Martes, 25 de Septiembre de 2018

Clásica y Ópera | Compositores

Gioacchino Rossini (1792-1868)

Gioacchino Rossini (1792-1868)

Su música, que se ha mantenido durante mucho tiempo, sobre todo por El barbero de Sevilla, nos proporciona alegría hoy con media docena larga de óperas. Hay en ellas humor e ingenio como pocas veces, pero sobre todo hay auténtica comedia, sorprendente virtuosismo, enorme comprensión del arte y una plenitud de inspiración que no decae nunca. Fue un inmortal en el reino de los sonidos, al que puso durante mucho tiempo su sello inconfundible.







Una estrella especial guía la vida de Rossini, comenzando por su curiosa fecha de nacimiento: 29 de febrero de 1792. Su sobrenombre, «el cisne de Pesaro», dio fama mundial a la ciudad donde nació.

De niño cantó en iglesias, luego estudió en Bolonia; a los doce años compuso deliciosas piezas orquestales y a los dieciocho, óperas. La facilidad con que inventaba melodías raya en lo increíble. En veinte años compuso cuarenta óperas, varias veces fueron cuatro en un año, y durante otro (1812) compuso nada menos que seis. Nadie le reprochará que muchas veces se solicitara «préstamos» a sí mismo, es decir, que utilizara las mismas piezas propias en dos o tres obras distintas. De todos modos, que utilizara la misma obertura para una ópera trágica y luego para una comedia, da que pensar. La música de su época, ¿poseía tan pocas cualidades descriptivas, antes de que las introdujera Beethoven?

Su fama y sus ganancias parecen incluso en esta época, deseosa también de superar marcas en este ámbito, dignas de un cuento de hadas. Sus viajes por Europa fueron semejantes a marchas triunfales: en todas partes lo esperaban masas jubilosas, festejos, honras, un delirio de los fanáticos de la ópera inimaginable para los compositores de hoy. Por ejemplo, en 1822 fue a Viena para ver a Beethoven, que vivía solo y pobre. Su encuentro fue difícil por muchas razones. La diferencia de idiomas y la sordera casi total del maestro de Bonn casi impidieron el diálogo. Además, Beethoven mantuvo sus convicciones: no le gustaba la ópera italiana. Al despedirse quiso tal vez, un poco avergonzado, reconciliarse con el visitante y le aconsejó que «compusiera la mayor cantidad posible de Barberos». Rossini sonrió con educación, tampoco antes había contradicho al maestro, al cual veneraba. Pero pensó seguramente en muchas otras obras suyas, que le eran tan caras como el popularísimo Barbero de Sevilla, y que Beethoven ni siquiera conocía.

Rossini culminó su carrera con varios estrenos en París, que se había convertido en la meca de la ópera. Después del indescriptible éxito del Guillermo Tell en 1829, anunció que en cierta medida se retiraba del oficio. Como un funcionario que se jubila cuando le llega el momento. Una decisión incomprensible, inconcebible y absolutamente única que da pie a todo tipo de consideraciones y pensamientos. ¿Puede un artista creador renunciar a la creación como un empresario renuncia a su empresa? ¿Sintió Rossini el cambio de los tiempos, sintió que la nueva época romántica se oponía a su arte «clásico»? Con Guillermo Tell había probado que también él podía componer en estilo «romántico». ¿Lamentó la progresiva democratización del arte, sobre todo del teatro de ópera, que lentamente, pero con seguridad, de mesa de sibaritas pasó a ser restaurante popular (una comparación que no está fuera de lugar en el caso de Rossini, tan inclinado a los placeres culinarios)? Nadie sabe la verdadera razón; el caso es que Rossini no compuso ninguna ópera más en los casi cuarenta años que le quedaban de existencia.

Llevó una vida de gran señor, invitaba a los amigos a su hermosa casa de Passy, donde no les daba a conocer su música sino los platos que inventaba. De manera que su nombre aparece hoy no sólo en los teatros, sino también en los restaurantes, donde no está ligado a arias y coros, sino a tournedos y canelones. Murió en París el 13 de noviembre de 1868.

Con él desapareció una época, la última gran era del bel canto, que había representado junto con Donizetti y Bellini. Su música, que se ha mantenido durante mucho tiempo, sobre todo por El barbero de Sevilla, nos proporciona alegría hoy con media docena larga de óperas. Hay en ellas humor e ingenio como pocas veces, pero sobre todo hay auténtica comedia, sorprendente virtuosismo, enorme comprensión del arte y una plenitud de inspiración que no decae nunca. Fue un inmortal en el reino de los sonidos, al que puso durante mucho tiempo su sello inconfundible.

Fuente: Diccionario de la Ópera de Kurt Pahlen

Más Notas
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Breves

  • HECTOR BERLIOZ

    Fue un creador cuyo obstáculo fue la intransigencia de la mayoría de los músicos en casi todos los temas, desde su apoyo al uso del saxofón o a la nueva visión dramática de Wagner. Su vida fue excéntrica y apasionada. Ganó el Premio de Roma, el más importante de Francia en aquel momento, por una cantata hoy casi olvidada. Su obra musical es antecesora de estilos confirmados posteriormente.

  • El aprendiz de brujo de Paul Dukas se basa en una balada de Goethe. Es un scherzo sinfónico que describe fielmente cada frase del texto original.

  • La primera ópera de la que se conserva la partitura es Orfeo de Claudio Monteverdi. Se estrenó en Mantua en 1607, con motivo de la celebración de un cumpleaños, el de Francesco Gonzaga.

  • La obra que Stravinski compuso desde la época del Octeto de 1923 y hasta la ópera The Rakes Progress de 1951, suele considerarse neoclasicista.

  • En la Edad Media encontramos la viela de arco, de fondo plano y con dos a seis cuerdas, que se perfeccionó en la renacentista, hasta llegar a su transformación en el violín moderno a partir del siglo XVI, cuando se estableció una tradición de excelentes fabricantes (violeros) en la ciudad de Cremona.


Citas

  • DANIEL BARENBOIM

    "Un director no tiene contacto físico con la música que producen sus instrumentistas y a lo sumo puede corregir el fraseo o el ritmo de la partitura pero su gesto no existe si no encuentra una orquesta que sea receptora"

  • GEORGE GERSHWIN

    "Daría todo lo que tengo por un poco del genio que Schubert necesitó para componer su Ave María"

  • GUSTAV MAHLER

    "Cuando la obra resulta un éxito, cuando se ha solucionado un problema, olvidamos las dificultades y las perturbaciones y nos sentimos ricamente recompensados"

  • FRANZ SCHUBERT

    "Cuando uno se inspira en algo bueno, la música nace con fluidez, las melodías brotan; realmente esto es una gran satisfacción"

  • BEDRICH SMETANA

    "Con la ayuda y la gracia de Dios, seré un Mozart en la composición y un Liszt en la técnica"

MULTIMEDIA

  • Salomé

    Richard Strauss

  • Carmen

    Georges Bizet

  • Casta diva

    Renée Fleming (Norma)

  • Hágase la Música en Radio Brisas

    Programa N° 10 - 07 de noviembre de 2010

  • Las bodas de Fígaro

    Wolfgang A. Mozart

  • Concierto para piano Nº 2

    Camille Saint Saens

  • Tristán e Isolda

    Richard Wagner

  • Porgy and Bess

    George Gershwin

Intérpretes

Músicos

Julián Plaza

Julián Plaza

Una conjunción de variadas y positivas cualidades han concurrido armoniosamente para que Julián Plaza redondeara una de las personalidades artísticas más sobresalientes dentro de la historia del tango. Bandoneonista, pianista, compositor y, sobre todo, arreglador, fueron los elementos a través de los cuales se proyectó su nombre, no sólo a la consideración pública, sino especialmente al círculo de los profesionales de la música, dentro de los cuales goza de un bien ganado prestigio. Una autoridad que ha sabido ganarse a fuerza de estudio, trabajo y talento.

Músicos

Héctor Stamponi

Héctor Stamponi

Héctor “Chupita” Stamponi fue pianista, director, compositor y arreglador. Juntamente con Eduardo Pereyra, Osvaldo Pugliese, Horacio Salgan, Lucio Demare, ha sido uno de los mayores solistas de piano, individualizado por su peculiar fraseo, su inconfundible manera de "decir" en el plano y de armonizar los temas.

Voces

Ángel Vargas

Ángel Vargas

Posiblemente, junto a Francisco Fiorentino, fue el modelo del "cantor de la orquesta". Tanto es así que hablar de Ángel Vargas nos remite indefectiblemente a Ángel D'Agostino, el director de la orquesta de sus grandes éxitos. Cantor de una personalidad impresionante, es el símbolo del fraseo porteño de los años cuarenta. Vargas canta como únicamente se cantó en el cuarenta. Su fraseo era reo y compadrito pero al mismo tiempo, de un infinito buen gusto. Tenía una dulzura que disimulaba su voz pequeña pero varonil, transmitía simpatía y era sobretodo, un cantor carismático. Fue sin duda uno de los más grandes artistas de nuestro tango.

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