Martes, 16 de Septiembre de 2014

Clásica y Ópera | Compositores

Giuseppe Verdi

Giuseppe Verdi

La vida de Giuseppe Verdi acompaña su obra y puede dividirse en tres períodos. El primero nace en sus comienzos y llega hasta el estreno de Il Trovatore y La Traviata en 1853, con obras en las que los coros tienen un papel preponderante. El segundo período concluye en 1871 con la composición de Aida. Tras una pausa de más de 15 años, compuso las obras de su último período: la ópera trágica Otello y la bufa Falstaff, dos obras que están inspiradas en Shakespeare.







"El campesino de Roncóle", como se llamaba Verdi a sí mismo, nació en esta aldea lombarda durante el breve período de la ocupación francesa, por lo que su acta de bautismo se redactó en este idioma, el 10 de octubre de 1813, cinco meses después de nacer Richard Wagner.

Los dos compositores más importantes del teatro musical de la época no llegaron a conocerse personalmente. La vida del alemán transcurrió de una manera mucho más dramática, durante toda su vida provocó violentas luchas, ásperas polémicas, juicios contradictorios. La carrera de Verdi, en cambio, sube cada vez más, en un ascenso incontenible. Por supuesto, tampoco a él le faltaron enemigos y envidiosos, pero los acontecimientos exteriores de su vida son, sobre todo en el ámbito privado, mucho menos espectaculares. A partir de los cuarenta años, Verdi domina la vida operística de su patria, diez años después llega a convertirse en el compositor más interpretado de la vida musical internacional y sus obras mantienen esa posición sobresaliente hasta el día de hoy. Es el primero en la estadística internacional de interpretaciones, seguido por Mozart, Puccini, Rossini, Wagner y Richard Strauss.

La mayor parte de la vida de Verdi transcurrió en Sant'Ágata, la hermosa finca rustica que hizo edificar con las crecientes ganancias de sus óperas y en cuyos campos, bosques y establos se sentía mucho mejor, más cómodo que en la actividad de los grandes teatros, que visitaba en lo posible sólo para los estrenos de sus obras, con los días necesarios para los ensayos, en cuya exactitud ponía el máximo interés.

La mayor parte de su vida la pasó al lado de la misma mujer: después de haber perdido en su juventud a su primera mujer y sus dos hijos, encontró en la famosa cantante Giuseppina Strepponi una compañera ideal, que acompañó en silencio y con modestia, pero con infinita comprensión y afecto, su ascenso y su fama.

Sus predecesores y modelos musicales fueron Donizetti y Bellini, en parte también Rossini, que dominó la vida musical de la época como ningún otro compositor. Verdi debutó con éxito a los veintiséis años en la Scala de Milán, con Oberto, pero fracasó totalmente un año después con la comedia Un giorno di regno. Este fracaso coincidió con la pérdida de su familia, durante una epidemia, y ambas cosas lo llevaron, por primera y única vez en su vida, al borde de la desesperación y del suicidio moral. Sólo con un gran esfuerzo volvió a componer; así surgió Nabucco, un éxito decisivo. El coro de los esclavos hebreos («Va pensiero sull'ali dórate») es una de las melodías de ópera más populares del mundo.

Con I lombardi obtuvo otro gran éxito, en parte gracias a que los coros, cuyos textos podían aplicarse a la situación política de Italia en ese momento, tenían una amplia repercusión popular. Verdi se convirtió en el ídolo de los jóvenes revolucionarios, que soñaban con una Italia unificada y no con los numerosos pequeños Estados en permanente conflicto y por lo general dominados por potencias extranjeras. Más tarde, Verdi denominó «años de galeras» aquella época de intensísima producción operística. Apenas encontraba tiempo para pulir las partituras. Sin embargo, en esta elevada cantidad de obras tempranas hay varias obras maestras. La fase decisiva de su creación comienza probablemente con Rigoletto: a partir de entonces lo descubren también los escenarios más importantes del extranjero y lo interpretan cada vez más. Dos años más tarde, La Traviata sufre un fracaso total, pero éste ya no puede alterar su posición, y poco tiempo después cambia la opinión sobre esta obra gracias a una interpretación más acertada.

A partir de entonces sus óperas muestran un grado cada vez mayor de refinamiento, así como una tendencia cada vez más nítida hacia el «drama musical». Este desarrollo, totalmente inherente al espíritu de la época, se ha interpretado a menudo, equivocadamente, como una inclinación hacia el «germanismo» y el «wagnerismo», cuando en realidad se trataba de un fenómeno completamente internacional que acabó con muchas características de la vieja ópera del siglo XVIII: los «números», es decir, la sucesión de partes musicales completas; el predominio del aria; la división entre las partes musicales cerradas (aria, dúo, trío, coro, etc.), el recitativo tratado como canto hablado. El drama musical exige además una caracterización psicológica más profunda de los personajes, así como un dramatismo más intenso en el desarrollo de la acción. Era natural que Verdi se esforzara por alcanzarlo. No necesitaba modelos en ese camino. Admiraba a Wagner, pero jamás se le habría ocurrido imitarlo. Sabía demasiado bien (y lo expresaba con una frase muy inteligente) que «no se podía componer un Tristán bajo el cielo de Italia».

A medida que crece su fama, crece también su rechazo de la actividad teatral usual. Durante mucho tiempo no confía el estreno de ninguna de sus nuevas obras a ningún teatro de su patria: La forza del destino se estrenó en San Petersburgo, Don Carlo en París. Y lo mismo sucedió con Aida, solicitada desde hacía mucho tiempo por El Cairo, antes de estrenarse allí. Con ello, la carrera de Vérdi parece terminada brillantemente; en ese momento, a los sesenta años, no manifiesta más deseos de componer. Y es necesaria la diplomacia de su editor y amigo Giulio Ricordi para interesar a Verdi por una nueva ópera. Pero incluso cuando se ha decidido, mantiene el plan en secreto, también ante el poeta Arrigo Boito, que supo entusiasmarlo con su extraordinaria versión del Ótelo de Shakespeare. Por último, pasan más de quince años desde la composición de Aida hasta que la Scala estrena, en el verdadero sentido del término, este drama musical. Y el «milagro de la vejez» se produce cuando da a conocer a los ochenta años el Falstaff; y así refuta la profecía de Rossini, formulada medio siglo antes, que decía que nunca podría componer una buena comedia.

Verdi y Giuseppina murieron a edad muy avanzada y fueron enterrados en la misma tumba dentro de los muros del asilo para compositores que se estaba construyendo y al que el maestro había legado su fortuna. Poco tiempo antes de su muerte (el 27 de enero de 1901), no sólo había dispuesto la construcción de este establecimiento, sino que también había escrito en su testamento: «Dispongo que mi sepelio sea muy modesto y que tenga lugar al amanecer o por la tarde, a la hora del Ángelus, sin cantos ni música...». Pero el último punto no pudo cumplirse. La multitud que llenaba las calles de Milán irrumpió espontáneamente con la melodía de «Va pensiero sull'ali dórate» y acompañó así hasta la tumba al más querido de los maestros italianos.

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Más Notas
Juan Crisóstomo de Arriaga
Emmerich (Imre) Kálmán
Carl Ditters von Dittersdorf
Gian Carlo Menotti
Daniel Catán

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Breves

  • 13 de septiembre de 1819: nace en Leipzig, Clara Wieck Schumann. Fue una pianista destacada del siglo XIX. El público europeo la consideraba en el nivel de Franz Liszt o Sigismund Thalberg, famosos pianistas virtuosos de aquella época.

  • 10 de septiembre de 1999: fallece Alfredo Kraus. Fue considerado el mejor tenor lírico ligero de su generación, mientras que la elegancia y estilización de su canto, combinada con su expresividad y una presencia escénica atractiva, le hicieron el intérprete ideal de roles de tipo aristócrata como Don Octavio, el Conde de Almaviva, Alfredo y el Duque de Mantua.

  • 06 de septiembre de 2007: fallece, en su casa de Módena, el tenor italiano Luciano Pavarotti. Figura clave en la popularización de la ópera. Para los aficionados serios del género, la belleza natural y el color de su voz hicieron de Pavarotti el intérprete ideal del repertorio lírico italiano.

  • 03 de septiembre de 1596: nace Nicolo Amati, constructor de violines al igual que su padre, Girolamo, pero Nicolo fue el mejor artesano de la familia, el gran reformador del arte de los luthiers italianos y autor de los instrumentos más apreciados de los Amati.

  • 22 de agosto de 1862: nace el compositor francés Claude Debussy. Puso en marcha un nuevo concepto de la música, liberada de las ataduras relacionadas con la tonalidad. Su obra devela tintes modernistas, simbolistas y de otras influencias como las étnicas, que encontraban su auge a finales del siglo 19, aunque su obra suele vincularse al impresionismo.


Citas

  • Daniel Barenboim
    "Un director no tiene contacto físico con la música que producen sus instrumentistas y a lo sumo puede corregir el fraseo o el ritmo de la partitura pero su gesto no existe si no encuentra una orquesta que sea receptora"

  • George Gershwin
    "Daría todo lo que tengo por un poco del genio que Schubert necesitó para componer su Ave María"

  • Gustav Mahler
    "Cuando la obra resulta un éxito, cuando se ha solucionado un problema, olvidamos las dificultades y las perturbaciones y nos sentimos ricamente recompensados"

  • Franz Schubert
    "Cuando uno se inspira en algo bueno, la música nace con fluidez, las melodías brotan; realmente esto es una gran satisfacción"

  • Bedrich Smetana
    "Con la ayuda y la gracia de Dios, seré un Mozart en la composición y un Liszt en la técnica"

MULTIMEDIA

  • Concierto de Aranjuez

    Joaquín Rodrigo

  • Bedrich Smetana

    Biografía

  • El Mar

    Claude Debussy

  • Carmen

    Georges Bizet

  • La vida breve

    Manuel de Falla

  • Sinfonía Nº 5

    Gustav Mahler

  • Hágase la Música en Radio Brisas

    Ciclo 2011 - Programa N° 10

  • Antonio Vivaldi

    Biografía

Intérpretes

Músicos

Julián Plaza

Julián Plaza

Una conjunción de variadas y positivas cualidades han concurrido armoniosamente para que Julián Plaza redondeara una de las personalidades artísticas más sobresalientes dentro de la historia del tango. Bandoneonista, pianista, compositor y, sobre todo, arreglador, fueron los elementos a través de los cuales se proyectó su nombre, no sólo a la consideración pública, sino especialmente al círculo de los profesionales de la música, dentro de los cuales goza de un bien ganado prestigio. Una autoridad que ha sabido ganarse a fuerza de estudio, trabajo y talento.

Voces

Héctor de Rosas

Héctor de Rosas

Su estilo romántico, su voz dulce y su afinación lograron que el éxito le llegara siendo muy joven. Pero también fue un estudioso que nunca abandonó el cuidado de su voz y que, además, se formó musicalmente, a tal punto que fundó su propio conservatorio, por donde pasaron importantes figuras de la canción nacional.

Poetas

Ángel Villoldo

Ángel Villoldo

Ángel Villoldo nació el 16 de febrero de 1861 y falleció el 14 de octubre de 1919. Ostenta el título de “Padre del tango”, un poco exagerado porque fueron muchas las circunstancias que originaron nuestra música. Pero su gravitación fue tan importante en sus inicios y desarrollo que lo hizo merecedor del apelativo.

Bs. As., 14/09/14

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La música ciudadana reflejada en tanguerías y milongas que aún relatan el modo de ser porteño. De la mano de la música ciudadana un recorrido por los sitios imperdibles para disfrutar del tango de todos los tiempos. Una atracción irrefrenable, la sensualidad de los cuerpos que se mueven abrazados, como en una contienda y la insolencia de las letras, a veces primitivas, sesgadas, melancólicas.

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