Lunes, 18 de Junio de 2018

Clásica y Ópera | Compositores

Jules Massenet

Jules Massenet

Massenet influyó considerablemente a la música francesa de su tiempo. Incluso Debussy y Ravel no pudieron desligarse de algunos elementos de su música. Y en el extranjero Chaikovski y Puccini recogieron ciertos aspectos de su arte. Ciertamente su concepto de la ópera pasó rápidamente de moda después de su muerte. Sin embargo, sus mejores obras atraen por su calidad melódica.







Massenet vivió en París desde 1847 y recibió sus primeras lecciones de piano de su madre. En 1853 ingresó al Conservatorio de París y una década más tarde ganó el Prix de Rome. Por entonces ya comenzaba a adquirir un conocimiento práctico de la orquesta trabajando como percusionista en el Teatro Opera, mientras tocaba en cafés y enseñaba privadamente. La experiencia dentro de la orquesta fue un aporte valioso para el posterior manejo de los detalles de la técnica orquestal y su capacidad dramática.

Durante los tres años que pasó en la Villa Medici de Roma, Massenet conoció a Liszt y a Constance de Sainte-Marie, con quien se casaría el 8 de octubre de 1866, luego de su retorno a París. En 1867 se estrenó la ópera La Grand’tante en el Teatro Opera-Comique, mientras que una interpretación de una suite orquestal y la ayuda de su maestro Thomas motivaron la publicación de dos ciclos de canciones.

La Guerra Franco-Prusiana interrumpió su carrera, pero el éxito de Don Cesar de Bazan en el Teatro Opera-Comique en 1872 fue seguido unos meses después por aquél de Marie-Magdeleine, donde se inició la sección bíblica de esa galería de retratos femeninos que conformaría el posterior trabajo dramático de Massenet. Aquí la figura de la cortesana reformada, popular entre el público francés desde Marion Delorme de Víctor Hugo y La Dame aux Camellias de Dumas, recibió un toque religioso acorde con ciertas corrientes contemporáneas dentro del catolicismo francés.

Este elemento era irresistible para quienes gustaban de la música ligada a lo femenino, sobretodo para aquellos que estaban ansiosos de combinar los consuelos de la religión con otros de un tipo más mundano. Tal “discreto erotismo seudo-religioso”, como lo denominaba D’Indy, probó ser una fórmula extraordinariamente exitosa. Los siguientes retratos en esta galería femenina fueron Eve, que resultó exitosa al ser producida en 1875, y La Vierge (1880), que solamente se recuerda por el extracto orquestal Le Dernier Sommeil de la Vierge. No fue hasta 1894 que este particular género alcanzó su esplendor con Thaïs.

En 1878, un año después del éxito de Le Roi de Lahore en el Teatro Opera, Massenet quedó a cargo de la clase de composición en el Conservatorio, un puesto que mantuvo por el resto de su vida. Pocos de los compositores que aparecieron en Francia entre 1890 y 1920 no recibieron la influencia de su enseñanza, incluso en aquellos casos en que ella inspiró el deseo de romper la convención operática francesa que él representaba. Fue esa determinación la que impulsó a unos estudiantes a formar en 1894 la Schola Cantorum en directa oposición al Conservatorio.

La variedad de alumnos de Massenet prueba su versatilidad como maestro: Charpentier, Koechlin, Schmitt, Pierné, Rabaud y Hahn están entre los más cercanos. Su forma de ser le permitió lograr lo mejor de sus alumnos y desarrollar ideas antes que imponerlas. De hecho esas ideas estaban cambiando en la década de 1880 aún cuando el compositor nunca sacrificaba su popularidad a través de la innovación. Herodiade (1881) mostró a Massenet alejándose de la fórmula melódica de Gounod y adoptar algunas características superficiales de Wagner, una evolución incluso más marcada en Manon, ópera estrenada en el Teatro Opera-Comique en 1884.

Fue a través de Manon que Massenet fue considerado el compositor de óperas más popular de Francia, un puesto que mantuvo por las siguientes dos décadas. La diligencia y la inventiva, aunque un poco limitada, que le permitieron producir unas 20 óperas después de Manon, le otorgaron una ventaja sobre cualquier rival que tuviera entre los más jóvenes. Debussy, Ravel, Dukas, Chabrier, Chausson y D’Indy no produjeron ni la mitad de óperas que Massenet. Y si bien tal fertilidad pudo ser incompatible con la originalidad o la autocrítica, es imposible negar la efectividad de la mayoría de esas óperas, dentro de las convenciones de la época, o la calidad de al menos unas tres o cuatro.

Entre Manon y Werther (1892), Massenet tuvo tres fracasos: Le Cid, Le Mage y Esclarmonde. Esta última, completada en 1889, fue creada más que nada como un medio de lucimiento para la soprano norteamericana Sibyl Sanderson, quien había cantado Manon y jugaba entonces un rol importante tanto en la vida como en las óperas de Massenet. Con Werther hubo una intención distinta. En 1886 el editor Hartmann le había llevado a Bayreuth para escuchar Parsifal y le entregó la traducción francesa de Die Leiden des Jungen Werther de Goethe. Los requerimientos dramáticos hicieron que Massenet se moviera desde el sentimentalismo muy germano de Charlotte y Werther, la vivacidad gálica de Sophie y una inocencia lírica parecida a la de las Escenas Alsacianas (1881), hasta un estilo más trágico muy cercano al de Tchaikovsky.

Sibyl Sanderson apareció nuevamente en Thaïs (1894), para lo cual la historia de Anatole France fue adaptada hasta el punto de elevar el contraste entre el amor sacro y el amor profano. El resultado fue una suave sofisticación del primero a partir del segundo, pero continuó la exitosa senda trazada por Marie-Magdeleine. Con Le Portrait de Manon (1894) Massenet intentó concretar una continuación sentimental de la historia de Des Grieux, el héroe de Manon, en la vejez. Pero en La Navarraise (1894) el incansable compositor quiso conquistar los nuevos campos abiertos por la joven ópera italiana verista, la que, a su vez, se había inspirado en Carmen. La Navarraise es una ópera violenta que contrasta con la usual suavidad del compositor.

La influencia italiana todavía se siente en Sapho (1897), basada en la novela autobiográfica de Alphonse Daudet, en donde la inocencia de una joven provinciana es enfrentada con la sofisticación parisina de la protagonista. Aunque a los 55 años Massenet seguía trabajando con tanto ímpetu como siempre, después de Sapho fueron menores los éxitos. El pastiche de la música del siglo XVIII le atrajo de manera creciente, nutriendo las partituras de Cherubin y de Cendrillon (1899). Siempre atento a nuevas formas de interesar al público y agregando inesperados detalles dentro de una estructura que seguía siendo básicamente la misma, Massenet produjo en 1902 la primera de sus óperas escritas para Monte Carlo, Le Jongleur de Notre-Dame. Se trata de una historia medieval que se desarrolla en un monasterio sin contar con mujeres en el reparto (a menos que los dos ángeles de la escena final sean realizados por mujeres).

Fue Debussy quien finalmente afectó la posición de Massenet como el principal compositor operático francés, cuando Pelleas y Melisande fue estrenada en el Teatro Opera-Comique sólo dos meses después que Le Jongleur se había producido en Monte Carlo. Antes de su muerte en 1912, Massenet logró estrenar seis óperas más, y otras tres se presentaron póstumamente, pero solamente dos de ellas mantuvieron la calidad y la vitalidad de sus mejores obras: Therese (1907), una pieza ligada a la Revolución Francesa, y Don Quijote (1910), escrita para Shaliapin.

Massenet influyó considerablemente a la música francesa de su tiempo. Incluso Debussy y Ravel no pudieron desligarse de algunos elementos de su música. Y en el extranjero Tchaikovsky y Puccini recogieron ciertos aspectos del arte de Massenet. Ciertamente su concepto de la ópera pasó rápidamente de moda después de su muerte e incluso su estética musical parece mucho más lejana que aquella de Puccini o de Strauss. Sin embargo, sus mejores obras atraen por su calidad melódica, gracia y pocas pretensiones. Massenet estaba contento con favorecer al público, aspecto que, unido a su fertilidad creativa, pertenece más a un músico del siglo XVIII que al XIX.

Más Notas
Maurice Ravel
Félix Mendelssohn
Piazzolla más clásico que nunca
La tragedia de Georges Bizet
Juan Crisóstomo de Arriaga

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Breves

  • HECTOR BERLIOZ

    Fue un creador cuyo obstáculo fue la intransigencia de la mayoría de los músicos en casi todos los temas, desde su apoyo al uso del saxofón o a la nueva visión dramática de Wagner. Su vida fue excéntrica y apasionada. Ganó el Premio de Roma, el más importante de Francia en aquel momento, por una cantata hoy casi olvidada. Su obra musical es antecesora de estilos confirmados posteriormente.

  • El aprendiz de brujo de Paul Dukas se basa en una balada de Goethe. Es un scherzo sinfónico que describe fielmente cada frase del texto original.

  • La primera ópera de la que se conserva la partitura es Orfeo de Claudio Monteverdi. Se estrenó en Mantua en 1607, con motivo de la celebración de un cumpleaños, el de Francesco Gonzaga.

  • La obra que Stravinski compuso desde la época del Octeto de 1923 y hasta la ópera The Rakes Progress de 1951, suele considerarse neoclasicista.

  • En la Edad Media encontramos la viela de arco, de fondo plano y con dos a seis cuerdas, que se perfeccionó en la renacentista, hasta llegar a su transformación en el violín moderno a partir del siglo XVI, cuando se estableció una tradición de excelentes fabricantes (violeros) en la ciudad de Cremona.


Citas

  • DANIEL BARENBOIM

    "Un director no tiene contacto físico con la música que producen sus instrumentistas y a lo sumo puede corregir el fraseo o el ritmo de la partitura pero su gesto no existe si no encuentra una orquesta que sea receptora"

  • GEORGE GERSHWIN

    "Daría todo lo que tengo por un poco del genio que Schubert necesitó para componer su Ave María"

  • GUSTAV MAHLER

    "Cuando la obra resulta un éxito, cuando se ha solucionado un problema, olvidamos las dificultades y las perturbaciones y nos sentimos ricamente recompensados"

  • FRANZ SCHUBERT

    "Cuando uno se inspira en algo bueno, la música nace con fluidez, las melodías brotan; realmente esto es una gran satisfacción"

  • BEDRICH SMETANA

    "Con la ayuda y la gracia de Dios, seré un Mozart en la composición y un Liszt en la técnica"

MULTIMEDIA

  • Fantasía para un gentilhombre

    Joaquín Rodrigo

  • Pequeña música nocturna

    Wolfgang Amadeus Mozart

  • Hágase la Música en Radio Brisas

    Ciclo 2011 - Programa N° 20

  • Astor Piazzolla (parte 2)

    Biografía

  • Salomé

    Richard Strauss

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    Bedrich Smetana

  • Si. Mi chiamamo Mimí

    Mirella Freni (Mimí)

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Poetas

E. S. Discépolo

E. S. Discépolo

La gente se te arrima con su montón de penas, y tú las acaricias casi con un temblor. Te duele como propia la cicatriz ajena, aquél no tuvo suerte y ésta no tuvo amor... La pista se ha poblado al ruido de la orquesta, se abrazan bajo el foco muñecos de aserrín ¿No ves que están bailando... No ves que están de fiesta? Vamos, que todo duele, ¡viejo Discepolín!. Fragmento del tango "Discepolín" de Homero Manzi

Músicos

Hugo Baralis

Hugo Baralis

Precoz, como muchos músicos de su generación, Hugo Baralis debutó, a los 18 años, como violinista en la reconocida orquesta de Minotto-Di Cicco. Cultor de un estilo elegante y decidor, comenzó a llamar la atención del mundo tanguero por su estilización del tango en el violín. Heredero de la escuela de Elvino Vardaro, pero con un personal sonido, logró imponer su refinamiento en grabaciones que lo sobreviven para el Octeto Buenos Aires de Astor Piazzolla.

Músicos

Juan de Dios Filiberto

Juan de Dios Filiberto

Compositor y Director de Orquesta, fue un hábil intérprete de piano, guitarra, violín y armonio, instrumento este último en el cual creara gran parte de su repertorio. Filiberto fue y será una de las figuras más preponderantes del tango, autor de obras como "Quejas de bandoneón", "Caminito", "Cuando llora la milonga", "El pañuelito", "Malevaje", "Clavel del aire", y tantas otras que engrandecieron la "Canción Porteña".

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