Jueves, 20 de Julio de 2017

Clásica y Ópera | Compositores

Kurt Weill

Kurt Weill

La vida y la creación de Kurt Weill se divide en dos períodos claramente diferenciados: se podrían titular "Europa" y "Norteamérica". El compositor, nacido en Dessau el 2 de marzo de 1900, estudió con Humperdinck, recibió sugerencias decisivas de Busoni, se convirtió en director de orquesta y a los 26 años tuvo su primer éxito. El estreno de su ópera Der Protagonist tuvo lugar en Berlín el 27 de marzo de 1926. Weill murió en Nueva York el 3 de abril de 1950. Poco tiempo después ocurrió algo inconcebible: su Dreigroschenoper, la Ópera de cuatro cuartos, apareció en uno de los grandes teatros de Broadway y fue representada 2.611 veces.








"Que no me vengan con la posteridad, yo escribo hoy para hoy", habría dicho Kurt Weill. Una perogrullada para muchos artistas —Mozart, Rossini y Verdi la habrían firmado sin más— y sin embargo característica del arte "actual" de Kurt Weill, que quiso crear en los roaring twenties, en los frenéticos, agitados y tempestuosos años veinte una "música para todos". Al derrumbarse un mundo que con su firmeza parecía que iba a durar muchas generaciones, al producirse después de la Primera Guerra Mundial una verdadera "decadencia de Occidente" (por emplear la polémica expresión de Spengler), las aguas elevaron a la superficie lo que estaba en las profundidades, las pesadillas del inconsciente se liberaron, se derribaron tabúes, se demolieron obstáculos, se destruyeron ideales para crear un espacio para lo "nuevo", que irrumpió como una inundación, sin encontrar terreno firme, y dejó una sensación de vacío que volvió más inseguros y desesperanzados a los hombres. El arte de los años veinte, una época sin orientación pero llena de talentos, no puede abordarse aquí ni por aproximación; el lector encontrará muchas explicaciones dispersas en los diferentes apartados de nuestro libro: sobre Schoenberg y Stravinski, Bartók y Hindemith, Milhaud y otros. Las consecuencias de aquella década se advierten todavía medio siglo después. A aquella época confusa pero interesante, destructiva pero no carente de valor y de valores, pertenece Kurt Weill. Mientras sus contemporáneos se pierden en complicaciones laberínticas, proponen teorías abstrusas y se alejan cada vez más de la capacidad de apreciación de los amantes de la música, del "público", Weill sigue el camino contrario: pocas veces se ha simplificado tanto la música —al margen de la popular—, pocas veces ha sonado en la tradición operística una música tan directa y a menudo vulgar, con una letra de idénticas características, como la de Weill. Pero hay que permitírselo a esa música: está llena de inspiración, tiene un extraordinario instinto para el efecto masivo. Entusiasmaba a los oyentes, la silbaban en todas las calles del mundo. Esto no dice nada sobre su calidad, difícil de juzgar, pero sí, y mucho, en pro de una inclinación a lo ordinario, una voluntad de ser inteligible, que en aquella época muy pocos manifestaban. Las ideas de Weill eran apremiantes, aunque no siempre de gran valor; eran originales y fascinantes; su martilleo de melodías simples y ritmos primitivos le allanó el camino hacia las grandes masas, siempre inabordables para sus contemporáneos. Para ello se sirvió, en su época de más éxito, de vibrantes argumentos políticos y de temas candentes. Cultivó la crítica social con el auxilio de una música estimulante y de esa manera llevó problemas de índole seria a una atmósfera emocional cargada. Ejerció una influencia muy grande, que ninguno de los compositores que le eran afines alcanzó.

La vida y la creación de Weill se divide en dos períodos claramente diferenciados: se podrían titular "Europa" y "Norteamérica". El compositor, nacido en Dessau el 2 de marzo de 1900, estudió con Humperdinck, recibió sugerencias decisivas de Busoni, se convirtió en director de orquesta y a los 26 años tuvo su primer éxito. El estreno de su ópera Der Protagonist tuvo lugar en Berlín el 27 de marzo de 1926. El libreto lo escribió Georg Kaiser, el renombrado poeta expresionista; recuerda un poco a Pagliacci de Leoncavallo: teatro en el teatro, con un final sangriento. A esta ópera en un acto siguió una obra extraña, Der neue Orpheus, una cantata escénica con sabor a cabaret basada en un proyecto del escritor francés Ivan Goll. Luego compuso Royal Palace (1927), una especie de revista donde una suicida, asqueada de la vida, recorre los últimos tramos de su existencia: en esta obra, probablemente por primera vez en la historia —tres años antes del Christophe Colomb de Milhaud— se incluyó el cine en la acción sobre las tablas.

Un año más tarde compuso Der Zar lasst sich photographieren, una "comedia a la antigua", pero al mismo tiempo una parodia de esas mismas comedias. En un estudio fotográfico de París se anuncia la llegada del zar de Rusia, que permanece en la ciudad: la sorpresa es grande, pues la bella propietaria del estudio no ha hecho nada por obtener aquel honor. Pero la situación se aclara en seguida: un grupo de conjurados se apodera del estudio, donde quiere atraer al zar, secuestra al personal y prepara un atentado contra la vida del soberano. El disparo mortal ha de salir de la cámara: hasta entonces, los asesinos nunca han podido apuntar con tanta tranquilidad y tan bien. Pero, por supuesto, todo ocurre de otra manera: al zar le gusta tanto la falsa fotógrafa que quiere cambiar los papeles y retratarla, lo que por razones comprensibles trata la joven terrorista de impedir a toda costa. Por último llega la policía, que seguía las huellas del zar, para advertirle de una conjura. Los terroristas huyen, y el zar se hace fotografiar por la verdadera fotógrafa, ya sin revólver en la cámara. El entretenido texto también es de Georg Kaiser; Weill hace todo tipo de bromas musicales, utiliza un disco de tres minutos de duración (en aquella época ya se conocían, pero tenían mucho ruido de fondo) para un baile del zar con la loto-grata falsa y muestra ya los nítidos comienzos de su estilo de canción popular con acompañamiento de jazz, que pronto sería muy efectivo.

Weill ingresó conscientemente en las filas de los artistas comprometidos con la lucha de clases. Sin comprometerse políticamente, se asoció con Bertolt Brecht, el primer dramaturgo marxista consecuente a cuyo genio debemos una nueva variante del drama, el llamado "teatro épico". Weill alcanzó con Brecht éxitos que raramente logra un compositor joven: Die Dreigroschenoper, Mahagonny. Pero ya no quedaba mucho tiempo para este tipo de obras. La "era de Hitler", que comenzó en 1933, puso fin a esa época musical y obligó a la mayoría de sus representantes a exiliarse.

Weill emigró a Estados Unidos y entró en una fase completamente nueva de su vida y de su creación, tras haber terminado en 1933, todavía en suelo europeo, en París, donde ambos se había encontrado fortuitamente, un último trabajo con Brecht: Die sieben Todsünden des Kleinbürgers. El estreno alemán se celebró 27 años más tarde, el 6 de abril de 1960, en Francfort del Meno, y produjo una fuerte impresión; a pesar de que la música había sufrido entre tanto grandes transformaciones, se advirtió claramente el talento original y la capacidad de Weill. La pieza describe, con una fuerte crítica social y una valoración negativa del american way oflife, las ambiciones de una "típica" familia provinciana de Estados Unidos que subordina todas las cosas de la vida a la posesión de una casa propia en el estado de Luisiana. A la hija Anna la envían a la ciudad para que trabaje de bailarina en establecimientos de dudosa reputación. Como fondo de las variadas experiencias de Anna están las escenas familiares: el padre, la madre, dos hermanos, que cínicamente y sin sospechar nada juzgan a su hermana según la cantidad de dinero que envía para la compra de la casa. Así va creciendo lentamente este "sueño a orillas del Misisipí", a cuyo servicio debe Anna aprender a conocer y soportar la vida.

Una vez en Norteamérica, surge por así decirlo un "nuevo" Weill. Junto a alguna música incidental (para The Eternal Road, Jonny Johnson), compone sobre todo para el género relativamente novedoso del "musical": One Touch of Venus, Down in the Valley (donde emplea el folclore norteamericano) son algunas de las comedias musicales que tuvieron diversa suerte y cuya falta de difusión internacional es inexplicable. No sólo hay que pensar en el Weill de los años veinte. La última partitura anterior a su temprana muerte corresponde también a una ópera, Lost in the Stars, en la que se muestra el candente problema racial tomando el ejemplo de Sudáfrica, tal como lo describió el escritor Alan Patón, de aquel país, en su novela Cry, the Beloved Country. Los hitos de Weill en otros ámbitos musicales —por ejemplo, en la sinfonía— no corresponden a este libro, pero los mencionamos expresamente como obras muy notables y demasiado poco conocidas.

Kurt Weill murió en Nueva York el 3 de abril de 1950. Poco tiempo después ocurrió algo inconcebible: su Dreigroschenoper, la Ópera de cuatro cuartos, apareció en uno de los grandes teatros de Broadway y fue representada 2.611 veces, con lo que superó las marcas de todos los musicales. El público menos revolucionario del mundo celebró una obra que un cuarto de siglo antes había sido considerada un llamamiento a la revolución. ¿Sólo había quedado la amarga ironía de la pieza? ¿Fueron las efectivas canciones populares las que posibilitaron este colosal éxito?

Fuente: Diccionario de la Ópera de Kurt Pahlen
 
Más Notas
Maurice Ravel
Félix Mendelssohn
Piazzolla más clásico que nunca
La tragedia de Georges Bizet
Juan Crisóstomo de Arriaga

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Breves

  • HECTOR BERLIOZ

    Fue un creador cuyo obstáculo fue la intransigencia de la mayoría de los músicos en casi todos los temas, desde su apoyo al uso del saxofón o a la nueva visión dramática de Wagner. Su vida fue excéntrica y apasionada. Ganó el Premio de Roma, el más importante de Francia en aquel momento, por una cantata hoy casi olvidada. Su obra musical es antecesora de estilos confirmados posteriormente.

  • El aprendiz de brujo de Paul Dukas se basa en una balada de Goethe. Es un scherzo sinfónico que describe fielmente cada frase del texto original.

  • La primera ópera de la que se conserva la partitura es Orfeo de Claudio Monteverdi. Se estrenó en Mantua en 1607, con motivo de la celebración de un cumpleaños, el de Francesco Gonzaga.

  • La obra que Stravinski compuso desde la época del Octeto de 1923 y hasta la ópera The Rakes Progress de 1951, suele considerarse neoclasicista.

  • En la Edad Media encontramos la viela de arco, de fondo plano y con dos a seis cuerdas, que se perfeccionó en la renacentista, hasta llegar a su transformación en el violín moderno a partir del siglo XVI, cuando se estableció una tradición de excelentes fabricantes (violeros) en la ciudad de Cremona.


Citas

  • DANIEL BARENBOIM

    "Un director no tiene contacto físico con la música que producen sus instrumentistas y a lo sumo puede corregir el fraseo o el ritmo de la partitura pero su gesto no existe si no encuentra una orquesta que sea receptora"

  • GEORGE GERSHWIN

    "Daría todo lo que tengo por un poco del genio que Schubert necesitó para componer su Ave María"

  • GUSTAV MAHLER

    "Cuando la obra resulta un éxito, cuando se ha solucionado un problema, olvidamos las dificultades y las perturbaciones y nos sentimos ricamente recompensados"

  • FRANZ SCHUBERT

    "Cuando uno se inspira en algo bueno, la música nace con fluidez, las melodías brotan; realmente esto es una gran satisfacción"

  • BEDRICH SMETANA

    "Con la ayuda y la gracia de Dios, seré un Mozart en la composición y un Liszt en la técnica"

MULTIMEDIA

  • Danza húngara Nº 5

    Johannes Brahm

  • Rapsodia en blue

    George Gershwin

  • Carnaval Romano

    Héctor Berlioz

  • Manuel de Falla

    Biografía

  • Hágase la Música en Radio Brisas

    Ciclo 2011 - Programa N° 12

  • La vida breve

    Manuel de Falla

  • Capricho Nº 24

    Niccoló Paganini

  • Porgy and Bess

    George Gershwin

Intérpretes

Músicos

José Libertella

José Libertella

Los que disfrutaron de su música sobre el escenario lo recordarán, seguramente, con esa pasión que ponía cada vez que acomodaba el paño sobre sus rodillas, tomaba el instrumento y cumplía con el ritual de la función. Y quizá como ese hombre apasionado al que le saltaba la tanada ajustando cada detalle, preocupado porque el sonido o las luces no eran los óptimos. José Libertella nació en Calvera, Italia, su padre Juan construía tejas y trabajaba la tierra, fue el primero en emigrar a la Argentina. José lo siguió el 7 de junio de 1934, tenía once meses, viajó en el buque Principessa María en brazos de su madre.

Músicos

Cacho Tirao

Cacho Tirao

Considerado el mayor embajador de la guitarra argentina en el mundo, Oscar Emilio Tirao había nacido el 5 de abril de 1941 en la localidad bonaerense de Berazategui, comenzó a tocar la guitarra a los 5 años, y a los 6 se presentó por primera vez en un programa radial. Artista reconocido a escala mundial, de una digitación asombrosa y una ductilidad sorprendente, Tirao grabó su primer disco solista en 1970 y a lo largo de su carrera dejó casi 40 registros. Falleció el 30 de mayo de 2007 victima de una enfermedad que lo mantuvo inmovilizado durante mucho tiempo.

Músicos

Pedro Maffia

Pedro Maffia

Inauguró una modalidad completamente nueva de ejecutar el bandoneón. Dejaba el fuelle cerrado, sin alargar ni contraer sus pliegues. Gracias a este método, el imperioso instrumento del tango alcanzó con Maffia una mayor precisión y pureza de sonido. "El pibe de Flores", como se lo conocía por entonces, llevó el fueye a uno de sus puntos de mayor altura interpretativa. Anibal Troilo, que percibió en él al maestro, le dedicó el tango A Pedro Maffia, y Astor Piazzola compuso Pedro y Pedro, en homenaje a él y a Pedro Laurenz

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El sábado 11 de Junio a las 21 hs se presentará en el Teatro Municipal Colón la gran cantante Amelita Baltar, acompañada por la Orquesta Municipal de Tango que dirige el Maestro Julio Davila y el pianista Aldo Saralegui como invitado especial. Luego de su presentación en Mar del Plata, la cantante estrenará un nuevo espectáculo: "Noches de Kabaret" en el Teatro Maipo de Buenos Aires.

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