La historia del canto operístico comienza con el nacimiento mismo del género. Su progresivo avance, su evolucionar, trajo aparejada la actividad de los cantantes que fueron cobrando estado público cuando la ópera se afirmó y expandió más allá de su inicial cenáculo, la Camerata Fiorentina de finales del siglo XVI.
Los italianos dominan el comienzo del melodrama y el cantante es el resultado de aquella hegemonía. Durante casi todo el siglo XVII Europa se ve absorbida por el cantante italiano y la aparición y formación de escuelas de canto afianza este proceso. Este hecho continuó acentuándose durante la siguiente centuria. El maestro de canto del siglo XVIII llegó a tener un inigualado privilegio. El maestro Tosí, por ejemplo, escribió un tratado y el célebre Nicola Porpora logró formar algunos de los vocalistas más conocidos de ese período. Los protagonistas del virtuosismo belcantista comenzaban a hacerse notar en la escena de los teatros líricos, que habían surgido como baluartes y propulsores de la ópera.
El extraño arte de los castrati
Curiosamente los primeros en imponerse constituyeron una extraña raza y la historia del arte lírico recoge sus nombres como verdaderos ídolos y extraños seres poseedores de un sorprendente registro vocal: los castrati.
Una arbitraria costumbre de entonces -desarraigar a las mujeres de la actuación pública -originó otra costumbre aún peor como fue perturbar el crecimiento normal del varón en su adolescencia sometiéndolo a la castración, con el ánimo de preservar la voz blanca, pero en condiciones sumamente singulares porque la aproximaba a la voz femenina. Un curioso registro que encontró campo de aplicación como material sonoro. Este hecho humanamente indefendible, llevó a los sopranistas a configurar una época, a tener la casi preeminencia del bel canto en especial durante la primera mitad del setecientos.
El origen de esta extraña disciplina vocal también suele connotarse con la intención de desarraigar a los falsetistas de las iglesias, afirmándose aquella rara estirpe de los castrati, sujeta a una rigurosa metodología de estudio. Los maestros de los sopranistas se multiplicaron. Algunos, como Pistocchi y el ya citado Porpora se convirtieron en virtuosos de la enseñanza europea del canto.
En el siglo XVII surgieron a la fama algunos sopranistas como el célebre Baldassarre Ferri, que inició su carrera en la corte de Varsovia en 1625 para proseguirla luego en Viena y en Italia; o como Giovanni Grossi (Siface) que murió trágicamente asesinado en 1697. Pero se debe esperar al siglo siguiente para advertir la presencia de quien fuera ensalzado como el más virtuoso: Carlo Broschi, apodado Farinelli (1705-1782).
Apareció en Roma donde solía competir con un clarinetista en sostener notas y en agilidad vocal y se cuenta que lo dejaba fatigado y proseguía con sus vocalizaciones rápidas y dificultosas. No solamente la excepcional voz adquirida por tan inhumano y deplorable procedimiento era estandarte de su fama. Una prodigiosa habilidad y la inspiración del momento completaban aquellas facultades del más célebre sopranista. Un contemporáneo suyo, el maestro de canto Mancini, ensalzaba su "voz portentosa, perfecta, cálida, sonora, rica en extensión, de timbre dulcísimo, tanto en las notas profundas como en las centrales y agudas...", aclarando también que "el arte de saber retener el aliento con reserva y pureza suma, sin que nadie lo notara, comenzó y terminó con él. La entonación, la manera de modular y reforzar la voz, el portamento, la unión de los registros, la sorprendente agilidad, sus trinos perfectísimos en seis modos distintos fueron cualidades suyas...". Este entusiasmo se ve reforzado por el testimonio del poeta Metastasio, de quien se tienen indicios de su desprecio por los castrati. De ahí que al sostener que Farinelli "debió ser tocado al nacer por la mano del Divino Creador" reconoce la singularidad de esta suerte de ruiseñor que cantó por espacio de unos cuarenta años.
Otros representantes destacados de esta extraña estirpe vocal que invadía los escenarios líricos fueron Gaetano Majorano (Caffarelli), Antonio Bernacchi, Giovanni Carestini (Cusanino), Antonio Uberti (el Porporino, discípulo de Porpora), Francesco Bernardi, apodado Senesino (a quien Haendel llevó a Londres) y Gioacchino Conti, alias Gizziello. Con este panorama nos ubicamos en el siglo XVIII, algunos de cuyos representantes finales fueron Gaspare Pacchierotti, Girolamo Crescentini y Luigi Marchesi (Marchesini), llegándose con Giovanni Battista Velluti -considerado el último gran sopranista- a los albores del siglo XIX, cuando se produce la virtual extinción de esta estirpe de cantantes.
Prime Donne y tipologías vocales
Pese a la atracción que estos singulares personajes, producto de tan aberrante como sorpresiva práctica, ejercieron en aquellos auditorios líricos, las estrellas femeninas se hicieron notar, adquiriendo el divismo carta de ciudadanía. Las italianas Faustina Bordoni (1700-1770) y Francesca Cuzzoni (1700-1770) tuvieron predicamento por entonces. Esta última creó en Londres la parte de Cleopatra en Julio César de Haendel en 1724, junto al sopranista Senesino, quien también la acompañó en Rodelinda al año siguiente. Y una legendaria contralto florentina, Vittoria Tesi-Tramontini (1700-1775) cosechaba lauros en su patria y en el centro de Europa.
Pero el antagonismo comienza a despertar en los escenarios líricos en la segunda mitad del siglo XVIII. Se hace notoria por ejemplo la rivalidad que sostienen en París la mediosoprano portuguesa María Luisa Todi con la soprano alemana Gertrud Elisabeth Mará, quien disponía de una extensión vocal hasta el Mi sobreagudo.
Vale decir que en este punto de nuestra historia el cantante y la conquista del público pasan a ser asociaciones comunes. El ansia de granjearse admiración se extiende también a las cantantes gluckianas, como la Arnould y la Levasseur; otro es el caso de Lucrezia Agujari (1743-1783), apodada "Bastardella", admirada por Mozart y poseedora de una extensión vocal de tres octavas y media y -según testimonios- 2.047 vibraciones por segundo.
Como se advierte la voz va ganando un ancho espacio en la consideración e idolatría del público y los compositores comenzaron a disponer de privilegiadas gargantas. El caso de Mozart es en este aspecto recurrente y demostrativo: la Ferraresse del Bene, la Cavaliere, Mandini, Schikaneder (libretista y primer Papageno), entre otros.
Pero ya estamos en condiciones de individualizar dos celebridades singulares de la cuerda de soprano que sobre el cierre del setecientos van modelando tipologías vocales. Celeste Coltellini (1764-1829) está consustanciada con la obra de Paisiello (fue creadora de Nina o La Pazza per l'amore en 1789). En Francia, entre tanto, se imponía la Dugazon, que vivió entre 1755 y 1821, y que en rigor era oriunda de Berlín pero se afirmó en la capital francesa, donde configuró un tipo de voz característico de la Opéra-Comique, que tipificó una categoría vocal. El ámbito y repertorio de Madame Dugazon estaban referidos a composiciones de Grétry, de Boieldieu, de Issouard o Dalayrac. Por eso decíamos que puede ligarse con aquella favorita de Paisiello. Porque los elementos comunes referentes a sus voces, al modesto volumen y la escasa extensión de sus tesituras se veían suplidos por la atrayente comunicatividad, la sugerencia y expresividad del canto, y los recursos histriónicos del género larmoyant.
Y ya que hablamos de tipologías francesas, también surgieron en los finales del siglo XVIII modelos para tenor y barítono, empleados aún hoy como términos para caracterizar voces. Por ejemplo, por "tenor Trial" (viene de Antoine Trial, que vivió entre 1736 y 1795) se entiende un tipo tenoril de voz delgada y aguda, de timbre nasal característico y vinculado a partes cómicas. Y por otra parte, cuando se habla de "barítono Martin" es debido a que Jean Blaise Martin (1768-1837) tenía un órgano vocal extenso, capaz de cubrir tres octavas, de timbre claro y brillante y ágil para las vocalizaciones.
Nota extraída del libro:
Historia de los Cantantes líricos de Néstor Echevarria
Editorial Claridad

17 de mayo de 1050: muere Guido d'Arezzo, teórico musical italiano. Perfeccionó la escritura musical al adoptar las líneas horizontales paralelas para marcar las alturas del sonido e ideó un método para enseñar las notas mediante la señalización de diferentes falanges de los dedos de la mano (solmisación).
15 de mayo de 1567: nace en Cremona, Claudio Monteverdi. Compositor italiano que revolucionó el mundo de la música aplicando medios tradicionales a nuevos fines. Considerado uno de los padres del género operístico, Monteverdi se destacó en el uso de las emociones humanas en música. Hacia el año 1600 su reputación estaba confirmada pero comenzaron a aparecer críticas a su estilo que subordinó la música al servicio de las palabras.
11 de mayo de 1894: nace Martha Graham, coreógrafa y bailarina estadounidense. Rompió con las rígidas convenciones de la danza del siglo XIX, creando su propia técnica: violentas contracciones pélvicas y trabajo abrupto a nivel del suelo, que encantaron al mundo.
07 de mayo de 1824: Michael Umlauf dirige el estreno en Viena la Novena Sinfonía de Beethoven. Esa noche, el compositor no podía oír la música debido a su sordera pero siguió la ejecución a travez de una copia de la partitura, imaginando los sonidos que todos escuchaban.
01 de mayo de 1904: muere Antonín Dvorak. Considerado el más importante de los compositores checos, de inspiración nacionalista y espíritu de sinfonista. Su música se caracteriza por la emotividad directa, espontánea y un dominio excepcional del lenguaje sinfónico. En la historia de la música, Dvorak se sitúa en el origen de la fama internacional de la música checa junto con Smetana.

Daniel Barenboim
"Un director no tiene contacto físico con la música que producen sus instrumentistas y a lo sumo puede corregir el fraseo o el ritmo de la partitura pero su gesto no existe si no encuentra una orquesta que sea receptora"
George Gershwin
"Daría todo lo que tengo por un poco del genio que Schubert necesitó para componer su Ave María"
Gustav Mahler
"Cuando la obra resulta un éxito, cuando se ha solucionado un problema, olvidamos las dificultades y las perturbaciones y nos sentimos ricamente recompensados"
Franz Schubert
"Cuando uno se inspira en algo bueno, la música nace con fluidez, las melodías brotan; realmente esto es una gran satisfacción"
Bedrich Smetana
"Con la ayuda y la gracia de Dios, seré un Mozart en la composición y un Liszt en la técnica"
Piotr Illich Chaikovski
Ottorino Respighi
Gioacchino Rossini
Ciclo 2012 - Programa N° 28
Edvard Grieg
Wolfgang A. Mozart
Wolfgang A. Mozart
Giuseppe Verdi
Aldo Campoamor cantó en las orquestas de Horacio Pettorossi, en Radio Prieto, junto a la cancionista Susana Ortiz, la de Ricardo Malerba y con Federico Scorticati, con quien realizó una gira por Brasil. En 1938 viajó a Francia con Rafael Canaro. En 1939 se incorporó a Radio El Mundo donde actuó por varios años acompañado por guitarras, habitualmente por las de Edmundo Zaldívar y también, por la orquesta de la emisora. Allí permaneció hasta ser requerido por Astor Piazzolla junto al cantor Héctor Insúa.
Hacia 1908 y en algunos cafetines de camareras de La Boca emplazados frente al Riachuelo, "El bar de la taquera" y el "Café del Griego", debutaba Agustín Bardi integrando, como violinista, un trío con Ravina y Benigno, y más tarde un cuarteto con el Tano Genaro Espósito. Al poco tiempo pasó al café "La Marina" donde interpretó públicamente el piano por primera vez. En 1911 actuó en "El Estribo" y ese mismo año compuso su primer tango: Vicentito, dedicado al bandoneonista Vicente Greco.
La Orquesta del Tango de la Ciudad de Buenos Aires es un organismo estable de la Secretaría de Cultura porteña creado en 1980, año en que debutó, el 2 de febrero, en la sala Juan Casacuberta del Teatro Municipal General San Martín. Las presentaciones de la Orquesta se han realizado en la Argentina (Buenos Aires e Interior del país) y varios países de América (Chile, Uruguay, Brasil, Colombia, Costa Rica, Panamá y México). Esta constituída por más de treinta músicos de primera línea.
Fue el músico Ben Molar el que diseñó la idea para que el 11 de diciembre se celebre el Día Nacional del Tango, en conmemoración de las fechas del nacimiento de los creadores de dos vertientes de la música popular: La Voz, Carlos Gardel, el zorzal criollo, ídolo y figura representantiva del tango, y La Música, Julio De Caro, gran director de orquesta y renovador del género.
El cantaor español Diego El Cigala, que llegó hoy a Nueva York con su espectáculo "Cigala & Tango", aseguró a Efe que le hace "mucha ilusión" presentarse en una ciudad "donde se cuece tanta música" y a la que quiere conquistar con su nuevo proyecto musical. El concierto, en el teatro Town Hall, marca su regreso a la ciudad, donde debutó hace seis años, a la que considera "fascinante" y a donde llega como parte de su primera gira de conciertos en Estados Unidos, tras exitosas presentaciones en varias ciudades como Miami (Florida), en un año que considera como el mejor de su carrera.