Jueves, 17 de Mayo de 2012

Clásica y Ópera | Compositores

Kurt Weill

Kurt Weill

La vida y la creación de Kurt Weill se divide en dos períodos claramente diferenciados: se podrían titular "Europa" y "Norteamérica". El compositor, nacido en Dessau el 2 de marzo de 1900, estudió con Humperdinck, recibió sugerencias decisivas de Busoni, se convirtió en director de orquesta y a los 26 años tuvo su primer éxito. El estreno de su ópera Der Protagonist tuvo lugar en Berlín el 27 de marzo de 1926. Weill murió en Nueva York el 3 de abril de 1950. Poco tiempo después ocurrió algo inconcebible: su Dreigroschenoper, la Ópera de cuatro cuartos, apareció en uno de los grandes teatros de Broadway y fue representada 2.611 veces.







"Que no me vengan con la posteridad, yo escribo hoy para hoy", habría dicho Kurt Weill. Una perogrullada para muchos artistas —Mozart, Rossini y Verdi la habrían firmado sin más— y sin embargo característica del arte "actual" de Kurt Weill, que quiso crear en los roaring twenties, en los frenéticos, agitados y tempestuosos años veinte una "música para todos". Al derrumbarse un mundo que con su firmeza parecía que iba a durar muchas generaciones, al producirse después de la Primera Guerra Mundial una verdadera "decadencia de Occidente" (por emplear la polémica expresión de Spengler), las aguas elevaron a la superficie lo que estaba en las profundidades, las pesadillas del inconsciente se liberaron, se derribaron tabúes, se demolieron obstáculos, se destruyeron ideales para crear un espacio para lo "nuevo", que irrumpió como una inundación, sin encontrar terreno firme, y dejó una sensación de vacío que volvió más inseguros y desesperanzados a los hombres. El arte de los años veinte, una época sin orientación pero llena de talentos, no puede abordarse aquí ni por aproximación; el lector encontrará muchas explicaciones dispersas en los diferentes apartados de nuestro libro: sobre Schoenberg y Stravinski, Bartók y Hindemith, Milhaud y otros. Las consecuencias de aquella década se advierten todavía medio siglo después. A aquella época confusa pero interesante, destructiva pero no carente de valor y de valores, pertenece Kurt Weill. Mientras sus contemporáneos se pierden en complicaciones laberínticas, proponen teorías abstrusas y se alejan cada vez más de la capacidad de apreciación de los amantes de la música, del "público", Weill sigue el camino contrario: pocas veces se ha simplificado tanto la música —al margen de la popular—, pocas veces ha sonado en la tradición operística una música tan directa y a menudo vulgar, con una letra de idénticas características, como la de Weill. Pero hay que permitírselo a esa música: está llena de inspiración, tiene un extraordinario instinto para el efecto masivo. Entusiasmaba a los oyentes, la silbaban en todas las calles del mundo. Esto no dice nada sobre su calidad, difícil de juzgar, pero sí, y mucho, en pro de una inclinación a lo ordinario, una voluntad de ser inteligible, que en aquella época muy pocos manifestaban. Las ideas de Weill eran apremiantes, aunque no siempre de gran valor; eran originales y fascinantes; su martilleo de melodías simples y ritmos primitivos le allanó el camino hacia las grandes masas, siempre inabordables para sus contemporáneos. Para ello se sirvió, en su época de más éxito, de vibrantes argumentos políticos y de temas candentes. Cultivó la crítica social con el auxilio de una música estimulante y de esa manera llevó problemas de índole seria a una atmósfera emocional cargada. Ejerció una influencia muy grande, que ninguno de los compositores que le eran afines alcanzó.

La vida y la creación de Weill se divide en dos períodos claramente diferenciados: se podrían titular "Europa" y "Norteamérica". El compositor, nacido en Dessau el 2 de marzo de 1900, estudió con Humperdinck, recibió sugerencias decisivas de Busoni, se convirtió en director de orquesta y a los 26 años tuvo su primer éxito. El estreno de su ópera Der Protagonist tuvo lugar en Berlín el 27 de marzo de 1926. El libreto lo escribió Georg Kaiser, el renombrado poeta expresionista; recuerda un poco a Pagliacci de Leoncavallo: teatro en el teatro, con un final sangriento. A esta ópera en un acto siguió una obra extraña, Der neue Orpheus, una cantata escénica con sabor a cabaret basada en un proyecto del escritor francés Ivan Goll. Luego compuso Royal Palace (1927), una especie de revista donde una suicida, asqueada de la vida, recorre los últimos tramos de su existencia: en esta obra, probablemente por primera vez en la historia —tres años antes del Christophe Colomb de Milhaud— se incluyó el cine en la acción sobre las tablas.

Un año más tarde compuso Der Zar lasst sich photographieren, una "comedia a la antigua", pero al mismo tiempo una parodia de esas mismas comedias. En un estudio fotográfico de París se anuncia la llegada del zar de Rusia, que permanece en la ciudad: la sorpresa es grande, pues la bella propietaria del estudio no ha hecho nada por obtener aquel honor. Pero la situación se aclara en seguida: un grupo de conjurados se apodera del estudio, donde quiere atraer al zar, secuestra al personal y prepara un atentado contra la vida del soberano. El disparo mortal ha de salir de la cámara: hasta entonces, los asesinos nunca han podido apuntar con tanta tranquilidad y tan bien. Pero, por supuesto, todo ocurre de otra manera: al zar le gusta tanto la falsa fotógrafa que quiere cambiar los papeles y retratarla, lo que por razones comprensibles trata la joven terrorista de impedir a toda costa. Por último llega la policía, que seguía las huellas del zar, para advertirle de una conjura. Los terroristas huyen, y el zar se hace fotografiar por la verdadera fotógrafa, ya sin revólver en la cámara. El entretenido texto también es de Georg Kaiser; Weill hace todo tipo de bromas musicales, utiliza un disco de tres minutos de duración (en aquella época ya se conocían, pero tenían mucho ruido de fondo) para un baile del zar con la loto-grata falsa y muestra ya los nítidos comienzos de su estilo de canción popular con acompañamiento de jazz, que pronto sería muy efectivo.

Weill ingresó conscientemente en las filas de los artistas comprometidos con la lucha de clases. Sin comprometerse políticamente, se asoció con Bertolt Brecht, el primer dramaturgo marxista consecuente a cuyo genio debemos una nueva variante del drama, el llamado "teatro épico". Weill alcanzó con Brecht éxitos que raramente logra un compositor joven: Die Dreigroschenoper, Mahagonny. Pero ya no quedaba mucho tiempo para este tipo de obras. La "era de Hitler", que comenzó en 1933, puso fin a esa época musical y obligó a la mayoría de sus representantes a exiliarse.

Weill emigró a Estados Unidos y entró en una fase completamente nueva de su vida y de su creación, tras haber terminado en 1933, todavía en suelo europeo, en París, donde ambos se había encontrado fortuitamente, un último trabajo con Brecht: Die sieben Todsünden des Kleinbürgers. El estreno alemán se celebró 27 años más tarde, el 6 de abril de 1960, en Francfort del Meno, y produjo una fuerte impresión; a pesar de que la música había sufrido entre tanto grandes transformaciones, se advirtió claramente el talento original y la capacidad de Weill. La pieza describe, con una fuerte crítica social y una valoración negativa del american way oflife, las ambiciones de una "típica" familia provinciana de Estados Unidos que subordina todas las cosas de la vida a la posesión de una casa propia en el estado de Luisiana. A la hija Anna la envían a la ciudad para que trabaje de bailarina en establecimientos de dudosa reputación. Como fondo de las variadas experiencias de Anna están las escenas familiares: el padre, la madre, dos hermanos, que cínicamente y sin sospechar nada juzgan a su hermana según la cantidad de dinero que envía para la compra de la casa. Así va creciendo lentamente este "sueño a orillas del Misisipí", a cuyo servicio debe Anna aprender a conocer y soportar la vida.

Una vez en Norteamérica, surge por así decirlo un "nuevo" Weill. Junto a alguna música incidental (para The Eternal Road, Jonny Johnson), compone sobre todo para el género relativamente novedoso del "musical": One Touch of Venus, Down in the Valley (donde emplea el folclore norteamericano) son algunas de las comedias musicales que tuvieron diversa suerte y cuya falta de difusión internacional es inexplicable. No sólo hay que pensar en el Weill de los años veinte. La última partitura anterior a su temprana muerte corresponde también a una ópera, Lost in the Stars, en la que se muestra el candente problema racial tomando el ejemplo de Sudáfrica, tal como lo describió el escritor Alan Patón, de aquel país, en su novela Cry, the Beloved Country. Los hitos de Weill en otros ámbitos musicales —por ejemplo, en la sinfonía— no corresponden a este libro, pero los mencionamos expresamente como obras muy notables y demasiado poco conocidas.

Kurt Weill murió en Nueva York el 3 de abril de 1950. Poco tiempo después ocurrió algo inconcebible: su Dreigroschenoper, la Ópera de cuatro cuartos, apareció en uno de los grandes teatros de Broadway y fue representada 2.611 veces, con lo que superó las marcas de todos los musicales. El público menos revolucionario del mundo celebró una obra que un cuarto de siglo antes había sido considerada un llamamiento a la revolución. ¿Sólo había quedado la amarga ironía de la pieza? ¿Fueron las efectivas canciones populares las que posibilitaron este colosal éxito?

Fuente: Diccionario de la Ópera de Kurt Pahlen
 
Más Notas
Daniel Catán
Carl María von Weber
Joaquín Rodrigo
Sergei Prokofiev
Giovanni Battista Pergolesi

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Breves

  • 17 de mayo de 1050: muere Guido d'Arezzo, teórico musical italiano. Perfeccionó la escritura musical al adoptar las líneas horizontales paralelas para marcar las alturas del sonido e ideó un método para enseñar las notas mediante la señalización de diferentes falanges de los dedos de la mano (solmisación).

  • 15 de mayo de 1567: nace en Cremona, Claudio Monteverdi. Compositor italiano que revolucionó el mundo de la música aplicando medios tradicionales a nuevos fines. Considerado uno de los padres del género operístico, Monteverdi se destacó en el uso de las emociones humanas en música. Hacia el año 1600 su reputación estaba confirmada pero comenzaron a aparecer críticas a su estilo que subordinó la música al servicio de las palabras.

  • 11 de mayo de 1894: nace Martha Graham, coreógrafa y bailarina estadounidense. Rompió con las rígidas convenciones de la danza del siglo XIX, creando su propia técnica: violentas contracciones pélvicas y trabajo abrupto a nivel del suelo, que encantaron al mundo.

  • 07 de mayo de 1824: Michael Umlauf dirige el estreno en Viena la Novena Sinfonía de Beethoven. Esa noche, el compositor no podía oír la música debido a su sordera pero siguió la ejecución a travez de una copia de la partitura, imaginando los sonidos que todos escuchaban.

  • 01 de mayo de 1904: muere Antonín Dvorak. Considerado el más importante de los compositores checos, de inspiración nacionalista y espíritu de sinfonista. Su música se caracteriza por la emotividad directa, espontánea y un dominio excepcional del lenguaje sinfónico. En la historia de la música, Dvorak se sitúa en el origen de la fama internacional de la música checa junto con Smetana.


Citas

  • Daniel Barenboim
    "Un director no tiene contacto físico con la música que producen sus instrumentistas y a lo sumo puede corregir el fraseo o el ritmo de la partitura pero su gesto no existe si no encuentra una orquesta que sea receptora"

  • George Gershwin
    "Daría todo lo que tengo por un poco del genio que Schubert necesitó para componer su Ave María"

  • Gustav Mahler
    "Cuando la obra resulta un éxito, cuando se ha solucionado un problema, olvidamos las dificultades y las perturbaciones y nos sentimos ricamente recompensados"

  • Franz Schubert
    "Cuando uno se inspira en algo bueno, la música nace con fluidez, las melodías brotan; realmente esto es una gran satisfacción"

  • Bedrich Smetana
    "Con la ayuda y la gracia de Dios, seré un Mozart en la composición y un Liszt en la técnica"

MULTIMEDIA

  • Claude Debussy

    Biografía

  • La tumba de Couperin

    Maurice Ravel

  • Cortigiani vil razza dannata

    Leo Nucci (Rigoletto)

  • Preludio a la siesta de un fauno

    Claude Debussy

  • Danzas polovtsianas

    Alexander Borodin

  • Mon Coeur S'Ouvre A Ta Voix

    María Callas (Dalila)

  • Preludio a la siesta de un fauno

    Claude Debussy

  • Obertura Las Hebridas

    Félix Mendelssohn

Intérpretes

Voces

Nelly Omar

Nelly Omar

Su dicción, su fraseo, su perfección técnica, su buen gusto, en resumen, su calidad interpretativa hacen de Nelly Omar una cantante ejemplar y paradigmática, que hoy con sus noventa y seis años, nos sigue deleitando con su voz aún fresca. Nació el 10 de septiembre de 1911 en la ciudad de Guaminí, al oeste de la provincia de Buenos Aires, zona agrícola y ganadera de grandes estancias. Justamente, en una de ellas "La atrevida", trabajaba su padre como capataz, Don Marcos Vattuone.

Músicos

Enrique Francini

Enrique Francini

Su primer labor fue con la formación del maestro Juan Ehlert. Después de la experiencia en la orquesta de Miguel Caló y su consagración definitiva en su sociedad con Armando Pontier, en 1955 inicia un nuevo camino formando su propia orquesta. Fue primer violín del Teatro Colón y colaboró durante años en muchas orquestas del 60. En 1970 forma un sexteto con Néstor Marconi debutando en el "Caño 14" con gran éxito. Muere en su ley el 27 de agosto de 1978 en ese mismo escenario mientras ejecutaba "Nostalgias" en su querido violín.

Músicos

Antonio Agri

Antonio Agri

Antonio Agri compartió casi tres lustros de música con Astor Piazzolla. Agri era santafesino y violinista casi autodidacto, según su definición. Abandonó Rosario, junto con su puesto en la Sinfónica local, a los 28 años. En Buenos Aires lo esperaba el tango y una prueba con Piazzolla, quien demoró seis meses en resolver la admisión pero lo hizo en forma rotunda y definitiva. En el tango sumó, entre muchas otras, la experiencia de ser convocado en ocasiones por Aníbal Troilo, de animar dos de las etapas de vida del Quinteto Real -junto a Horacio Salgán- y su propio Quinteto con sede en París, codirigido por el bandoneonista Juan José Mosalini.

Buenos Aires, 11 de dic.

Día Nacional del Tango en Argentina

Fue el músico Ben Molar el que diseñó la idea para que el 11 de diciembre se celebre el Día Nacional del Tango, en conmemoración de las fechas del nacimiento de los creadores de dos vertientes de la música popular: La Voz, Carlos Gardel, el zorzal criollo, ídolo y figura representantiva del tango, y La Música, Julio De Caro, gran director de orquesta y renovador del género.

Nueva York, 03 de nov.

Diego El Cigala busca conquistar Nueva York con su nueva propuesta musical

El cantaor español Diego El Cigala, que llegó hoy a Nueva York con su espectáculo "Cigala & Tango", aseguró a Efe que le hace "mucha ilusión" presentarse en una ciudad "donde se cuece tanta música" y a la que quiere conquistar con su nuevo proyecto musical. El concierto, en el teatro Town Hall, marca su regreso a la ciudad, donde debutó hace seis años, a la que considera "fascinante" y a donde llega como parte de su primera gira de conciertos en Estados Unidos, tras exitosas presentaciones en varias ciudades como Miami (Florida), en un año que considera como el mejor de su carrera.

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