Martes, 09 de Febrero de 2010

Clásica y Ópera | Compositores

Richard Wagner

Richard Wagner

La vida de Wagner, escrita miles de veces, está llena del más alto dramatismo y es una de las más ricas en acontecimientos de la historia de la música. El compositor, nacido en Leipzig el 22 de mayo de 1813, vaciló en su juventud entre la literatura y la música. La obra de su vida habría de representar una unión de ambas artes, posiblemente la unión de música y palabra más perfecta que se conoce. Su inclinación hacia la música no despertó hasta conocer las obras de Weber y Beethoven. Tras de una vida laxa e invertida en el juego y las mujeres, se casó y viajó a París y luego a Dresde, donde su obra fue reconocida.







Sus primeras inspiraciones las debió al cuentista Gozzi (Die Feen), así como a Shakespeare (Das Liebesverbot). Su carrera de director de orquesta, que apenas comenzaba, lo llevó a Magdeburgo, Kónigsberg y Riga. De allí escapó, abrumado por las deudas y consciente de la estrechez del ambiente artístico, hacia Occidente; se coló de polizón con su perro y su esposa Minna Planer, una notable actriz, en un velero que atravesó el Báltico, fue empujado por una tormenta hasta la costa de Noruega y terminó por anclar en Inglaterra. Durante este agitado viaje, Wagner leyó la versión que había escrito Heine sobre la leyenda del holandés errante.

Después de una breve estancia en Inglaterra, pasó a Francia, conoció al entonces famoso compositor Giacomo Meyerbeer y se instaló en París, donde comenzó para él una época difícil y amarga. Tuvo que hacer trabajos musicales de baja categoría y no encontró un verdadero acceso a los círculos artísticos de la ciudad. Debió de considerar un éxito que la Ópera le comprara un proyecto operístico sobre el motivo del holandés errante; pero a la institución no le interesaba la música de Wagner. De modo que lo que se estrenó fue una ópera de un compositor francés hoy completamente olvidado.

Gracias a la influencia de Meyerbeer, a Wagner se le abrió la posibilidad de representar en Alemania su ópera Rienzi (basada en la novela de Bulwer Lytton), que acababa de terminar. Su éxito, saboreado en Dresde el 20 de octubre de 1842, dio un nuevo giro a la vida de Wagner.

Después del estreno de El holandés errante (que tuvo menos éxito), lo nombraron director de orquesta de la Ópera de la corte de Dresde; ello quiere decir que, por primera vez en la vida, alcanzó un puesto notable en uno de los teatros más importantes de Alemania. Sin embargo, su desasosiego interior no le permitió, a pesar de los ruegos de su esposa, disfrutar de la nueva situación. El holandés errante llevó al rebelde Wagner, a quien todo conducía por el nuevo camino del drama musical, cada vez más lejos de Rienzi, que pertenecía al tipo de la grande opera de Meyerbeer y que por eso fue entendida con mayor facilidad y recibida con aplausos por el público.

Después de estrenar Tannhauser en 1845 y de comenzar a ocuparse de Lohengrin, entró en contacto, a causa de sus ideas políticas, con el círculo anarquista de Bakunin; la revolución de 1848, que estalló en casi toda Europa, lo obligó a escapar de nuevo. Fue a Weimar y se presentó a Franz Liszt, el faro dispensador de esperanza de todos los compositores, y obtuvo de él un pasaporte falso, que le permitió escapar de la policía que lo perseguía, así como dinero para llegar a Suiza. Llegó allí el 28 de mayo de 1849 y se instaló en Zúrich, en un exilio que habría de durar ocho años. Al principio se ocupaba de redactar trabajos en prosa, pero poco después comenzó a escribir El anillo del Nibelungo, que surgió en orden inverso: al drama La muerte de Sigfrido, hoy El ocaso de los dioses, le antepuso El joven Sigfrido, hoy llamado sólo Sigfrido; luego compuso La valquiria como historia previa, y más tarde proyectó El oro del Rin a guisa de prólogo de los acontecimientos universales de que trataba la obra. Leyó este impresionante esbozo poético a un selecto círculo de amigos de Zúrich y pasó, alentado por la recepción favorable, a la composición, que se produjo según el orden final de la tetralogía y que llegó hasta la mitad de Sigfrido.

Entre tanto, Wagner y su esposa habían sido invitados por el rico comerciante Otto Wesendonk y su joven esposa Mathilde a mudarse a una de sus mansiones, situada en un hermoso lugar. El amor incipiente de Wagner por Mathilde determinó que interrumpiera la composición de El anillo del Nibelungo y se ocupara intensamente de Tristán e Isolda. Entonces, a causa de una carta interceptada, se produjo la ruptura: Minna armó un escándalo y Wagner tuvo que escapar otra vez. En Venecia trabajó en el acto segundo del Tristán, obra que terminaría en Lucerna en 1859.

Comienza así la peor época de Wagner, en la que a veces llega a la desesperanza total. Los teatros que le brindan la posibilidad de representar ese formidable drama de amor, renuncian a la representación en cuanto comprenden las tremendas e insospechadas dificultades que presenta la ópera.

De todas sus restantes obras, sólo sobrevive Lohengrin, que Liszt había estrenado en Weimar el 28 de agosto de 1850, y que desde entonces se había difundido tanto que Wagner podía afirmar irónicamente que era el único alemán que no la había visto. Pues a su regreso a Alemania se opone siempre la ominosa orden de busca y captura que la policía de Dresde había puesto en circulación.

Cuando se concedió la amnistía, más de doce años después, y Wagner pisó otra vez suelo alemán con un pesado baúl, en el que había pocos efectos personales pero también las extensas partituras de El oro del Rin, La valquiria y Tristón, se sintió muy extraño, muy desconocido, muy desesperanzado. Pero, como siempre, cuando su vida parecía haber llegado al final, despuntaba una nueva e insospechada esperanza, ya se llamara Meyerbeer, Liszt o Wesendonk.

Esta vez se presentó en forma de un verdadero milagro llamado Luis II de Baviera. A la puerta del hotel de Stuttgart en que se hospedaba Wagner no llamó el esperado conserje con la cuenta sin pagar, sino un elegante aristócrata que entregó al «maestro» un anillo y la invitación de un soberano, el rey de Baviera, de 18 años, que le pedía se trasladase rápidamente a Munich para pasar allí el resto de su vida, olvidando todas las preocupaciones y dispuesto a todas las realizaciones artísticas.

Al día siguiente, el 4 de mayo de 1864, los dos hombres se encontraron por primera vez en la Residencia de Munich. Las aventuras de Wagner no habían terminado todavía: su temperamento era aún demasiado impulsivo, su carácter demasiado polifacético, pero todas las aventuras futuras estarían bajo la protección efectiva de Luis II, sin la cual habría sido impensable el repentino triunfo de Wagner (el más grande que haya conseguido un músico).

El 10 de junio de 1865, el Hoftheater de Munich estrena Tristón e Isolda, uno de los acontecimientos más importantes de la historia de la música. El pueblo de Baviera comienza a murmurar, el amigo «extranjero» del rey (Wagner es sajón) es demasiado caro, demasiado absorbente, demasiado influyente. El gabinete de gobierno se hace cargo de las quejas; después de una lucha violenta y dolorosa, Luis tiene que ceder y Wagner marcha otra vez al exilio.

Se establece en Tribschen, a orillas del lago de Vierwaldstatt, en Suiza, donde el rey pone a su disposición una magnífica residencia y lo visita frecuentemente de incógnito. Allí escribió Wagner Los maestros cantores de Núremberg, que se estrenó en Munich el 21 de junio de 1868 con un éxito clamoroso. En Tribschen, después de la muerte de Minna en la lejanía y en la soledad, Cosima se une definitivamente a Wagner; la hija de Liszt ha dejado a su esposo Hans von Bülow, el director del estreno de Tristán e Isolda, y consagra su vida a Wagner, para quien llega a tener una altísima significación.

En esos años ha madurado lentamente el proyecto más importante de Wagner: construir un teatro exclusivamente dedicado a la representación de sus obras. Encuentra un lugar que le parece apropiado en la ciudad de Bayreuth, en Franconia. Puesto que su petición de que haya una «colecta nacional» apenas encuentra eco, es Luis II quien una vez más pone el dinero que falta. El teatro se levanta sobre la «Colina Verde»; a él se añade la magnífica mansión «Wahnfried»; se concluye El anillo del Nibelungo, la obra musical más extensa compuesta por un maestro, y se prevé la inauguración de Bayreuth para el verano de 1876. Está a punto de producirse un acontecimiento extraordinario, nunca visto; emperadores y reyes, príncipes y políticos, artistas y sabios de muchos países anuncian su llegada. Luis II, tímido y solitario, asiste a los últimos ensayos y se va. Wagner vive el triunfo de su vida: el 13 de agosto de 1876 se representa El oro del Rin; el 14 La Valquiria; el 16 Sigfrido; el 17 El ocaso de los dioses.

Sólo entonces sale a la luz pública el gran déficit que han producido las representaciones y que hace imposible la realización de otros. De hecho, transcurren seis años antes de que Wagner pueda volver a emplazar a nadie a la «Colina Verde». Ha terminado Parsifal, una «celebración sagrada» que quiso que fuera representada exclusivamente en su teatro. Allí se estrenó el 26 de julio de 1882. Wagner, enfermo desde hacía tiempo, empuña una vez más la batuta, en la decimosexta y última representación de aquel verano, y dirige la orquesta (en Bayreuth está oculta al público) durante una larga parte del acto tercero. Pocas semanas después parte con su familia a Italia, donde pasa los inviernos desde que ha envejecido.

El 13 de febrero de 1883 muere en Venecia, en los brazos de Cosima. El traslado de sus restos fue comparable a la procesión fúnebre de un gran soberano. Luis II sobrevivió a su venerado amigo. Murió en circunstancias nunca esclarecidas en las aguas del lago Starnberg, junto con su médico de cabecera. Lo habían derrocado hacía mucho tiempo por haber derrochado el erario público en los hoy famosísimos castillos reales y en Wagner; lo habían declarado incapaz, demente; finalmente, lo habían desterrado al castillo de Berg y retenido allí hasta el final; a este idealista coronado le deben gratitud todos los «wagnerianos»; y respeto absoluto, incluso afecto, todos los amigos de la música.

Más Notas
Giovanni Battista Pergolesi
Jacques Offenbach
Wolfgang Amadeus Mozart
Carl María von Weber
Niccoló Paganini

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Breves

  • 10 de febrero de 1881: estreno en París de "Los Cuentos de Hoffmann" de Jacques Offenbach. La ópera es una adaptación de Jules Barbier y Michel Carré de varios cuentos del escritor Ernst T.A. Hoffmann. El primero tiene lugar con una muñeca mecánica, el segundo con la víctima del conjuro de un mago, y la tercera con una enferma moribunda. La historia comienza con un prólogo ambientado en una taberna.

  • 06 de febrero de 1903: nace Claudio Arrau, pianista chileno. Su nombre evoca una trayectoria musical casi infinita. No sólo porque siguió tocando hasta el día de su muerte sino porque su vida artística pareciera haber arrancado en algún punto de la segunda mitad del siglo XIX, como heredero directo de la tradición lisztiana.

  • 05 de febrero de 1887: se estrena "Otello", de Giuseppe Verdi. El mundo había pensado que "Aída" era el punto culminante pero también el punto final de la trayectoria creadora de Verdi. Pero "Otello" demostró que ambas cosas no eran ciertas. La Scala de Milán estrenó la obra y la velada se convirtió en un clamoroso homenaje al maestro de 74 años.

  • 01 de febrero de 1896: en el Teatro Regio de Turín se estrena "La Boheme" de Giaccomo Puccini. En la representación de la obra de Puccini dirigió la orquesta un joven que lo hizo de manera brillante. Fue leal al compositor hasta después de la muerte y 30 años después de La bohéme dirigió también el sensacional estreno de Turandot: era Arturo Toscanini.

  • 27 de enero de 1901: muere en Milán, Giuseppe Verdi. Compositor italiano dedicado en forma casi exclusiva a la ópera, género para el que compuso 26 obras. Su vida acompaña su obra: puede dividirse en tres períodos. El primero nace en sus comienzos y llega hasta el estreno de Il Trovatore y La Traviata en 1853. El segundo período concluye en 1871 con la composición de Aida. Tras una pausa de más de 15 años, compuso las obras de su último período: la ópera trágica Otello y la bufa Falstaff.


Citas

  • Daniel Barenboim
    "Un director no tiene contacto físico con la música que producen sus instrumentistas y a lo sumo puede corregir el fraseo o el ritmo de la partitura pero su gesto no existe si no encuentra una orquesta que sea receptora"

  • George Gershwin
    "Daría todo lo que tengo por un poco del genio que Schubert necesitó para componer su Ave María"

  • Gustav Mahler
    "Cuando la obra resulta un éxito, cuando se ha solucionado un problema, olvidamos las dificultades y las perturbaciones y nos sentimos ricamente recompensados"

  • Franz Schubert
    "Cuando uno se inspira en algo bueno, la música nace con fluidez, las melodías brotan; realmente esto es una gran satisfacción"

  • Bedrich Smetana
    "Con la ayuda y la gracia de Dios, seré un Mozart en la composición y un Liszt en la técnica"

MULTIMEDIA

  • Manuel de Falla

    Biografía

  • Sonata para piano en si menor

    Franz Liszt

  • Carnaval Romano

    Héctor Berlioz

  • Concierto para violín Op. 35

    Piotr Illych Chaikovski

Intérpretes

Músicos

Astor Piazzolla

Astor Piazzolla

Piazzolla representa uno de los rarísimos casos en que un autor se desenvuelve de forma extraordinaria tanto en el mundo de la música popular, con sus tangos porteños, como en el de la música culta o clásica. Creó un nuevo género llamado tango sinfónico renovando de esta manera de forma decisiva el tango. Si se considera que la obra de Piazzolla comienza en 1946 con El desbande y concluye en 1990, con Le grand tango y con Five tango sensations, que el mismo año graba con el cuarteto de cuerdas Kronos, se deduce que cubre 46 años, un lapso en el que produjo no menos de ochocientas obras.

Voces

Carlos Gardel

Carlos Gardel

Carlos Gardel es quizás el más grande mito de la Argentina. Su habilidad artística, su talento incomparable como cantor de los arrabales porteños, su instinto musical para componer algunos de los más grandes tangos de todos los tiempos, su estupendo carácter, su fanatismo por las carreras, le han llevado a ser quizás sólo igualado por la otra leyenda del país del sur del Plata: Eva Perón. Sin embargo, mientras toda actividad política puede ser digna de objeciones, comentarios y recelo por parte de determinados sectores de la población, la figura de Carlos Gardel se erige como universal para todos los argentinos y los seguidores del tango a través del orbe.

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Reconocida en todo el globo como la bailarina por excelencia del tango argentino, Mora Godoy estrenará en Uruguay "Milonguera", un flamante espectáculo con su sello personal. La morocha se presentará los días 19 y 20 de enero en el Hotel Conrad de Punta del Este junto a un importante grupo de bailarines salidos de su escuela porteña. Las funciones serán la antesala de una nueva gira mundial que la protagonista de "Tanguera" emprenderá en pocas semanas, tras haberse consolidado en 2009 en diferentes escenarios internacionales.

Bs. As., 08 de enero

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Letras

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