Viernes, 12 de Marzo de 2010

Clásica y Ópera | Historia

La Bohemia de Dvorák

La Bohemia de Dvorák

Antonín Dvorák quiso ser el portavoz musical de su país transitando los caminos del melodrama pero en parte fracaso en el empeño. Por el contrario, la frescura, la sinceridad y la vitalidad de su expresión melódica y rítmica encontró su mejor cauce en las formas heredadas del clasicismo. En una época en que la música sufría el máximo influjo de la literatura y de las demás artes, su obra vino a reafirmar la fuerza de las leyes y de los valores musicales absolutos, incluso para plasmar su ideal nacionalista.








La existencia de Antonín Dvorák, fuera del paréntesis norteamericano, discurrió dentro de los límites de la Bohemia de Francisco José, la tierra regada por el Vltava (Moldava) donde desde antiguo habían convivido elementos germanos y checos. Esa dualidad gravitaría sobre su actividad creadora.

Fue cosmopolita en el sentido de participar en las corrientes europeas hegemónicas y al mismo tiempo nacionalista, y este último aspecto no sería un mero barniz localista más o menos peculiar sino que determinaría las estructuras melódicas, la armonía, el ritmo y la sonoridad general de su música.

Nació Dvorák el 8 de septiembre de 1841 en la localidad de Nelahozeves (Mühlhausen en alemán), a unos treinta kilómetros al norte de Praga, siguiendo el curso del Vltava. El río describe una pronunciada curva antes de desembocar en el Elba, al pie de la colina de Melnik, no lejos de donde nació Santa Ludmila, legendaria patrona de Bohemia, protagonista de las luchas por la cristianización del país y de un oratorio compuesto por Dvorák en 1886. El caserío de esta pequeña población está dominado por el imponente castillo del siglo XVI de los príncipes Lobkowicz, poderosa familia promotora de las artes y la cultura, uno de cuyos miembros fue un conocido amigo y mecenas de Beethoven.

Este escenario de Bohemia, por su situación geográfica en el corazón de Europa, se vio envuelto a lo largo del paso de los siglos en trascendentales acontecimientos políticos. Hace más de mil años, con la fundación del Gran Imperio Moravo (830-906), la más occidental de las razas eslavas iba a alcanzar su mayor momento de esplendor. Pero apenas tres cuartos de siglo después fue arruinado abruptamente por la invasión de los magiares. La coronación de Otón I en Roma en 962 marcó la restauración del Sacro Imperio Romano en cuya órbita iba a girar Bohemia durante siglos sometida sucesivamente a las dinastías de sajones, salios, Hohenstaufen y finalmente Habsburgos.

La cristianización que se había iniciado ya a principios del siglo IX planteó una nueva dinámica. El príncipe Rotislav hacia 863, con el fin de contrarrestar los intentos de dominación eclesiástica provenientes de Roma y la presión del reino franco, solicitó del emperador bizantino Miguel III el envío de predicadores y misioneros eslavos. Un grupo de clérigos dirigidos por dos hermanos de Tesalónica, Constantino, más tarde llamado Cirilo, y Metodio, llegó de Constantinopla en 863 y no sólo predicaron en eslavo, sino que tradujeron a este idioma los textos sagrados y lo usaron en el servicio divino. A Cirilo le es atribuida la creación del primer alfabeto eslavo (glagolítico) basado en caracteres griegos que en su forma final, llamada precisamente cirílica, está aún vigente en Rusia y en otros países eslavos.

Cirilo y Metodio defendieron su causa en Roma fueron autorizados formalmente por el papa Adriano II a utilizar la liturgia eslava, factor de autonomía frente a los intentos de los obispos alemanes de Salzburgo, Passau y Ratisbona, que reclamaban su soberanía sobre el territorio checo y que querían legitimarla mediante el exclusivo uso del rito latino. Pero tras la muerte de ambos hermanos, el papa Esteban V prohibió la liturgia eslava y sus discípulos tuvieron que exiliarse a Bulgaria ante el triunfo del clero germano que impuso el ritual latino.
Es un capítulo más de la confrontación entre lo checo y lo teutón que ha tenido sus episodios más conocidos en la historia de Jan Hus, el reformador religioso y patriota condenado en el Concilio de Constanza, y en el levantamiento checo contra la dominación austriaca que inició la Guerra de los Treinta Años y se saldó con la derrota en la famosa batalla de la Montaña Blanca de 1620, librada en las afueras de Praga. El pueblo fue obligado a hacerse católico y el alemán fue declarado idioma oficial, La nación checa dejó de existir en los siglos XVII y XVIII. Sólo en el XIX volvió en realidad a nacer. Tenía un pasado glorioso, pero estaba separada de él por un foso de doscientos años. Las clases altas urbanas, dedicadas a la industria, el comercio y las artes, eran mayoritariamente alemanas y el idioma se había refugiado casi enteramente en el campo creando una cultura que recopilarían los poetas y músicos checos del siglo XIX.

Pocas posibilidades estaban abiertas a los checos de clase media y de origen campesino para mejorar socialmente. Algún alivio se produjo en la situación en la última etapa del absolutismo de los Hasbsburgo a partir de 1830. Se toleraban actividades culturales, la edición y distribución de libros en checo, representaciones teatrales y actos públicos diversos, siempre y cuando no tuviesen carácter político. Pero con la revolución de 1848 maduró la conciencia ya bastante extendida de que Bohemia debía alcanzar un todavía no muy bien definido grado de autonomía.

Ya a finales del siglo XVII escritores e intelectuales habían hecho suyas las ideas de Rousseau en defensa de la autoexpresión como base de la individualidad y de Herder, según las cuales la poesía de una nación debe incorporar caracteres tradicionales y ambientales de la raza inmunes a influencias extrañas. Pero la mejor defensa de la nación y de su derecho a existir en el teatro de la Historia, la plasmaría Fichte en sus Discursos a la nación alemana, que aunque dirigidos a sus compatriotas eran trasplantables a cualquier otra realidad nacional. Parte de un instrumento mayor de sustentación y decisión, el idioma. En todo pueblo que posee una lengua viva, la cultura intelectual penetra en la vida real. Ese idioma originario y vivo es productor básico de una cultura espiritual que moviliza al pueblo todo sin abrir discriminaciones en su seno y le confiere capacidad y tenacidad para alentar comunes objetivos. El idioma es la columna vertebral de la nación.

Ahora bien, cada sector que se suma al proceso de maduración nacional procura infundirle su dinámica y con ella las limitaciones de sus intereses. Esta confusión de fines derivada del fraccionamiento de la idea de nación, sirve a sectores cuyas aspiraciones encuentran su mejor defensa en una visión conformista alimentada de reminiscencias nostálgicas. El nacionalismo que se vuelve al pasado, somete a la comunidad al riesgo de su paralización y se convierte a la postre en un instrumento de represión.

Estas ideas parecen iluminar toda la historia checa y sus avatares durante la segunda mitad del siglo XIX. Tras el sobresalto de 1848, mientras los germanos miraban hacia la Asamblea de Frankfurt, los checos se oponían sin éxito a una política renovada y modernizada de centralización. A partir de diciembre de 1851 Francisco José empezó a reinar como monarca absoluto. En octubre de 1860 inauguró una era constitucional que sin embargo no podía conciliarse con tendencias federalistas, ya que era demasiado el poder concentrado en Viena. Después de la guerra con Prusia y la derrota de Sadowa en 1866, se instauró al año siguiente la monarquía dual, sistema gracias al cual los húngaros obtuvieron una posición predominante en Hungría.

No es extraño que surgiese con fuerza la idea de la restitución del reino de Bohemia a su antiguo rango, similar al de Hungría, pero precisamente con la consolidación del sistema dual declinaron sus posibilidades de realización. Los nacionalistas checos tenían a su disposición las dos opciones clásicas, luchar abiertamente contra las instituciones o valerse de ellas para obtener ventajas en puntos concretos de educación, emancipación de las influencias clericales, nivel de vida, etc. Después de una tortuosa progresión en la que abundaron las decepciones, no verían colmadas sus aspiraciones hasta 1918.

Antonín Dvorák quiso ser el portavoz musical de su país transitando los caminos del melodrama pero en parte fracaso en el empeño. Por el contrario, la frescura, la sinceridad y la vitalidad de su expresión melódica y rítmica encontró su mejor cauce en las formas heredadas del clasicismo. En una época en que la música sufría el máximo influjo de la literatura y de las demás artes, su obra vino a reafirmar la fuerza de las leyes y de los valores musicales absolutos, incluso para plasmar su ideal nacionalista.

Fuente: “Dvorák” de Domingo del Campo

Más Notas
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Breves

  • 14 de marzo de 1681: nace Georg Philipp Telemann, compositor del Barrocco alemán. Fue un compositor prolífico y produjo una enorme cantidad de obras seculares y religiosas. Su catálogo incluye 1043 cantatas religiosas, 46 partituras sobre la Pasión y numerosas óperas. En el terreno instrumental practicó con notable continuidad la suite orquestal conformada por una obertura y una sucesión de movimientos de danza.

  • 11 de marzo de 1921: nace Astor Piazzolla, compositor argentino. Astor representa uno de los rarísimos casos en que un autor se desenvuelve de forma extraordinaria tanto en el mundo de la música popular, con sus tangos porteños, como en el de la música culta o clásica.

  • 11 de marzo de 1851: estreno de "Rigoletto", considerada la obra maestra de Verdi, en el teatro La Fenice, de Venecia. Basada en la obra "El rey se divierte" de Víctor Hugo y adaptada por Piave, "Rigoletto" cuenta la historia del bufón del duque de Mantua.

  • 11 de marzo de 1819: nace Marius Petipa, bailarín y coreógrafo francés. Su producción total es inmensa y en cierta forma inclasificable: obras diferentes contenían, en proporciones variables, cuentos de hadas, fantasías de todo tipo, influencias del ballet romántico francés, temas históricos tratados de una manera no muy rigurosa, y como ingrediente exótico, danzas inspiradas en folclores de distintos países.

  • 09 de marzo de 1842: se estrena la ópera de Verdi "Nabucco", en La Scala de Milán. La melodía del coro "Va pensiero" se convirtió en la canción de súplica y combate de todos los patriotas italianos que se identificaban con el pueblo hebreo en su hora más difícil y se esforzaban por liberarse de la dominación extranjera.


Citas

  • Daniel Barenboim
    "Un director no tiene contacto físico con la música que producen sus instrumentistas y a lo sumo puede corregir el fraseo o el ritmo de la partitura pero su gesto no existe si no encuentra una orquesta que sea receptora"

  • George Gershwin
    "Daría todo lo que tengo por un poco del genio que Schubert necesitó para componer su Ave María"

  • Gustav Mahler
    "Cuando la obra resulta un éxito, cuando se ha solucionado un problema, olvidamos las dificultades y las perturbaciones y nos sentimos ricamente recompensados"

  • Franz Schubert
    "Cuando uno se inspira en algo bueno, la música nace con fluidez, las melodías brotan; realmente esto es una gran satisfacción"

  • Bedrich Smetana
    "Con la ayuda y la gracia de Dios, seré un Mozart en la composición y un Liszt en la técnica"

MULTIMEDIA

  • Dammi i colori... Recondita armonia

    Mario del Monaco (Mario Cavaradossi)

  • El caballero de la rosa

    Richard Strauss

  • Las bodas de Fígaro

    Wolfgang A. Mozart

  • Bedrich Smetana

    Biografía

Intérpretes

Músicos

Astor Piazzolla

Astor Piazzolla

Piazzolla representa uno de los rarísimos casos en que un autor se desenvuelve de forma extraordinaria tanto en el mundo de la música popular, con sus tangos porteños, como en el de la música culta o clásica. Creó un nuevo género llamado tango sinfónico renovando de esta manera de forma decisiva el tango. Si se considera que la obra de Piazzolla comienza en 1946 con El desbande y concluye en 1990, con Le grand tango y con Five tango sensations, que el mismo año graba con el cuarteto de cuerdas Kronos, se deduce que cubre 46 años, un lapso en el que produjo no menos de ochocientas obras.

Voces

Carlos Gardel

Carlos Gardel

Carlos Gardel es quizás el más grande mito de la Argentina. Su habilidad artística, su talento incomparable como cantor de los arrabales porteños, su instinto musical para componer algunos de los más grandes tangos de todos los tiempos, su estupendo carácter, su fanatismo por las carreras, le han llevado a ser quizás sólo igualado por la otra leyenda del país del sur del Plata: Eva Perón. Sin embargo, mientras toda actividad política puede ser digna de objeciones, comentarios y recelo por parte de determinados sectores de la población, la figura de Carlos Gardel se erige como universal para todos los argentinos y los seguidores del tango a través del orbe.

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