempre libera

    Joan Sutherland (Violetta Valéry)

  • Vals Nº 6

    Frederic Chopin

  • Pequeña música nocturna

    Wolfgang Amadeus Mozart

Intérpretes

Músicos

José Dames

José Dames

Pureza y riqueza melódica, frases de personalísima inventiva y perfecto desarrollo, clara inspiración e inalterable e inconfundible jerarquía musical respira toda la frondosa obra de composición de José Dames. Desde que comenzó su labor en nuestra música popular, como bandoneonista y compositor, a mediados de la década del '30 del siglo pasado y hasta el presente, su imaginación ha producido más de 350 piezas. Pero si hubiera escrito únicamente estas tres, "Fuimos", "Nada" y "Tú", toda la adjetivación prodigada en este párrafo quedaría ampliamente justificada.

Voces

Carlos Gardel

Carlos Gardel

Carlos Gardel es quizás el más grande mito de la Argentina. Su habilidad artística, su talento incomparable como cantor de los arrabales porteños, su instinto musical para componer algunos de los más grandes tangos de todos los tiempos, su estupendo carácter, su fanatismo por las carreras, le han llevado a ser quizás sólo igualado por la otra leyenda del país del sur del Plata: Eva Perón. Sin embargo, mientras toda actividad política puede ser digna de objeciones, comentarios y recelo por parte de determinados sectores de la población, la figura de Carlos Gardel se erige como universal para todos los argentinos y los seguidores del tango a través del orbe.

Poetas

Cátulo Castillo

Cátulo Castillo

Cátulo Castillo recorrió con sus letras los temas que siempre obsesionaron al tango: la dolorosa nostalgia por lo perdido, los sufrimientos del amor y la degradación de la vida. No tuvo en cambio espacio para el humor ni para el trazo despreocupado, y tampoco para el énfasis rítmico de la milonga. La palabra "último" figura en varios de sus títulos, como dando testimonio de ese desfile de adioses que atraviesa sus letras, donde hay siempre compasión por quienes padecen y un frecuente recurso al alcohol como fuga.

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El sábado 11 de Junio a las 21 hs se presentará en el Teatro Municipal Colón la gran cantante Amelita Baltar, acompañada por la Orquesta Municipal de Tango que dirige el Maestro Julio Davila y el pianista Aldo Saralegui como invitado especial. Luego de su presentación en Mar del Plata, la cantante estrenará un nuevo espectáculo: "Noches de Kabaret" en el Teatro Maipo de Buenos Aires.

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